22 de abril de 2012

Seducida por la Divina Misericordia.




En el siguiente video, podemos escuchar uno de tantos testimonios de conversiones, en este caso, de la escritora española, María Vallejo-Nágera, de cuya conversión ya he hablado en otra ocasión hace unos meses. Este proceso de acercamiento a la fe nos lo explica ella misma desde la Parroquia Jesucristo Resucitado de Cáceres, donde tuvo lugar su testimonio, bajo el título "Seducida por la Divina Misericordia".

María tuvo su conversión hace 11 años en Medjugorje (en croata: Međugorje, "Entre montañas", pueblo de la parte suroccidental de Bosnia y Herzegovina, lugar donde el 24 de junio de 1981, la Santísima Virgen se apareció a seis niños) y en donde nuestra protagonista fue transformada al experimentar el amor de Jesucristo y cambio el rumbo de su vida. La escritora se entrega desde entonces a la misión de dar a conocer que Jesús ama a todo el mundo y espera que le correspondamos dejándonos amar por Él y poniendo nuestras vidas en sus manos.

Aunque el video es un poco largo, merece la pena verlo hasta el final. Que también nosotros, al igual que María Vallejo-Nágera, nos dejemos seducir por Jesús, la Divina Misericordia.

Señor, eres nuestra alegría...





ERES NUESTRA ALEGRIA, SEÑOR


En la oscuridad, nos aportas luz.
En las dudas, nos ofreces verdades.
En la violencia, eres paz.


ERES NUESTRA ALEGRIA, SEÑOR.


Cuando llegue la muerte, serás vida.
Cuando llegue el final, serás principio.
Cuando se apaguen las luces del mundo,
nos encenderás otras eternas en el cielo.


ERES NUESTRA ALEGRIA, SEÑOR.


Apareces cuando más te necesitamos.
Apareces cuando otros amigos nos fallan.
Apareces y, a veces, no te reconocemos.
Apareces y, con tu pan, nos alimentas.


ERES NUESTRA ALEGRIA, SEÑOR.


Nos defiendes a pesar de nuestros errores.
Nos amas a pesar de nuestros olvidos.
Resucitas para que, un día,
también nosotros contigo lo hagamos.


ERES NUESTRA ALEGRIA, SEÑOR.

16 de abril de 2012

9 de abril de 2012

El Santo Rosario.





Las acciones con sentido, incluso en la fe, cobran más fuerza cuando se sabe su origen, y esto pasa también con el rezo del Santo Rosario.

Muchos son los que se preguntan o se han preguntado alguna vez; ¿A quién se le habrá ocurrido repetir el Ave María tantas veces?, ¿No es solamente una monotonia piadosa de personas mayores?, ¿Qué sentido tiene todo ello?, etc.


Veamos su origen basado en una antigua leyenda, que como leyenda que es, sea cierta o no, tiene un trasfondo de fe y amor a la Santísima Virgen María.


Según la leyenda, se cuenta de un Hermano Lego de la Orden de los Dominicos, es decir, un simple hermano dominico que no era sacerdote y que no sabía leer ni escribir. Esto suponía una dificultad, no poder leer ni cantar los Salmos, como era y sigue siendo costumbre en los coros de los conventos y monasterios. Entonces, cuando terminaba sus labores por la noche en los trabajos más humildes, (él era el portero, el barrendero, el hortelano, etc...) se iba a la capilla del convento y se hincaba frente a la imágen de la Virgen María, y recitaba 150 avemarías (el número de los salmos), luego se retiraba a su celda a dormir.

Por la mañana, de madrugada, se levantaba antes que todos sus hermanos y se dirigía a la capilla para repetir su costumbre de saludar a la Virgen.

El Hermano Superior notaba que todos los días, cuendo él llegaba a la capilla para celebrar las oraciones de la mañana con todos los monjes, había un exquisito olor a rosas recién cortadas y le dió curiosidad, por lo que preguntó a todos quién se encargaba de adornar el altar de la Virgen tan bellamente, a lo que la respuesta fué que ninguno lo hacía, y los rosales del jardín no se notaban faltos de sus flores.

