11 de febrero de 2011

Que soy era Immaculada Councepciou.


Celebramos como cada 11 de febrero a Ntra. Sra. de Lourdes y la Jornada Mundial del Enfermo, por ser Lourdes, el lugar mariano a donde acuden cada año, millones de enfermos y peregrinos buscando alivio y consuelo a sus padecimientos tanto físicos como espirituales. Y como sabemos, el 11 de febrero de 1858, la Virgen María se apareció a una joven campesina llamada Bernardette Soubirous, en la Gruta de Massabielle, en la localidad de Lourdes (Sur de Francia). Y es que según el testimonio de la jovencita Bernardette, en la abertura de la roca de Massabielle se alza ante su vista una joven, inmóvil y silenciosa; "tan bella que cuando se la ha visto una vez, se querría morir para volverla a ver". Después de la primera aparición, la Virgen se vuelve a aparecer unas diecisiete veces más. Cuatro años antes, el 8 de diciembre de 1854, el Papa Pio IX, había definido el Dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen María.

"Cierto día fui a la orilla del río Gave a recoger leña con otras dos niñas. Enseguida oí como un ruido. Miré a la pradera, pero los árboles no se movían. Alcé entonces la vista hacia la gruta y vi a una mujer vestida de blanco, con un cinturón azul celeste y sobre cada uno de sus pies una rosa amarilla, del mismo color que las cuentas de su rosario. Creyendo engañarme, me restregué los ojos; pero alzándolos, vi de nuevo a la joven, que me sonreía y me hacía señas de que me acercase. (..) ". "Entonces se me ocurrió rezar y metí la mano en el bolsillo para buscar el rosario. Me arrodillé. Vi que la joven se santiguaba... Mientras yo rezaba, ella iba pasando las cuentas del Rosario (..) Terminado el rosario, me sonrió otra vez, se elevó un poco y desapareció. (..). Aquella Señora no me habló hasta la tercera vez..." " Y al preguntarle quien era, me dijo: Que soy era Immaculada Councepciou -Yo soy la Inmaculada Concepción-" (Relato de Santa Bernardette Soubirous sobre las apariciones de la Virgen).



Oración del enfermo por Juan Pablo II:

Señor, Tu conoces mi vida y sabes mi dolor,
haz visto mis ojos llorar,
mi rostro entristecerse,
mi cuerpo lleno de dolencias
y mi alma traspasada por la angustia.


Lo mismo que te pasó a ti
cuando, camino de la cruz,
todos te abandonaron
hazme comprender tus sufrimientos
y con ellos el Amor que Tu nos tienes.
Y que yo también aprenda,
que uniendo mis dolores a Tus dolores
tienen un valor redentor por mis hermanos.


Ayúdame a sufrir con Amor,
hasta con alegría.
Sí no es ¨posible que pase de mi este cáliz¨.
Te pido por todos los que sufren:
por los enfermos como yo,
por los pobres, los abandonados, los desvalidos,
los que no tienen cariño ni comprensión
y se sienten solos.

Señor: Sé que también el dolor
lo permites Tu para mayor bien de los que te amamos.
Haz que estas dolencias que me aquejan,
me purifiquen, me hagan más humano,
me transformen y me acerque más a Ti. Amén.