29 de octubre de 2008

Si crees que Dios te ama...


Hace unos años, cuando fui ordenado de diácono, una religiosa, hermanita de los Ancianos Desamparados, me regaló una estampa hecha por ella misma, con mi nombre y una oración. La oración la voy a compartir con todos vosotros, esperando que os ayude a estar cada día más cerca de ese Padre bueno, que vela por cada uno de nosotros y nos ama con locura.

“Si crees que Dios te ama, si te dejas amar por Él, en ninguna parte has de sentirte extranjero, porque Él estará en todas las regiones, en lo más dulce de todos los paisajes, en el límite indeciso de todos los horizontes”.
“Si crees que Dios te ama, si te dejas amar por Él, en ninguna parte estarás triste, porque, a pesar de la diaria tragedia, El llena de Júbilo el Universo”.
“Si crees que Dios te ama, si te dejas amar por Él, no tendrás miedo de nada ni de nadie, porque nada puedes perder y todas las fuerzas del Cosmos serían impotentes para quitarte tu heredad”.
“Si crees que Dios te ama, si te dejas amar por Él, ya tienes alta ocupación para todos los instantes, porque no habrá acto que no ejecutes en su nombre, ni el más humilde ni el más elevado”.
“Si crees que Dios te ama, si te dejas amar por Él, ya no querrás investigar los enigmas, porque le llevas a Él, que es la clave y resolución de todos”.
“Si crees que Dios te ama, si te dejas amar por Él, ya no podrás establecer con angustia una diferencia entre la vida y la muerte, porque en Él estás, y Él permanece incólume a través de todos los cambios”.

28 de octubre de 2008

Con el corazón de Dios


El pasado domingo, en el Evangelio que proclamábamos en la Eucaristía, Jesús nos decía cual era el mandamiento principal y primero de todos: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser”, y el segundo, nos decía que era semejante a este; “Amarás a tu prójimo, como a ti mismo”.
El Señor nos colocaba de lleno en aquello que es fundamental, central y vital en su seguimiento, aquello que debe identificar y caracterizar a los cristianos, el Amor.
Él sintetiza toda la Escritura en el mandamiento del amor a Dios y el amor al prójimo, dos actitudes que engloban todo el hecho de fe, donde el amor a Dios se expresa en el amor al prójimo y el amor al prójimo es manifestación del hecho de creer y amar a Dios.
Al revelarnos este mandamiento principal, nos está proponiendo, entrar en el corazón de Dios, actuar como Él lo hace, vivir con sus mismas motivaciones y en ese proceso de identificación es cuando nos pide que esa experiencia de amar a los demás parta del hecho de amar al Señor como Él quiere y espera de nosotros, es decir, amarlo totalmente, siendo Él para nosotros, razón y fundamento de toda nuestra vida.
El mandamiento del amor, es un itinerario de vida, un camino de plenitud. El hecho de leer y meditar este pasaje, nos debe de cuestionar y a su vez nos debe ayudar a mirarnos a través de la óptica del amor, para ver hasta qué punto estamos viviendo lo que Él nos pide…
Que el Señor, nos llene siempre de su Espíritu Santo, abra nuestro entendimiento y nos haga tomar conciencia que nuestra fe en Él lo debemos expresar en actitudes concretas, amando a Dios sobre todas las cosas, como lo hizo Él, y amando al que tenemos al lado, amándolo como a uno mismo, hasta dar la vida, como la dio el Señor. Que el Señor Jesús nos de la gracia de que nuestra fe en Él, se note en nuestra manera de ser y de actuar con los demás.