El Hermano lego enfermó de gravedad; los demás monjes notaron que el altar de la Virgen no tenía las rosas acostumbradas, y dedujeron que era el Hermano quien ponía las rosas. ¿Pero cómo? Nadie le había visto nunca salir del convento, ni sabía que comprara las bellas rosas.

Una mañana les extrañó que se había levantado pero no lo hallaban por ninguna parte, y al fin, se reunieron el la capilla, y cada monje que entraba quedaba asombrado, pues el hermano lego estaba arrodillado frente a la imágen de la Virgen, recitando extasiado sus avemarías, y a cada una que dirigía a la Señora, una rosa aparecía en los floreros. Así al terminar sus 150 saludos, cayó muerto a los pies de la Virgen.

Con el correr de los años, Santo Domingo de Guzmán, (se dice que por revelación de la Stma. Virgen) dividió las 150 avemarías en tres grupos de 50, y los asoció a la meditación de la Biblia: Los Misterior Gozosos, los Misterios Dolorosos y los Misterios Gloriosos, a los cuales el Beato Juan Pablo II añadió los Misterios Luminosos.

Ahora, que comprendes su origen, cada vez que lo reces, sabes que cada Ave María, es una preciosa rosa que ofrecer a la Santísima Virgen.

8 de abril de 2012

Cristo, ¡ha resucitado!.




Hemos podido escuchar esta noche en el pasaje del evangelio, como las tres santas mujeres se dirigen al sepulcro de Jesús para embalsamarlo y se preguntan: ¿Quién nos moverá la piedra de la entrada del sepulcro? La piedra es el gran obstáculo que se interponía entre ellas y Jesús.

Todos podemos entender muy bien la pregunta de estas mujeres. Es una pregunta llena de preocupación.

Ellas salieron apresuradas de casa, y no tuvieron tiempo de pensar que necesitarían ayuda de alguien más fuerte que ellas para mover esa piedra que se interponía entre ellas y Jesús. Y se preguntan la manera de encontrar su objetivo.

También nosotros, podemos preguntarnos ¿Quién puede apartarnos los obstáculos de nuestra vida? ¿Quién puede mover la piedra que encierra nuestro corazón y no lo deja respirar en libertad? ¿Quién puede eliminar las barreras que cierran el acceso a la alegría y la esperanza?.

A las mujeres del evangelio les ocurrió algo sorprendente. Cuando llegaron vieron que la piedra estaba movida y eso que era muy grande – nos dice el evangelio. Y Jesús, el muerto que querían embalsamar, no se encuentra ahí.

Dios ha movido la piedra del sepulcro de Jesús. Dios le ha resucitado. Cuando los cristianos decimos que Jesús ha resucitado no decimos sólo que Jesús vive en el recuerdo de sus discípulos, o en la fe de la Iglesia. Ni la memoria de los discípulos, ni nuestra fe es la causa de la resurrección. Es la fuerza de vida de Dios la que da lugar a la resurrección.

Esto es lo sorprendente de la Pascua y de nuestra vida con Dios. Cuando esperábamos encontrarnos con el final, cuando creemos que no hay más salida, Dios nos abre una nueva senda y nos da un nuevo comienzo.

La resurrección de Jesús es el comienzo de un nuevo mundo en el que todas las cosas y toda la creación será transformada como dijo el apóstol Pablo. Jesús ha resucitado, la vida continúa, pero continúa transformándonos. Una transformación en la que desaparecen las piedras que dificultan nuestra vida, que impiden al acceso a la esperanza, que se interponen en nuestro encuentro con Jesús.

Si no estamos dispuestos a vivir esta transformación en nuestras vidas, esta noche será una noche más, no será la gran noche de Resurrección, de un nuevo amanecer en nuestras vidas. No podemos ser los mismos de hace un mes, o de la pasada semana. Algo tiene que cambiar en nosotros, transformar nuestra existencia, de lo contrario no habremos resucitado con Cristo y no hemos entendido su Pasión.

Cristo, el Señor del tiempo y de la historia ha vencido a la muerte. Cristo ha resucitado. Vivamos este gozo y comuniquemos esta gran noticia a toda la tierra.

Cristo ha resucitado. El es nuestra Paz, Él es nuestra Esperanza, Él nuestra Alegría. Que nadie nos quite la paz, que nada ahogue nuestra esperanza, que nadie apague nuestra alegría.

