19 de marzo de 2009

De María esposo, y de Dios, padre en la tierra.


Celebramos a San José, esposo de la Virgen María y padre terreno de nuestro Señor.
De San José, muy pocas cosas podemos decir si nos atenemos a los datos que las Sagradas Escrituras nos ofrecen. De él sabemos que fue un hombre corriente de su tiempo al que Dios confió llevar a cabo obras grandes y que supo vivir tal y como el Señor quería, todos y cada uno de los acontecimientos que conformaron su vida. Por ello, la Sagrada Escritura alaba a José afirmando de él que fue un hombre justo. Y en la lengua hebrea, justo quiere decir piadoso, servidor de Dios, cumplidor de la voluntad de divina. Otras veces significa bueno y caritativo con el prójimo. Es decir, el justo es el que ama a Dios y demuestra ese amor cumpliendo sus mandamientos y orientando toda su vida en servicio de sus hermanos los hombres.
No hay que negar, que María, su esposa, sea la causa de gran parte de los honores que se le rinden al Santo Patriarca. Sin embargo, hay todavía un motivo superior para amar más a José, y ese motivo superior es Jesús mismo. Por ello, no podemos ignorar la santidad de aquel hombre que fue escogido para cuidar de Jesús y de su María.
Esta devoción que estaba latente en el corazón de los cristianos desde el comienzo de la Iglesia, ha ido creciendo con el paso de los siglos. Y a pesar de ese ocultamiento, del silencio y de la escasa mención que hace de Él la Escritura Santa, han sido muchos los santos, teólogos y pontífices que a lo largo de la historia del cristianismo han dado testimonio de la importancia del Santo Patriarca.
¡Cómo tendría que ser la santidad de aquel hombre, al que se le encargó la tarea de formar y enseñar humanamente a quien era el mismo Hijo de Dios!.Su calidad humana y sobrenatural tuvo que estar a la altura de su misión.
Por ello, la figura de José se ha ido descubriendo paulatinamente en el seno de la propia Iglesia. Hasta el año 1621, no se incorporó el día de San José como festividad en el calendario de la Iglesia universal y el Papa Benedicto XV, lo nombró en 1920, Patrono de los obreros, de los padres de familia y de los moribundos.
A lo largo de los siglos se ha hablado de él subrayando diversos aspectos de su vida, pero siempre fiel a la misión que Dios le confió. Son diversos los autores espirituales que han dado un notable impulso a la devoción del Santo Patriarca.
La Santa de Ávila, Teresa de Jesús, en el Libro de su vida nos dice; “Tomé por abogado y señor al glorioso San José y me encomendé mucho a él. No recuerdo haberle suplicado cosa que haya dejado de hacer. Muchas son las gracias que Dios me ha concedido por medio del bienaventurado San José y muchos son los peligros de los que me ha librado”.
San Josemaría Escrivá refiriéndose a San José decía; “desde hace años, me gusta invocarle con el título de “Padre y Señor” por dos motivos. Primero porque protege y acompaña en su camino terreno a quienes le veneran, como protegió y acompañó a Jesús mientras crecía y se hacía hombre, y en segundo lugar, por ser “maestro de vida interior”.
Por su parte, San Juan Crisóstomo añade; “Dios, que ama a los hombres, mezclaba trabajos y dulzuras. Ni los peligros ni los consuelos nos los da continuos, sino que de unos y otros va Él entretejiendo la vida de los justos, y así lo hizo con José”.
También, el Papa Juan Pablo II, destacó durante su pontificado la figura de San José tanto en la Exhortación Apostólica Redemptoris Custos como en sus Homilías, Audiencias y Alocuciones. El Papa dirá: “Los cristianos han reconocido siempre en José, a aquel que vivió una comunión íntima con María y con Jesús, deduciendo que también en la muerte gozó de su presencia consoladora y afectuosa. De esta constante tradición cristiana se ha desarrollado en muchos lugares una especial devoción a la Sagrada Familia y a San José, custodio del Redentor”.
La Iglesia no ha cesado de recordar como Dios ha confiado los primeros misterios del Salvador a la ferviente custodia de San José. Mirando quién y cómo es San José, contemplamos su vocación y su misión. San José es el hombre al cual se le confió de un modo excepcional el gran misterio de Dios mismo, el misterio de la Encarnación. Esto le convierte en el hombre de confianza de Dios.
San José encontró en su amor a Dios, la razón de su vida. Cuando conoce que el Niño, Hijo de María, es el Mesías, Cristo se convierte en el motor de todas sus acciones y se esfuerza en alcanzar la identificación con Él. Los cristianos hemos de identificarnos cada día y cada vez más con Jesús. Hemos de vivir en este mundo alejado cada vez más de Dios como San José vivió, es decir, inmersos en Dios.
San José fue el hombre del amor fiel, de la fe amorosa y de la esperanza confiada. Esta es la fidelidad que vivió José, y esta es la que el Señor espera de cada uno de nosotros, una caridad que se traduce en obras concretas.
Que San José, nuestro "padre y señor", interceda por nosotros.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Que buena la explicación de San José como nuestro "padre y señor". Que grande fue San José. Y también San Josemaría Escrivá.