15 de octubre de 2008

Humilitas



El Papa Benedicto XVI propuso a Juan Pablo I como "modelo de humildad" el pasado domingo, en el 30º aniversario de su muerte. El Santo Padre, afirmó que la humildad "puede considerarse su testamento espiritual". Recordó que el Papa Luciani eligió precisamente "Humilitas" como lema de su pontificado, "una sola palabra que sintetiza lo esencial de la vida cristiana e indica la virtud indispensable de quien, en la Iglesia, está llamado al servicio de la autoridad". "Gracias precisamente a esta virtud, bastaron 33 días para que el Papa Luciani entrase en el corazón de la gente", añadió. El Papa recordó que su predecesor, en una de las cuatro audiencias generales que llegó a conceder, se refirió a la virtud de la humildad, virtud que recomendaba "con ese tono familiar que le caracterizaba". "En sus discursos usaba ejemplos sacados de la vida concreta, de sus recuerdos de familia y de la sabiduría popular. Su simplicidad es vehículo de una enseñanza sólida y rica que, gracias al don de una memoria excepcional y de una vasta cultura, enriquecía con numerosas citas de escritores eclesiásticos y profanos", añadió.
Albino Luciani fue el primer pontífice nacido en el siglo XX. Nació en una pequeña localidad italiana llamada Canale d´Agordo, Belluno (en esa época conocida como Forno di Canale) en la familia de Giovanni Luciani y Bortola Tancon, siendo el mayor de cuatro hermanos. A los 10 años, y despues de haber vivido en la pobreza durante la Primera Guerra Mundial, su madre murió y su padre contrajo nuevas nupcias con una mujer de gran devoción; fue entonces cuando nació su vocación sacerdotal, según él declaró, gracias a la predicación de un fraile capuchino.
En 1923, ingresó en el seminario menor de la localidad de Feltre, aunque luego pasó al seminario mayor de Belluno, donde fue ordenado en 1935.
Tras su ordenación se trasladó a Roma, donde cursó sus estudios teológicos en la universidad Gregoriana. Al terminar los estudios regresó a su localidad natal; allí comenzó su labor pastoral como párroco de Forno di Canale y de Agordo, lo que compatibilizó con una función docente en el Instituto Tecnológico Minero.
Antes de convertirse en el "Papa de la sonrisa" (como sería conocido), ocupó importantes cargos y distinciones: Vicerrector del seminario de Belluno, fue nombrado doctor en teología por la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma en 1947 y Vicario General de Belluno (diócesis a cargo de la cual estuvo 11 años) en 1954; En 1958, Juan XXIII lo consagra como obispo de Vittorio Veneto y el 15 de diciembre de 1969 fue nombrado Patriarca de Venecia, penúltimo paso antes de su elección como Sumo Pontífice al que intermediaría su consagración como cardenal el 5 de marzo de 1973.
Fue elegido como el 263º Papa de la Iglesia Católica, el 26 de agosto de 1978. Fue el primer Papa con dos nombres, gesto con el que pretendía honrar a sus dos predecesores: Juan XXIII y Pablo VI.
Su elección se produjo en la tercera votación de un cónclave inusualmente breve, el más corto del siglo XX. Juan Pablo I eligió como lema de su papado la expresión latina Humilitas (humildad), lo que se reflejó en su rechazo a la coronación y a la Tiara papal en la ceremonia de entronización.
Como Papa, Juan Pablo I estableció un ambiente de optimismo y reformas, que nunca llegaría a avanzar más allá de las propuestas. Murió 33 días después de haber sido elegido Papa, el 28 de septiembre de 1978, siendo el cuarto pontificado más breve de la historia.

Teresa de Jesús



Pensamientos de la Santa de Ávila


"Para mí la oración es un impulso del corazón,
una sencilla mirada al cielo,
un grito de agradecimiento y de amor
en las penas como en las alegrías."


"Tu deseo sea de ver a Dios; tu temor, si le has de perder;
tu dolor, que no le gozas, y tu gozo, de lo que te puede llevar allá,
y vivirás con gran paz."


"Dios no ha de forzar nuestra voluntad; toma lo que le damos;
mas no se da a sí del todo hasta que nos damos del todo".


"Parezcámonos en algo a nuestro Rey, que no tuvo casa,
sino en el portal de Belén donde nació y la cruz donde murió".


"No hay que tener alas para ir a buscar a Dios,
sino ponerse en soledad y mirarle dentro de sí".


"El amor de Dios no ha de ser fabricado en nuestra imaginación,
sino probado por obras".


""La perfección verdadera es el amor de Dios y del prójimo".


"Quien no ama al prójimo no os ama, Señor mío".


"La mejor manera de descubrir si tenemos el amor de Dios
es ver si amamos a nuestro prójimo".

13 de octubre de 2008

La Venerable Sor Catalina de San Mateo



Sor Catalina de San Mateo de la Concepción, monja clarisa, nació en Santa María de Guía (Gran Canaria), el día 30 de abril de 1646. Fue bautizada con el nombre de Catalina por haber nacido el día de Santa Catalina de Siena. Hija de María Ugarte y Andrés García de Balboa, tuvo otras dos hermanas ambas también religiosas, una de ellas, monja Bernarda y la otra monja Clarisa, como ella. Admitida para religiosa lega sin dote, por el Padre Provincial y la Abadesa del Convento de San Bernardino de Siena, Sor Catalina ingresó en el Convento el 31 de enero de 1676, tomando el hábito el día 2 de febrero. Desde esta fecha se llamó Sor Catalina de San Mateo de la Concepción. Hizo la profesión perpetua, al año siguiente, el día 3 de febrero. Falleció en olor de santidad, en su convento de Las Palmas de Gran Canaria, el 26 de mayo de 1695. Su fama de santidad, produjo una conmoción en toda la isla, concurriendo una inmensa muchedumbre a su entierro, que la aclamaban como Santa. Para satisfacer la devoción de los fieles, fue preciso tenerla cinco días sin enterrar "durante los cuales derramaba óleo por los pies, lleno de celestial fragancia", según las crónicas de la época. Después de su muerte, dieron lugar multitud de milagros, por lo que en el mes de mayo de 1696, el Padre Provincial de los Franciscanos, Fr. Andrés de Abreu, solicitó al Cabildo Catedral, la "apertura de diligencias concernientes al examen y pruebas de las excelentes virtudes, vida y milagros de esta Sierva de Dios", por tal motivo, se abre un expediente de canonización, siendo obispo de Canarias, Don Bernardo de Vicuña y Zuazo, y Sumo Pontífice, Inocencio XII. Fue tal la fama de santidad de Sor Catalina de San Mateo que llegó hasta la Cámara Real y vecinos de los altos de Guia, Moya y otros rincones de las medianias de Gran Canaria, la escogieron como intercesora ante Dios, llegando a ofrecerse misas pidiéndole fertilidad en los cultivos, salud para las familias y otros favores y beneficios. Actualmente, se ha reiniciado el proceso de canonización de Sor Catalina, después de más de 300 años de haberse iniciado el mismo. Esperemos verla algún día no muy lejano, en la gloria de los altares.
Sor Catalina de San Mateo, ruega por nosotros.

