2 de noviembre de 2013

D.E.P.



Silencio y paz.
Fue llevado al país de la vida. 
¿Para qué hacer preguntas? 
Su morada, desde ahora, es el Descanso, 
y su vestido, la Luz. Para siempre.
Silencio y paz. ¿Qué sabemos nosotros?
Dios mío, Señor de la Historia 
y dueño del ayer y del mañana, 
en tus manos están las llaves de la vida y la muerte. 
Sin preguntarnos, lo llevaste contigo a la Morada Santa, 
y nosotros cerramos nuestros ojos, 
bajamos la frente y simplemente te decimos: esta bien. Sea.
Silencio y paz.
La música fue sumergida en las aguas profundas, 
y todas las nostalgias gravitan sobre las llanuras infinitas.
Se acabó el combate. 
Ya no habrá para él lágrimas, ni llanto, ni sobresaltos. 
El sol brillará por siempre sobre su frente, 
y una paz intangible asegurará definitivamente sus fronteras.
Señor de la vida y dueño de nuestros destinos, 
en tus manos depositamos silenciosamente
este ser entrañable que se nos fue.
Mientras aquí abajo entregamos a la tierra sus despojos transitorios, 
duerma su alma inmortal para siempre en la paz eterna, 
en tu seno insondable y amoroso, oh Padre de misericordia.
Silencio y paz.
Amén.