Feliz Pascua de Resurrección a todos.


6 de abril de 2012

En el Viernes Santo.




La Madre piadosa estaba

junto a la cruz y lloraba

mientras el Hijo pendía.

Cuya alma, triste y llorosa,

traspasada y dolorosa,

fiero cuchillo tenía.


¡Oh, cuán triste y cuán aflicta

se vio la Madre bendita,

de tantos tormentos llena!

Cuando triste contemplaba

y dolorosa miraba

del Hijo amado la pena.


Y ¿cuál hombre no llorara,

si a la Madre contemplara

de Cristo, en tanto dolor?

Y ¿quién no se entristeciera,

Madre piadosa, si os viera

sujeta a tanto rigor?


Por los pecados del mundo,

vio a Jesús en tan profundo

tormento la dulce Madre.

Vio morir al Hijo amado,

que rindió desamparado

el espíritu a su Padre.


¡Oh dulce fuente de amor!,

hazme sentir tu dolor

para que llore contigo.

Y que, por mi Cristo amado,

mi corazón abrasado

más viva en él que conmigo.


Y, porque a amarle me anime,

en mi corazón imprime

las llagas que tuvo en sí.

Y de tu Hijo, Señora,

divide conmigo ahora

las que padeció por mí.


Hazme contigo llorar

y de veras lastimar

de sus penas mientras vivo.

Porque acompañar deseo

en la cruz, donde le veo,

tu corazón compasivo.


¡Virgen de vírgenes santas!,

llore ya con ansias tantas,

que el llanto dulce me sea.

Porque su pasión y muerte

tenga en mi alma, de suerte

que siempre sus penas vea.


Haz que su cruz me enamore

y que en ella viva y more

de mi fe y amor indicio.

Porque me inflame y encienda,

y contigo me defienda

en el día del juicio.


Haz que me ampare la muerte

de Cristo, cuando en tan fuerte

trance vida y alma estén.

Porque, cuando quede en calma

el cuerpo, vaya mi alma

a su eterna gloria. Amén.

En el Jueves Santo.




Celebramos el Jueves Santo: día de la institución del santo sacrificio eucarístico, día del amor fraterno, día del sacerdocio ministerial, día de la Vida.


Con esta celebración de la Cena del Señor entramos en el Triduo Pascual, en el cual vamos a asistir a ese milagro de amor que es la Muerte y la Resurrección de Jesús. Esta celebración nos prepara para esas horas y nos deja con la tristeza de lo que ocurrirá un poco después de la cena. Getsemaní aparece en el horizonte y también la detención, la tortura y la falsa condena a muerte de un hombre justo.


Celebramos la institución de la Eucaristía, y es curioso observar, que los tres evangelistas sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas) que narran la institución de la eucaristía, no hablen del lavatorio de los pies, y Juan, que narra el lavatorio de los pies, no dice nada de la institución de la eucaristía. La verdad es que los dos signos expresan exactamente la misma realidad significada: la entrega total de sí mismo. Lavar los pies era un servicio que sólo hacían los esclavos. Jesús quiere manifestar que El está entre ellos como el que sirve, no como el señor. Lo importante no es el hecho, sino el símbolo. Poco después del texto que hemos leído, dice Jesús: “Os doy un mandamiento nuevo, que os améis unos a otros como yo os he amado”.


Jesús se parte por nosotros. En el santo sacrificio eucarístico, actualizado en nuestras Eucaristías, Jesús entrega su vida por nosotros. Hoy de nuevo se va a sentar entre nosotros para lavarnos los pies en señal de entrega y servicio, va a besar nuestros pies con toda la ternura y devoción que un Dios puede hacer por el hombre y la mujer de hoy, recordando a aquella mujer que ungió sus pies con perfume. Hoy de nuevo se va a partir para derramarnos su amor, se va a entregar al sufrimiento y el dolor para resucitar e iluminar los nuestros…


En efecto, no existe la comunidad cristiana si no celebra el sacramento de la Eucaristía, pero tampoco hay auténtica Eucaristía, si no hay una verdadera comunidad cristiana. Porque la Eucaristía es Comunión, y no puede haber Comunión si no hay comunión de vida. A menudo olvidamos que no sólo comulgamos con Cristo, también lo hacemos con los hermanos. Por tanto, absténgase de participar en ella aquellos que no quieren vivir el valor de la fraternidad, aquellos que dicen amar a Dios con sus bocas pero se afanan en hacer daño a los que le rodean. Absténganse de participar los que se creen mejores cristianos que los demás pero sobre todo, los que no estén dispuestos a lavar los pies entregándose por todos.