12 de octubre de 2008

A la Virgen del Pilar


Hace algún tiempo, escuché unos versos dedicados a la Virgen del Pilar. Hoy, en su festividad y desde este blog, se los quiero dedicar. Felicidades a todos los hispanos que celebran esta fiesta de la Madre de Dios en su secular advocación del Pilar.



Es María la Blanca Paloma,

que al venir a España la vieron volar.


Y en el centro de una hermosa nube,

vino a Zaragoza en carne mortal.


Y Santiago que ya lo sabía,

a orillas del Ebro la vino a encontrar.


Y los hijos de España la llaman,

la llamamos Madre, Madre del Pilar.

4 de octubre de 2008

Florecilla blanca




El pasado día 1 de octubre, recordábamos a Teresa de Lisieux, más conocida como Santa Teresa del Niño Jesús.
Teresa, nació en la ciudad francesa de Alençon, el 2 de enero de 1873, sus padres ejemplares eran Luis Martin y Acelia María Guerin, ambos venerables. Murió en 1897, y en 1925 el Papa Pío XI la canonizó, y la proclamaría después patrona universal de las misiones. La llamó «la estrella de mi pontificado», y definió como «un huracán de gloria» el movimiento universal de afecto y devoción que acompañó a esta joven carmelita. Proclamada "Doctora de la Iglesia" por el Papa Juan Pablo II el 19 de Octubre de 1997 (Día de las misiones).
«Siempre he deseado, afirmó en su autobiografía Teresa de Lisieux, ser una santa, pero, por desgracia, siempre he constatado, cuando me he parangonado a los santos, que entre ellos y yo hay la misma diferencia que hay entre una montaña, cuya cima se pierde en el cielo, y el grano de arena pisoteado por los pies de los que pasan. En vez de desanimarme, me he dicho: el buen Dios no puede inspirar deseos irrealizables, por eso puedo, a pesar de mi pequeñez, aspirar a la santidad; llegar a ser más grande me es imposible, he de soportarme tal y como soy, con todas mis imperfecciones; sin embargo, quiero buscar el medio de ir al Cielo por un camino bien derecho, muy breve, un pequeño camino completamente nuevo. Quisiera yo también encontrar un ascensor para elevarme hasta Jesús, porque soy demasiado pequeña para subir la dura escalera de la perfección».
Teresa era la última de cinco hermanas - había tenido dos hermanos más, pero ambos habían fallecido - Tuvo una infancia muy feliz. Sentía gran admiración por sus padres: «No podría explicar lo mucho que amaba a papá, decía Teresa, todo en él me suscitaba admiración».
Cuando sólo tenía cinco años, su madre murió, y se truncó bruscamente su felicidad de la infancia. Desde entonces, pesaría sobre ella una continua sombra de tristeza, a pesar de que la vida familiar siguió transcurriendo con mucho amor. Es educada por sus hermanas, especialmente por la segunda; y por su gran padre, quien supo inculcar una ternura materna y paterna a la vez.
Padres de Sta. Teresita
Con él aprendió a amar la naturaleza, a rezar y a amar y socorrer a los pobres. Cuando tenía nueve años, su hermana, que era para ella «su segunda mamá», entró como carmelita en el monasterio de la ciudad. Nuevamente Teresa sufrió mucho, pero, en su sufrimiento, adquirió la certeza de que ella también estaba llamada al Carmelo.
Durante su infancia siempre destacó por su gran capacidad para ser «especialmente» consecuente entre las cosas que creía o afirmaba y las decisiones que tomaba en la vida, en cualquier campo. Por ejemplo, si su padre desde lo alto de una escalera le decía: «Apártate, porque si me caigo te aplasto», ella se arrimaba a la escalera porque así, «si mi papá muere no tendré el dolor de verlo morir, sino que moriré con él»; o cuando se preparaba para la confesión, se preguntaba si «debía decir al sacerdote que lo amaba con todo el corazón, puesto que iba a hablar con el Señor, en la persona de él».
Cuando sólo tenía quince años, estaba convencida de su vocación: quería ir al Carmelo. Pero al ser menor de edad no se lo permitían. Entonces decidió peregrinar a Roma y pedírselo allí al Papa. Le rogó que le diera permiso para entrar en el Carmelo; el le dijo: «Entraréis, si Dios lo quiere. Tenía, dice Teresa, una expresión tan penetrante y convincente que se me grabó en el corazón».
En el Carmelo vivió dos misterios: la infancia de Jesús y su pasión. Por ello, solicitó llamarse sor Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz. Se ofreció a Dios como su instrumento. Trataba de renunciar a imaginar y pretender que la vida cristiana consistiera en una serie de grandes empresas, y de recorrer de buena gana y con buen ánimo «el camino del niño que se duerme sin miedo en los brazos de su padre».
A los 23 años enfermó de tuberculosis; murió un año más tarde en brazos de sus hermanas del Carmelo. En los últimos tiempos, mantuvo correspondencia con dos padres misioneros, uno de ellos enviado a Canadá, y el otro a China, y les acompañó constantemente con sus oraciones. Por eso, Pío XII quiso asociarla, en 1927, a san Francisco Javier como patrona de las misiones.


