1 de abril de 2010

Con un beso...


La traición de una persona querida trae siempre un dolor muy profundo. Jesús ha vivido este dolor sin una reacción violenta, sino que ha hecho todo lo posible por evitar la violencia con Judas de tal manera que, cuando éste llega a Getsemaní con una turba de gente armada, Jesús no rechaza el beso del traidor. Se limita a hacerle ver su error con los ojos de la conciencia y del corazón: “¿Con un beso traicionas al Hijo del Hombre?”.
Si, así fue, con un beso...Parece una paradoja el hecho de que un beso, un gesto afectivo, llegue a ser un acto de traición.
Existe una bella oración que se recita en la Iglesia Oriental tomada de la antigua liturgia de san Juan Crisóstomo, que dice así:
“Hijo de Dios, hazme hoy partícipe de tu místico convite, porque no revelaré el Misterio a tus enemigos, ni te daré el beso de Judas. Más bien, como el buen ladrón, te pido que te acuerdes de mí, Señor, cuando estés en tu Reino".
Que así sea Señor, y que cumplamos siempre y en todo, tu divina voluntad.