Hoy, por desgracia se está convirtiendo en costumbre celebrar la Eucaristía e incluso comulgar, sin estar dispuestos a vivir en comunión de vida, pensamiento, acción y amor… Incluso celebramos y comulgamos pero abiertamente profesamos y vivimos de manera muy diferente …


Pedro le dijo: no me lavarás los pies jamás. ¿Qué diremos nosotros hoy?. Nuestra principal vocación es servir amando y amar sirviendo a los demás. El amor que Cristo nos enseña y nos deja como testimonio, en esta tarde de Jueves Santo, es un amor de servicio, un amor fraterno. Jesús quiso que el amor fraterno fuera, desde entonces, la seña y distintivo por el que los demás nos conocerán a los que nos llamamos sus discípulos.


No podemos olvidarnos también del sacerdocio a veces tan denostado y despreciado por ciertos sectores de nuestra sociedad, hoy queda instituido por Cristo y por Él queda santificado.


Damos gracias a Dios por los sacerdotes. Jesús, en este día, se constituye en sacerdote, víctima y altar. ¡Cómo no dar gracias a Dios por este don! Pedid por nosotros. Muchas son nuestras debilidades y otras tantas nuestras contradicciones. Que seamos capaces de mantener viva, con la ayuda del Espíritu Santo, la llama de la fe, el Ministerio que Dios nos ha regalado sin merecerlo.


Que con el testimonio, la audacia y valentía de todos los sacerdotes podamos seguir pregonando que Cristo está vivo y que, su presencia, es el camino, la verdad y la vida que la tierra necesita.


María nos dio al hijo de sus entrañas por la generosidad de la que sabe que su dolor es vida para nosotros. Cristo murió para darnos vida, y vida eterna.


Vivamos con intensidad el misterio de estos días. Misterio de fe y de dolor, misterio de entrega y de amor. Entremos en la herida abierta de su corazón traspasado, participemos de su Pasión, para junto con Él, entrar después en su Gloria.

1 de abril de 2012

¡Hosanna en el cielo!. Bendito el Señor de nuestras vidas. ¡Hosanna!.


Hoy Cristo es aclamado como el rey de Israel en su entrada triunfal en la ciudad santa de Jerusalem. Es el bendito, es el que viene en nombre del Señor. La subida de Jesús a Jerusalén no fue solamente para celebrar la Pascua de los judíos, pues más allá de esta celebración, tenía una última meta: la entrega de sí mismo, su inmolación en el patíbulo de la cruz. Salgamos en este día al encuentro del Seño en la procesión de los Ramos, no poniendo a sus pies nuestras túnicas o ramos inertes, sino revistiéndonos de su gracia. Proclamemos a Jesús como el único Señor de nuestras vidas.


31 de marzo de 2012

Reina de la Paz.






Madre de Dios y Madre nuestra, Reina de la Paz.



Ruega por nosotros.




Celibato sacerdotal y vocaciones.




El Prefecto de la Congregación para el Clero, el Cardenal Mauro Piacenza, descartó que el celibato sea un obstáculo a un nuevo florecer vocacional de sacerdotes, pues "no debemos traicionar a los jóvenes bajando los ideales, sino que debemos ayudarles a que los alcancen".

"Desde los últimos cincuenta años es casi una moda agredir cíclicamente el celibato eclesiástico. En algunos ambientes es fácil intuir que se trata de una verdadera y propia estrategia", criticó la autoridad vaticana.

En declaraciones a Religión Digital, el Cardenal Piacenza subrayó que "la Iglesia es plenamente consciente de la extraordinaria riqueza de ese don, que Dios le ha hecho. Ciertamente no es sólo una ley eclesiástica".

El celibato, explicó el Prefecto de la Congregación para el Clero, "es una normal consecuencia, particularmente acorde a la identidad del sacerdote y de su ser configurado a Cristo, totalmente entregado a la obra de la redención".