"Oh Dios, que has preparado tu Reino para los humildes y sencillos, concédenos la gracia de seguir confiadamente el camino de Santa Teresa del Niño Jesús para que nos sea revelada por su intercesión tu gloria eterna. Amén".




Padrenuestro de San Francisco de Asís


Oh santísimo Padre nuestro: creador, redentor, consolador y salvador nuestro.
Que estás en el cielo: en los ángeles y en los santos; iluminándolos para el conocimiento, porque tú, Señor, eres luz; inflamándolos para el amor, porque tú, Señor, eres amor; habitando en ellos y colmándolos para la bienaventuranza, porque tú, Señor, eres sumo bien, eterno bien, del cual viene todo bien, sin el cual no hay ningún bien.
Santificado sea tu nombre: clarificada sea en nosotros tu noticia, para que conozcamos cuál es la anchura de tus beneficios, la largura de tus promesas, la sublimidad de la majestad y la profundidad de los juicios.
Venga a nosotros tu reino: para que tú reines en nosotros por la gracia y nos hagas llegar a tu reino, donde la visión de ti es manifiesta, la dilección de ti perfecta, la compañía de ti bienaventurada, la fruición de ti sempiterna.
Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo: para que te amemos con todo el corazón, pensando siempre en ti; con toda el alma, deseándote siempre a ti; con toda la mente, dirigiendo todas nuestras intenciones a ti, buscando en todo tu honor; y con todas nuestras fuerzas, gastando todas nuestras fuerzas y los sentidos del alma y del cuerpo en servicio de tu amor y no en otra cosa; y para que amemos a nuestro prójimo como a nosotros mismos, atrayéndolos a todos a tu amor según nuestras fuerzas, alegrándonos del bien de los otros como del nuestro y compadeciéndolos en sus males y no dando a nadie ocasión alguna de tropiezo.
Danos hoy nuestro pan de cada día: tu amado Hijo, nuestro Señor Jesucristo: para memoria e inteligencia y reverencia del amor que tuvo por nosotros, y de lo que por nosotros dijo, hizo y padeció.
Perdona nuestras ofensas: por tu misericordia inefable, por la virtud de la pasión de tu amado Hijo y por los méritos e intercesión de la beatísima Virgen y de todos tus elegidos.
Como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden: y lo que no perdonamos plenamente, haz tú, Señor, que lo perdonemos plenamente, para que, por ti, amemos verdaderamente a los enemigos, y ante ti por ellos devotamente intercedamos, no devolviendo a nadie mal por mal , y nos apliquemos a ser provechosos para todos en ti.
No nos dejes caer en la tentación: oculta o manifiesta, súbita o importuna.
Y líbranos del mal: pasado, presente y futuro.


San Francisco de Asís, ruega por nosotros.

29 de septiembre de 2008

En la fiesta de los Santos Arcángeles


En el evangelio que se ha proclamado hoy, hemos escuchado de labios de Jesús la siguiente afirmación; “Yo os aseguro; veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del Hombre”, y hoy la Iglesia en su liturgia, honra a tres de esos ángeles a los que la Sagrada Escritura llama con nombre propio. El primero de ellos es Miguel Arcángel, y su nombre significa; ¿Quién como Dios?, el segundo es Gabriel; “Fortaleza de Dios” y por último, Rafael; “Medicina de Dios”.
En estos días en que vivimos tan predispuestos a no aceptar sino lo que podemos directamente comprobar, experimentar, palpar, ver, podría parecer de ilusos hablar de ángeles; sino fuera porque se refiere Jesús a ellos en distintos momentos y porque la Iglesia los describe como seres espirituales, no corporales, según enseña unánimemente la Sagrada Escritura y la Tradición.
La fe católica y la aceptación de la Biblia conducen de modo necesario a considerar a las criaturas angélicas como otra más de las obras de Dios. Los ángeles se encuentran presentes en la historia de la relación de los hombres con Dios.
Aparecen, junto al hombre con toda naturalidad, como un elemento más de esa existencia sobrenatural y trascendente que nos ha sido revelada. Y su presencia es habitual: unos personajes espirituales, según se desprende de su comportamiento, no sujetos a las leyes físicas como el hombre, que en ocasiones, se designan por su nombre propio, como es el caso de Miguel, Gabriel y Rafael. Los vemos al comienzo de la historia de la salvación, en el Paraíso, y en otros numerosos momentos de esa historia, casi siempre como mensajeros de Dios. Especialmente significativo, en este sentido, es el anuncio de la Encarnación del Hijo de Dios a María, por medio del arcángel Gabriel, con lo que dio comienzo la singular y salvadora presencia de Dios en el mundo.
El mismo Jesucristo habla de ellos varias veces. Por ejemplo, en el evangelio de hoy como hemos podido escuchar, cuando se refiere al fin del mundo. Pero antes habían aparecido ya en gran número con ocasión de su nacimiento, anunciando el hecho a los pastores de Belén; le sirvieron en el desierto después de su ayuno y de haber sido tentado por el diablo; un ángel le confortará en la agonía de Getsemaní; están presentes junto al sepulcro de Cristo resucitado; cuando ascendió finalmente a los cielos, hacen caer a sus discípulos en la cuenta de la realidad que vivían, para que comenzarán sin más dilación la extensión del Evangelio.
La fiesta de los tres arcángeles que hoy celebramos, debe ser una buena ocasión para que fomentemos más el trato con ellos. Los ángeles están junto a cada uno de nosotros, custodiándonos, asistiéndonos en nuestro camino hasta la Casa del Padre.
Entre otros muchos piropos que le dedicamos a nuestra Madre del Cielo, la llamamos con el título de Reina de los Ángeles. A Ella, hoy, en este día de fiesta, le suplicamos confiadamente que nos recuerde, siempre que sea preciso, que contamos para nuestro bien con la poderosa y amable asistencia de nuestros ángeles. Que el Señor camine siempre con nosotros, y que sus ángeles y arcángeles nos acompañen. San Miguel, ruega por nosotros; San Gabriel, ruega por nosotros; San Rafael, ruega por nosotros.

