3 de agosto de 2010

Mis padres no me quieren sacerdote...


En estos últimos años, varios han sido los monaguillos que me he ido encontrando en las diferentes parroquias por las que he tenido el gusto de pasar primero como seminarista y diácono, y luego como sacerdote, y que me han expresado la idea de ser algún día sacerdotes. Otros, por timidez, no me lo han expresado, pero sé que les gusta. Aunque son solo niños, Dios no se hace el sordo al deseo de estos pequeños. Y no sé por qué, bueno..., si que lo sé, pero siempre he estado convencido de que las oraciones de los niños llegan antes al cielo que las nuestras, tal vez porque ellos si que saben pedir a Dios con fe y confianza... no como nosotros, con exigencias...

Ojalá algún día no muy lejano, estos monaguillos que he conocido y conozco, y pienso en uno en concreto...sigan adelante con sus "planes de futuro" pues mi oración no les faltará, y cuando lleguen al Seminario, en la puerta de entrada se encuentren con un cartel como el de la foto que diga: "bienvenidos al SEMINARIO monaguillos".

A continuación, dos historias conmovedoras del padre Fernando Pascual, nos hablan de dos mensajes enviados desde el cielo; el primero dirigido a un niño que quiere ser sacerdote y se encuentra con la oposición de sus padres, y el segundo va dirigido a un padre, a quien su hijo le pide permiso para ir al Seminario. Y dice así:

"En el cielo están inquietos. Varios ángeles han llegado con mensajes dramáticos de jóvenes que no encuentran el apoyo de sus padres a la hora de seguir la vocación de Dios al sacerdocio.

“¿Por qué, Dios mío, mis padres no quieren que sea sacerdote?”. “Mi madre me ha dicho furiosa que no desea saber nada de mi vocación”. “Ayúdame, Jesús, a encontrar fuerzas para hacer lo que Dios quiere de mí”. “¿Cómo puedo decirle a mis padres que Dios me quiere sacerdote?”

Hay revoloteo de alas, prisas, llamadas de emergencia. Querubines y serafines buscan en los archivos las mejores respuestas dadas en los últimos 300 años. Pero un arcángel muy experimentado, con su sabiduría milenaria, ha dicho la palabra definitiva: “A nuevas situaciones nuevas respuestas: hemos de elaborar mensajes adecuados a los tiempos modernos”. Por fin, reina la calma en el departamento de “vocaciones para el nuevo milenio”. Los ángeles, sin palabras (se comunican directamente, de espíritu a espíritu) han preparado varios mensajes. Con la aprobación celestial, según las indicaciones de la supervisión divina, bajan a la tierra los primeros mensajes.

“Mensaje urgente a Manuel. Dios esté contigo.

No temas la oposición de tus padres. Si el Señor te ha sugerido que te quiere sacerdote no va a dejarte abandonado precisamente ahora, cuando más lo necesitas.

Lo primero que te recomendamos es que sigas en oración. ¿No recuerdas que Dios te había escogido allí, ante el Sagrario? Vuelve con Jesús y dile lo que pasa en tu familia.

Explícale lo que tú dijiste, el enfado de tu padre, las lágrimas de tu madre. Reza mucho por tus padres. Ellos están convencidos de que te quieren, y no se dan cuenta de lo absurdo de sus miedos ante tu vocación.

Necesitan descubrir que el regalo más hermoso que Dios puede ofrecer a una familia es invitar a uno de sus hijos a ser sacerdote. Necesitan recordar que el hijo no es propiedad de nadie, sino de Dios.

Porque tu padre y tu madre se amaban, Dios les regaló tu vida. Ahora Dios les está dando un nuevo regalo: ¡un hijo sacerdote! Pero no se dan cuenta, o no quieren ver, lo hermosa que es una vida entregada a los demás. Ni lo maravilloso que es ver que un día tú dirás las palabras de Jesús: Esto es mi cuerpo... Esta es mi sangre... Tus pecados están perdonados...

No tengas miedo. Confía, reza, ama. Hay tormentas que pueden durar semanas, meses o años. Pero si estás junto a Dios, nada te pasará.

De parte de Dios, el Arcángel Gabriel”.


“Mensaje al Sr. Francisco.

Dios te bendice con cariño. Especialmente, Dios te bendice con la vocación de tu hijo Carlos, que te acaba de pedir permiso para ir al seminario. Sé que lo amas mucho, sé que soñabas otra cosa para él. Pero, de verdad, si abres los ojos, si tienes un corazón de padre bueno, sentirás cada día una alegría mayor, porque verás a Carlos entre los seres humanos más felices de la tierra.

Es cierto que no te dará nietos según la carne, pero sí miles y miles de nietos en el espíritu. ¿Ves esa multitud de niños bulliciosos junto al sacerdote en la misa de 11? Un día estarán alrededor de Carlos, y, en cierto modo, también alrededor de ti.

¿Que hoy la vida del sacerdote es muy difícil, que muchos despreciarán a tu hijo, que habrá quien lo calumnie y lo persiga? Pues, la verdad, deberías de sentir orgullo en vez de pena: ¡qué privilegio ser padre de un hijo que imita tan de cerca a Jesucristo!

¿Qué es mejor un hijo que sea un buen abogado y no un hijo que sea un mal sacerdote? Pues muchísimo mejor será un hijo buen sacerdote que un hijo mal abogado. No te imaginas la paz que Carlos ofrecerá a los moribundos, la ayuda que dará a los novios, la esperanza que distribuirá entre los ancianos, las ayudas que repartirá entre los pobres, la sonrisa que dibujará en los niños cuando empiece a decirles que Jesús les ama. Sr. Francisco, de verdad, en el cielo eres envidiado. Y en la tierra, sin que ellos lo sepan, sin que tú te des cuenta, miles de personas esperan que apoyes a Carlos, que le acompañes en el camino de su vocación sacerdotal.

Entonces sí que podrás decir a tu mujer que Dios os ha bendecido como a ninguna otra familia del mundo, que la amas mucho porque tú y ella habéis sido generosos, porque tendréis ante Dios a un hijo sacerdote para siempre.

Que Dios siga contigo. Y que María, que también sabe lo que significa ver a un Hijo que camina entre críticas y sustos, te conceda la gracia de ser padre feliz de un hijo sacerdote, es decir, de un hijo hecho pan para ser repartido entre los hombres hambrientos de esperanza”.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Si, querido Norbert, la historia de muchos se refleja en este post que has colgado. La historia fascinante y dolorosa tanto de chicos como de padres cuando llega el momento de plantear la vocación es asi. No se dan cuenta de que no pierden a un hijo, sino que lo ganan para siempre.Ruego por tantos que en estos momentos estan en esta situación. Por los chicos y de forma especial por los padres, para que se llenen de amor de Dios y descubran la grandeza de tener un hijo sacerdote.

Anónimo dijo...

Yo creo que todos, en mayor o menor medida hemos pasado por esto. La incomprensión de la familia, el miedo al que dirán o al rechazo, el temor de los padres a perdernos...que corto de miras somos los hombres, no terminamos de darnos cuenta de que Dios pide mucho..., pero también da siempre con creces. Saludos Norberto de un cura muy feliz...

Anónimo dijo...

Gracias amigos por estos comentarios, Dios siempre nos da el ciento por uno y luego ya sabemos...Que el Señor y la Stma Virgen María, nuestra Madre del Cielo, nos ayuden siempre a dar a los demás lo mejor de nosotros mismos en el desempeño de nuestro ministerio sacerdotal, y a trabajar seriamente por las vocaciones sacerdotales. Un abrazo en unión de oraciones. Norberto.