Cuestionado sobre la posibilidad de admitir el sacerdocio femenino como alternativa para aumentar las vocaciones, el Cardenal Piacenza señaló que esta cuestión fue zanjada por el Beato Papa Juan Pablo II en su Carta Apostólica Ordinatio Sacerdotalis, donde este señaló que la ordenación sacerdotal está reservada sólo a los hombres.

El Cardenal también se refirió a la firme intención de Benedicto XVI de limpiar la Iglesia de malos elementos a su interior. "Es necesario estar siempre vigilantes, porque no se termina nunca de ‘hacer limpieza’, simplemente porque nunca se termina de convertirse, y la lucha contra el pecado durará hasta la consumación de la historia", señaló.

El prefecto vaticano recomendó a aquellos sacerdotes que hayan perdido la ilusión en su vida consagrada, que vivan "la oración y la fraternidad".

"La primera nos pone continuamente en contacto con Dios y con el origen y la razón de nuestra existencia y de nuestro ministerio. La segunda es condición imprescindible de una experiencia existencial auténticamente humana, en la que la comunión y la fraternidad son signo de la nueva vida que Cristo ha inaugurado".

El Cardenal afirmó que "en la vida sacerdotal, cada día es nuevo y cada día el Señor reserva algo grande. Si somos realistas y honestos con nosotros mismos, todos entendemos que el don del sacerdocio florece en nuestras manos día tras día, año tras año y, después de muchos lustros, se presenta con toda su belleza, como nunca hubiéramos podido imaginar el día bendito de nuestra ordenación".

"Suelo vivir la dimensión del recuerdo, que llega a ser memoria. Yo recuerdo y me vuelvo a enamorar de Dios".

30 de marzo de 2012

Por la Vía Dolorosa...

Viernes de Dolores...




Venid y vedme hoy aquí:

¿Hay dolor cual mi dolor

cuando a mi Dios y Señor

en la Cruz sufriendo vi?



Mil veces con él morí,

pues, siendo mi Redentor,

era mi niño, mi amor,

a quien, virgen, concebí.



Al ser tanta nuestra unión,

su dolor mi dolor fue,

y su muerte mi pasión,

porque al tiempo le lloré

con llanto del corazón

y con lágrimas de fe.

22 de marzo de 2012

Testimonio de conversión.



"Devin Rose, nació en una familia de tradición cristiana, entendiendo con eso que lo eran sólo de nombre. De hecho, en casa le habían inculcado que los hombres provenían de una evolución del “fango original”. Por eso, no es de maravillarse que en su adolescencia, una vez obtenido el uso de razón, Devin se haya declarado con orgullo no creyente. Había nacido un ateo.

Su paso por la escuela secundaria le ayudó a envalentonarse aún más en esta posición, dado el supuesto amplio consenso de sus compañeros en este campo. Pero al llegar a la universidad, algo pasó. A pesar de tener éxito en aquello que realizaba (buenas notas, una novia bonita, el amor de su familia, un montón de amigos, …) había algo que no funcionaba: «empecé a ser devorado por la ansiedad», cuenta él mismo. «Me ponía nervioso en las reuniones sociales, en los restaurantes, en el cine; incluso estando en clase. Mi estómago se agitaba y tenía miedo de tener que salir corriendo de la clase, poniéndome en ridículo delante de todos».

Con el paso del tiempo, esta ansiedad no hizo sino aumentar, llegando a verdaderos ataques de pánico, aparentemente sin ningún motivo. Llegó incluso a desear la muerte: él, un estudiante de honor, con beca completa, atleta talentoso y rodeado de buenos amigos y el amor de su familia. Ante esta situación, por fin se enfrentó a su ateísmo, que para él era ahora sinónimo de su desesperación: «La delgada capa de la comodidad, la prosperidad y el bienestar general me habían protegido siempre en mi vida de enfrentarme a las terribles conclusiones existenciales de mi visión del mundo. Un día, en un inquietante “sueño despierto”, vi ante mí, de manera total, la oscuridad, una vacía manifestación viva de mi desesperación».