Gracias, Señor.


Hace ya un año, y parece que fue ayer... Sí, un año, solo uno, y Dios quiera que sean muchos más, cuarenta, cincuenta, sesenta, los que Él quiera, pero que sean años gastados en su servicio. Ha pasado el tiempo y aún siento la emoción de aquella mañana de sábado, 29 de septiembre, fiesta de los Santos Arcángeles, en la que mi obispo me ordenaba presbítero. Muchas han sido las experiencias, muchos los momentos vividos, contigo Señor y con tanta gente que formamos la gran familia de los bautizados. Que gran sacramento nos dejaste, que ardua tarea nos encomiendas Señor, pero sin tí, que poca cosa somos... Contamos con tu fuerza, con tu ayuda, con tu alegría, con tu paz y aun así, sin tí, que poca cosa somos... Gracias por fijarte en mí, y en los que hoy son mis compañeros de ministerio. Al igual que a mi, un día los llamaste. Gracias por mis hermanos sacerdotes, que vivamos la unidad y seamos fieles instrumentos en tus manos... Gracias Señor por este año que ha pasado, por todo lo bueno que me has dado y que me ha hecho participar de tu gloria, por lo no tan bueno y que me ha hecho participar de tu cruz... Gracias Señor por todo. Que te siga respondiendo siempre con la mayor de las alegrías, en esta vida y un día, en el Cielo. Gracias Señor, por este año de ministerio.

28 de septiembre de 2008

En el servicio está la alegría



Recordábamos ayer la figura de San Vicente de Paúl. Sacerdote francés, del siglo XVI, fundador de la Congregación de la Misión, destinada a la formación del clero y al servicio de los pobres, y de la Congregación de las Hijas de la Caridad, junto a Santa Luisa de Marillac. Este gran hombre, se caracterizó por ser feliz, pero no a su manera, sino a la manera de Aquel que lo llamó más tarde a alcanzar la felicidad plena, el Señor. Los cristianos, desgraciadamente vivimos muchas veces sumergidos en el ritmo del mundo que no nos damos cuenta, que en el servicio auténtico, estamos agradando a Dios y caminamos hacia la felicidad eterna. Y digo en el servicio auténtico, porque servicio no es el ritmo de vida que llevamos muchas veces tan ocupados en poca cosa, aunque tengamos mil cosas, es decir, más pendientes de nosotros y de nuestro tiempo, que del Señor y de los necesitados. Y al final de la jornada nos quedamos tan tranquilos pensando que hemos hecho lo que teniamos que hacer. Miremos a los santos, ellos son modelos para nuestra vida, así la Iglesia los ha reconocido y así nosotros los veneramos. San Vicente de Paúl gastó su vida en el servicio sincero y auténtico a Dios y a los demás, ¿y nosotros?. Tu y yo tan ocupados con tantos proyectos, ¿realmente estamos sirviendo como el Señor quiere?, ¿somos felices al gusto de Dios o al nuestro?. Y termino, con estos ya conocidos versos de Tagore dedicados a dos nuevos diáconos de mi diócesis, ministros de la Iglesia, que desde ayer desempeñan el ministerio de la palabra y del servicio a los más necesitados. Para ustedes Aday y Fernando. ¡Felicidades!. Y sean eternamente felices al gusto de Dios.
"Dormía y soñaba que la vida no era sino alegría.
Me desperté y ví que la vida no era servicio.
Serví, y comprendí que en el servicio estaba la alegría".