En medio de este dolor, acudió a su madre y le abrió su alma: «Doy gracias a Dios ahora que, incluso en la desesperación, me dio una madre cariñosa a la que podría acudir en una situación en la que pensaba que no tenía otro lugar adonde ir». Juntos, acudieron a un psicólogo –otro palo para Devin, que miraba con desdén a las personas que acudían a uno– y la terapia empezó a dar sus resultados. Pero la evolución era positiva sólo en parte. De hecho, sus ansiedades seguían ahí. Y fue entonces cuando aceptó su problema: era clínicamente depresivo, una lucha que se le presentaba titánica e interminable.«Creía que mis problemas eran sólo un producto químico en mi cerebro, pero ya había intentado todas las tácticas posibles para vencer la ansiedad y no habían funcionado. Mi otrora confiable inteligencia me había fallado por completo, así que me enfrenté a una elección: o me suicido o trato de creer en Dios».

Con esta dicotomía ante el camino, el antes ardiente ateo se lanzó a la empresa de creer: «Sabía que si Dios no existía, tratar de creer en él no iba a funcionar, pues sería sólo una táctica mental más entre la multitud que había intentado antes, sin éxito alguno. Y aunque pedir ayuda a Dios era algo que sublevaba mi interior, no teniendo nada que perder, le di una oportunidad». Y así, después de muchos años, Devin lanzó su primera oración: «Dios, tú sabes que yo no creo en ti, pero estoy en problemas y necesita ayuda. Si eres real, ayúdame».

Al principio, el resultado de sus oraciones fue nulo, por lo que, irónicamente, le confirmó en su ateísmo. «Pero cuando se está en el océano y todo lo que tienes es un salvavidas, por pequeño que sea, ésa es la única esperanza que tenemos». Así que continuó a orar.

Así, poco a poco, se atisbaron ligeros signos de mejoría. Y aunque en su interior los pretextos ateos se revelaban y querían romper ese arbolito que empezaba a crecer, Devin se decía que debía darle una oportunidad a la fe. Así que se protegía y continuaba con su oración, acompañada de la lectura de la Biblia.

Su compañero de cuarto en la universidad era un fiel bautista (protestante) y le empezó a llevar a su iglesia todos los domingos. Aunque seguía sintiendo ataques de ansiedad, se hizo violencia para permanecer en las reuniones y, sorprendentemente, su fe comenzó a fortalecerse y crecer, aunque estaba sumergido en un mar de dudas. Al final de ese año, Devin se consideraba ya, sin lugar a dudas, un cristiano.

Fue en ese momento cuando Dios se hizo presente: «Dios se precipitó y era como nada de lo que antes hubiera podido experimentar. Me dio el coraje y la fuerza para afrontar mis ansiedades y empezar a superarlas […] Dios me dio esperanza para hacerle frente a mi desesperación, y la fe y el amor empezaron a sanar mis profundas heridas». En otras palabras: se topó con el amor de Dios. Al final de ese año, se bautizó en la iglesia bautista, dándole un nuevo rumbo a su vida.

Pero Dios no se detuvo ahí; quería que Devin se encontrase definitivamente con Él dentro de la Iglesia Católica. Ya desde el inicio nació en él la duda de por qué habían tantas divisiones y denominaciones dentro del cristianismo. Así se lo hizo notar a Matt, un buen amigo suyo bautista, considerado líder entre su grupo. Pero él no supo responderle.

Su anhelo por la verdad le carcomía el alma y no le dejaba en paz ver las divergencias en las predicaciones entre los diversos cristianos. Buscó ayuda en su lectura de la Biblia… pero también ahí se dio cuenta que unas confesiones la veían de una manera y otros de otra.

La pregunta de fondo no era baladí: ¿quiénes están realmente guiados por el Espíritu Santo? Porque el Espíritu Santo es «el Espíritu de Verdad», y la Verdad es una. ¿Cómo, entonces, producía tantos efectos?

Tras mucho pensar y orar, Devin decidió investigar qué denominaciones habían tenido la osadía de afirmar que eran la Iglesia que tenía la plenitud de la verdad. Su iglesia bautista ciertamente no lo decía, pero los católicos, los ortodoxos y los mormones sí que lo habían hecho. Sin habla ante los resultados y con mucho temor, empezó a investigar a la Iglesia Católica.