26 de septiembre de 2008

Espiritualidad cristiana


Los cristianos creemos que la persona humana no es sólo materialidad, sino que esta constituida por esa genial, maravillosa y extraordinaria combinación de alma y cuerpo. Al ejercicio de esta propiedad única y anímica del ser humano, como es el alma, le llamamos "espiritualidad". Esto hace que seamos seres cualitativamente distinos del resto de la Creación. Seres capaces de sentir, pensar, razonar, meditar... La espiritualidad cristiana, podríamos decir que es la manifestación de nuestra condición espiritual de "hijos de Dios", a imagen de nuestro Señor Jesucristo. Es una donación, porque Dios mismo nos ha dado su Espíritu para que seamos hijos en el Hijo. Este Espíritu Santo, que es "Señor y dador de vida", asi lo creemos y rezamos en el Credo, se expresa en nuestra "Vida interior" de mil formas distintas. De esta manera, dentro de nuestra propia tradición cristiana, e inspiradas en el mismo ideal evangélico de Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios, tenemos hoy en la Iglesia diferentes "espiritualidades", que han surgido a lo largo de la historia o recientemente, en torno a personas y comunidades concretas, en donde el seguimiento de Cristo, se realiza desde familias espirituales con formas, géneros y estilos de vida concretos, diferentes o semejantes entre sí, pero con un único centro, Cristo, y un único camino e ideal, el Evangelio. Por ello, seamos de una u otra espiritulidad, lo que importa es encontrarnos cada dia con el Señor, amarlo en los hermanos, y no perderlo por nada del mundo.

LA SANTA CRUZ


Días atrás, celebrábamos la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz. En dicha fiesta, se nos invitaba a contemplar el Árbol de la Cruz donde estuvo clavada la salvación del mundo, como cantamos cada Viernes Santo. La Santa Cruz es la señal del cristiano y en ella nos gloriamos, porque en este madero santo, nos salvó y liberó Jesucristo, nuestro Señor. Así como en la Antigua Alianza, el pueblo miraba el estandarte creado por Moisés para sanar, así también nosotros, en el camino de la vida miramos a la Cruz y encontramos consuelo y perdón. Nuestro Señor, elevado en lo alto, es señal inequívoca de que la vida eterna se derrama sobre el mundo: "porque Dios no mandó a su Hijo al mundo para condenar al mundo sino para que el mundo se salve por El". Jesús nos compra con su sangre y en este gesto de entrega y de amor para todas las generaciones de la Historia, se muestra la gloria de Dios Padre. Miremos siempre la Santa Cruz, llevémosla con garbo, es nuestra seña de identidad. Con paz y alegría, ningún día sin Cruz.
...
En la cruz esta la vida
Y el consuelo,
Y ella sola es el camino
Para el cielo.
En la cruz esta el Señor
De cielo y tierra
Y el gozar de mucha paz,
Aunque haya guerra,
Todos los males destierra
En este suelo,
Y ella sola es el camino
Para el cielo.
De la cruz dice la Esposa
A su Querido
Que es una palma preciosa
Donde ha subido,
Y su fruto le ha sabido
A Dios del cielo,
Y ella sola es el camino
Para el cielo.
Es una oliva preciosa
La santa cruz,
Que con su aceite nos unta
Y nos da luz.
Toma, alma mía, la cruz
Con gran consuelo,
Y ella sola es el caminoPara el cielo.
Es la cruz el árbol verde
Y deseado
De la Esposa que a su sombra
Se ha sentado
Para gozar de su Amado,
El Rey del cielo,
Y ella sola es el camino
Para el cielo.
El alma que a Dios está
Toda rendida,
Y muy de veras del mundo
Desasida
La cruz le es árbol de vida
Y de consuelo,
Y un camino deleitoso
Para el cielo.
Después que se puso en cruz
El Salvador,
En la cruz esta la gloria
Y el honor,
Y en el padecer dolor
Vida y consuelo,
Y el camino mas seguro
Para el cielo.
(De Santa Teresa de Jesús)

13 de agosto de 2008

Ad Iesum per Mariam

Pasado mañana celebramos, y así lo decimos en el cuarto misterio de gloria del santo rosario, "la Asunción de nuestra Señora a los cielos en cuerpo y alma". Este dogma de fe, fue definido por el Papa Pio XII el 1 de noviembre de 1950 en la Constitución Munificentissimus Deus. De acuerdo con la Tradición y teología de la Iglesia, afirmamos en este dogma, que la Santísima Virgen María, cumplido el curso de su vida terrenal, fue elevada en cuerpo y alma, a la gloria celestial. Con la Asunción de María a los cielos, se han realizado definitivamente en ella, los efectos de la única mediación de Cristo, Redentor del mundo y Señor resucitado. La Asunción es don y gracia de Dios. María es la primera de entre todos, que ha gozado de los méritos de Cristo, es señal de esperanza para los creyentes en Cristo, que ven en ella, la certeza del Paraiso. La glorificación de la cual María ya goza, es la que nos espera al final de los tiempos. De la mano de María, vamos al encuentro de Jesús. Gracias Maria por tu presencia, gracia por tu sí a la obra de la gracia. Gracias Madre por el regalo de tu fidelidad.

Todos somos caminantes, todos somos peregrinos


Estamos en pleno verano, y al igual que en otras épocas del año, las fiestas religiosas y las peregrinaciones a diferentes santuarios se suceden a nuestro alrededor como las cuentas de un rosario. Las peregrinaciones se dan desde los primeros tiempos del cristianismo. Roma, Santiago de Compostela o Jerusalem, son algunos de los grandes lugares de peregrinación. La palabra "peregrino" viene del latin, peregrinus, derivado de peregre ("por tierras extrañas"). Esta designación se aplica religiosamente a la persona que por devoción acude a visitar un lugar santo. La esencia de la peregrinación es la conversión al Dios vivo mediante el encuentro personal con Jesucristo en el camino de la vida, siguiendo las huellas de María o de los santos. El peregrino, es por tanto, antes que caminante, un creyente en camino, una persona que busca a Dios en la experiencia cotidiana del propio camino. De ahí, que el lugar de llegada no sea el fin del trayecto, como sucede en los viajes ordinarios, sino el principio. Todos los creyentes en el único Dios vivo y verdadero, sabemos que estamos de paso en esta vida, que somos extranjeros en este mundo, que caminamos hacia la Patria única y definitiva, hacia la Pascua Eterna. Somos peregrinos, sí hermanos, peregrinos aunque no frecuentemos los grandes centros de peregrinación de nuestro mundo. Peregrinamos hacia el Único Templo que es Cristo, el Señor resucitado. ¡Que hermosa peregrinación la del cristiano!. No te canses nunca de peregrinar. ¡Ánimo!.

7 de agosto de 2008

Letanías de la sabiduría


Hace poco, me llegaron estas letanias de la sabiduría, y que menos que compartirlas. Muchos dirán, ¡ya las he leido!, pero bueno, a pesar de todo, ¡léelas de nuevo!. No sabemos...


"Con frecuencia la gente es caprichosa, irracional y egoista. A pesar de todo, perdónales.

Si eres bueno, te tacharán de individualista o de beato. A pesar de todo, sé bueno.

Si triunfas, te ganarás falsos amigos y algunos enemigos de verdad. A pesar de todo, triunfa.

Si eres sincero y transparente, se aprovecharán de ti. A pesar de todo, sé sincero y transparente.

Lo que tu construyas durante años, alguno lo destruirá en una noche. A pesar de todo, construye.

Si eres felíz, alguno te tendrá envidia. A pesar de todo, sé feliz.

El bien que hagas hoy, la gente lo olvidará mañana. A pesar de todo, haz el bien.

Si das lo mejor de tí mismo, y a la gente siempre le parece poco. A pesar de todo, da lo mejor de tí mismo".

Kent M. Keith

Esperar siempre en Dios


Celebramos la memoria de San Cayetano. Este santo fundador, nace en Vicenza el año 1480 y muere en Nápoles el año 1547. Tras su ordenación sacerdotal funda en Roma la sociedad de Clérigos regulares o Teatinos. Se distinguió por su asiduidad en la oración y por la prática de la caridad para con el prójimo. San Cayetano es considerado padre de providencia, y que mejor que hoy, para decir una palabra al respecto.
La providencia como término, procede del latin providentia y significa literalmente "mirar por". Referido a Dios, sugiere el cuidado que Él consagra a la Creación. El Catecismo de la Iglesia Católica lo define así: "La divina providencia consiste en las disposiciones por las que Dios conduce con sabiduria y amor todas las criaturas hasta su fin último"(CIC 321). Y este fin último no es otro que la gloria de Dios, se trata de una obra exclusiva del Creador, un don consistente en la comunicación de su propia verdad, bondad y belleza a las criaturas. Desde esta perspectiva, la providencia divina no constituye un factor más en la marcha del mundo; porque ni sustituye a las leyes de la Creación ni interfiere en la libertad humana; al contrario, constituye su origen y garantía. En una Creación que está en camino, Dios permanece como principio, medio y fin de todas las cosas. Afirmar la providencia divina significa reconocer a un tiempo la actualidad del Creador (el Dios amoroso y providente, activamente presente en el mundo) y la dependencia absoluta de todo lo creado (el mundo que tiene a Dios por fundamento).

6 de agosto de 2008

Transfigurados


Celebranos hoy la fiesta de la Transfiguración del Señor, y según nos dice el Evangelio según San Mateo, Jesús tomando consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, se los llevó a una montaña alta y se transfiguró delante de ellos. Su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elias conversando con él. Estos tres discípulos, como lo serán en otras ocasiones, fueron escogidos por el Señor para ser testigos de su gloria. Moisés y Elías, representan la Ley y los profetas respectivamente. A uno, se le entregó la Ley de Dios en el Sinaí para el pueblo de Israel, al otro, se le denomina el padre de los profetas. Ambos vienen a dar testimonio de Jesús, en quien se cumple lo que dice la Ley y los profetas. Este acontecimiento, nos enseña hoy que hay que dejarse transfigurar, transformar cada día por el Señor. Que hay que seguir adelante aquí en la tierra aunque tengamos que sufrir, con la esperanza de que el Señor nos espera con su gloria en el cielo. A entender que el sufrimiento cuando se ofrece a Dios, se convierte, se transfigura en sacrificio agradable a Dios, en participación de su pasión. Jesús sufrió, y así se desprendió de su vida para salvarnos. A tomar conciencia que aunque la misericordia de Dios es infinita, el cielo hay que ganarselo cada dia con detalles concretos de amor y servicio para Dios y para los demás.
Señor, que bien se está a tu lado cuando las cosas van bien, y te ven transfigurado. Luego, cuando te vean desfigurado, "varón de dolores", todos te abandonarán y huirán. ¿Nos darás las fuerzas necesarias para quedarnos siempre contigo, en los misterio de luz y en los de dolor?.