Durante mucho tiempo debatió con amigos protestantes, haciendo todo lo posible por no volverse católico. Pero mientras más estudiaba, más cuenta se daba de la autenticidad de la Iglesia. Y así, después de recibir una buena catequesis, fue recibido en la Iglesia en la Pascua del 2001, ceremonia a la que asistieron algunos de sus amigos protestantes.

Hoy, después de diez años de católico, Devin no puede sino ver con gratitud el camino recorrido: «Mi "Camino a Roma" comenzó con el riesgo de que Dios fuese real. Continuó con el descubrimiento de que Él me amó y de que era digno de mi confianza. Hoy, puedo decir que, después de vivir la fe católica desde hace diez años, mi confianza en Cristo y en Su Iglesia se ha vuelto cada día más fuerte». (Testimonio extraído de "Religión en libertad").

19 de marzo de 2012

Guardián de Jesús, casto esposo de María...




San José es el mayor de los santos. Ejemplo especial para los solteros, por su castidad; para los casados, como padre de la Sagrada Familia; para los religiosos y apóstoles, por su entrega a Jesús y María; para los sacerdotes por su respeto al tratar a Cristo; para los trabajadores, pues fue siempre un trabajador. Además, es el patrono de la buena muerte, ya que murió en los brazos de Jesús y María. De él dice Sta. Teresa: " No me acuerdo de haberle pedido cosa que la haya dejado de hacer. Es cosa que espanta las grandes mercedes que me ha hecho Dios por medio de este santo, los peligros de que me ha librado, así de cuerpo como de alma. Que a otros santos parece les dio el Señor gracia para socorrer en una necesidad; mas este glorioso santo tengo experimentado que socorre en todas, y que quiere el Señor darnos a entender que, así como le fue sujeto en la tierra, así en el cielo hará cuanto le pida". La iglesia le dedica dos fiestas: el 19 de Marzo y el 1° de Mayo.





Oración a San José por las familias.



"Oh Jesús, amabilísimo Redentor nuestro, que quisiste pasar la mayor parte de tu vida mortal en la humildad y en la obediencia a María y a José, en la pobre casa de Nazaret santificando la familia, acepta hoy a nuestra familia que se consagra a ti, protégela, guárdala, y anímala con tu ejemplo; dale la paz y la concordia de la caridad cristiana, para que siguiendo el ejemplo de Tu Familia, lleguemos todos a unirnos contigo, el Padre y el Espíritu Santo a la Familia Celestial de los Ángeles y los Santos. María, Madre amorosa de Jesús y nuestra cariñosa Madre, haz que con tu poderosa protección, Tu Hijo acepte esta nuestra Consagración y alcánzanos sus gracias y bendiciones divinas. Oh San José, custodio santo de Jesús y de María, ayúdanos con tus oraciones, en todas nuestras necesidades espirituales y temporales para que podamos alabar eternamente a Jesús, nuestro Redentor, junto contigo y con María, tu Esposa amada". Amén.

San José, el santo del silencio.

18 de marzo de 2012

No estamos solo...

No hay que tener vergüenza...



... de amar y hablar de Cristo, querido lector. Ni siquiera en las situaciones más extrañas… También a mí me tiemblan las piernas en algunas ocasiones, pero por pura gracia de Dios saco fuerzas y me tiro al ruedo. ¡Y me llevo cada santa sorpresa! Lea y asómbrese de lo que me pasó al respecto hace tan solo un mes durante un viaje a la ciudad de Nueva York:


Mientras esperaba junto a dos muchachos la llegada del ascensor en el piso 59 de un hotel, caí en la cuenta de que uno de ellos me era familiar. Se trataba del joven nominado a varios óscares Mark Wahlberg, modelo, actor y productor de películas tan taquilleras como El planeta de los simios, La tormenta perfecta o Boogie nights. Como soy amante del cine, había leído artículos sobre su persona y, tristemente, sabía que este joven tan admirado por millones de fans había tenido un pasado muy turbio. Había sido procesado 25 veces por delitos como hurtos, adicción a la cocaína, violencia racista, tentativa de asesinato y hasta por propinar una salvaje paliza a un joven vietnamita, a quien dejó tuerto. Fue encarcelado y cumplió una seria condena. Sin embargo, también oí que, por pura gracia de Dios, había experimentado últimamente un “leve” acercamiento a Dios, y que había hecho declaraciones muy hermosas: “Nada deseo más que encontrarme con aquel a quien dejé tuerto, pedirle perdón… Solo cuando comencé a hacer el bien al prójimo, pude empezar a vivir en paz. Estoy conociendo poco a poco a Jesús…”. Y, entonces, envalentonada por este recuerdo, me lancé... ¡Pero qué vergüenza me daba! “Va a pensar que estoy chalada…”, me dije.