5 de agosto de 2008

Sobre la importancia de la oración

Ayer celebrábamos la fiesta de San Juan Mª Vianney, también conocido como el santo cura de Ars. Este sacerdote francés de finales del siglo XVIII y mediados del XIX, nos habla en una de sus catequesis sobre la oración y su importancia en la vida cristiana. Y nos dice; "Consideradlo, hijos mios: el tesoro del cristiano, no está en la tierra, sino en el cielo. Por esto, nuestro pensamiento debe estar siempre orientado hacia donde está nuestro tesoro. La oración no es otra cosa que la unión con Dios. En esta intima unión, Dios y el alma son como dos trozos de cera fundidos en uno solo, que ya nadie puede separar. Es algo muy hermoso esta unión de Dios con su pobre criatura, es una felicidad que supera nuestra comprensión. Hay personas que se sumergen totalmente en la oración, como los peces en el agua, porque están totalmente entregadas al buen Dios y hablan con El, del mismo modo que hablamos entre nosotros. Nosotros, por el contrario, ¡cuantas veces venimos a la iglesia sin saber lo que hemos de hacer o pedir!. Y, sin embargo, cuando vamos a casa de cualquier persona, sabemos bien para que vamos. Muchas veces pienso, que, cuando venimos a adorar al Señor, obtendríamos todo lo que le pedimos si se lo pidiéramos con una fe muy viva y un corazón muy puro". Como el santo cura de Ars, hay personas que nunca abandonan la oración. Más aun, la vida del cristiano no se entiende sin la oración. La oración, tiene que ganar nuestra vida y sacarla de la mediocridad. Santa Teresa de Jesús hablaba del "trato con Dios", y decía que dejar la oración es perder el camino. Hacer oración es hablar con Dios, es tratar a Dios, como hablamos y tratamos a un amigo, es abandonarnos por entero a Él, poner nuestra vida en sus manos, dejar a sus pies nuestros gozos, exitos, tristezas y fracasos. Es escucharle, dejarnos modelar por Él como barro en manos del alfarero. Gracias Santo cura de Ars, gracias por ser maestro de oración para los cristianos, y gracias, por ser para nosotros, los sacerdotes, testimonio de entrega sin reserva a Dios y a los demás.

13 de julio de 2008

SER SEMBRADORES JUNTO AL SEMBRADOR


En el Evangelio de este Domingo XV del Tiempo Ordinario, como hemos podido escuchar, Jesús nos presenta la parábola del sembrador. De verdad, creo que el Señor se lució con esta parábola, al explicar de una forma tan sencilla como tenemos que recibir los cristianos cada día la Palabra de Dios.
Los que conocemos algo de las faenas del campo, sabemos que no es nada fácil preparar el terreno para recibir el grano. Se requiere de muchos cuidados, un día y otro, y todo eso, tras arar la tierra con mucha paciencia. El labrador, espera paciente el fruto de su trabajo, ve dorarse los campos y ve también como los frutos van tomando color, pero aun sabe que falta tiempo para la cosecha. Y nosotros, que poco pacientes somos, como queremos ver enseguida los frutos de nuestro trabajo, con lo que hemos trabajado y sembrado en la viña y aun no vemos siquiera el menor de los indicios de que algo comienza a germinar. Como nos falta adquirir la paciencia de los sencillos labradores que esperan, simplemente esperan, a que llegue la hora. ¿Y que decir del terreno de nuestra vida?. Qué poco nos cultivamos, para que en lugar de ser ese terreno pedregoso o lleno de zarzas, seamos una tierra fértil, bien abonada, dispuesta a recibir la semilla del Sembrador y dar buenos frutos, y una vez recibida, seamos también nosotros sembradores en los fértiles corazones de los demás.
Señor, tú lo sabes todo, tú conoces y esperas el momento justo, nosotros somos unos impacientes, lo queremos ver todo al instante. Tu Palabra llega cada día al terreno de nuestra vida, y no siempre Señor te lo encuentras arado, abonado y bien preparado para recibir la semilla como tu esperabas. Nuestra insconstancia, los afanes de la vida, y mil cosas más, impiden que produzcan en nosotros buenos frutos. Señor, perdónanos por nuestra impaciencia, que esperemos siempre en Tí. Sólo Tú tienes Palabras de vida eterna. Pero a pesar de nuestras incoherencias Señor, no te canses nunca de depositar cada día, Tu Palabra en nuestros corazones.