“Hola Mark. Mira, soy…”, dije. No me pregunte cómo, querido lector, pero en un minuto le había hablado de mi conversión, de mi amor por Cristo, y le animaba a seguirle para vivir centrado en su paz. ¡Y antes de que ambos nos quisiéramos dar cuenta, ya éramos amigos! Me hizo muchas preguntas sobre mi fe bajando en ese ascensor… Justo antes de perdernos de vista para siempre (al llegar a la planta baja), en un impulso inexplicable, me quité el rosario que siempre llevo al cuello y se lo colgué. Me miró lleno de asombro… “¡Qué bonito!”, exclamó. “Es un arma contra el diablo”, dije. “El elemento de oración más hermoso que nos ha regalado nuestra Madre del Cielo. Aprende a rezarlo y vivirás bajo su protección.” “¡Muchísimas gracias!”, dijo, dándome un abrazo. “Adiós, María; seguiremos en contacto”. Eso fue todo, querido lector. Me pidió una tarjeta y le perdí entre la gente del hotel.


Cómo iba a imaginar que ayer mismo iba a recibir una llamada desde Los Ángeles: “Doña María, perdone que la moleste. Soy el agente del señor Walhberg. Ha estropeado el rosario que usted le regaló por exceso de uso... Lo llevaba siempre al cuello y oraba con él. Está desolado y le ruega encarecidamente que le envíe otro lo antes posible. Le atrae mucho su poderosa intercesión. ¡Considera que usted le ha ayudado mucho con su ejemplo de fe y le agradece que le haya enseñado el poder del Santo Rosario! ¿Puede hacerle este favor?”. ¡Qué cosas, querido lector! Y yo, por temer que me considerara una chalada, casi ni me había atrevido a decirle nada… (Testimonio de la escritora María Vallejo - Nágera).

¿Por qué confesarse?



La catequesis del cuarto domingo de Cuaresma del Santo Padre Benedicto XVI, tuvo como protagonista, el sacramento de la Penitencia.

Al acercarse la Semana Santa, cuando ya en el horizonte "se perfila la Cruz", entramos en un periodo en el que debemos "desenmascarar las tentaciones que hablan dentro de nosotros", dijo el Papa, porque "la Cruz es el vértice del amor, que nos alcanza la salvación".

Por tanto, "si el amor misericordioso de Dios, que llega al punto de entregar a su único Hijo en rescate de nuestra vida, es infinito, entonces también es grande nuestra responsabilidad: para que a uno le curen, debe reconocer que está enfermo. Hay que reconocer los propios pecados, para que el perdón de Dios, ya alcanzado en la Cruz, pueda tener efecto en nuestro corazón y en nuestra vida".

Y cita el Papa diversos comentarios de San Agustín al Evangelio de San Juan: "Dios condena tus pecados. Si tú los condenas también, te unes a Dios. Cuando comienza a disgustarte lo que has hecho es cuando comienzan tus obras buenas, porque [reconoces y] condenas tus obras malas".

Pero, señala Benedicto XVI, "a veces el hombre ama más las tinieblas que la luz, porque está apegado a sus pecados. Sólo abriéndose a la luz, sólo confesando sinceramente sus culpas a Dios, se encuentran la verdadera paz y la verdadera alegría. Por eso es importante acercarse con regularidad al sacramento de la Penitencia, en particular en Cuaresma, para recibir el perdón del Señor e intensificar nuestro camino de conversión".

22 de febrero de 2012

Al iniciar la Santa Cuaresma: limosna, oración y ayuno.




"Ayunar es un remedio de males y una fuente de premios, mas no ayunar en Cuaresma es un pecado. El que ayuna en otro tiempo, recibirá indulgencia; pero el que no lo hace durante la Cuaresma, será castigado". El que no pueda ayunar por enfermedad, coma sencillamente y sin ostentación "Y ya que no puede ayunar, debe ser más caritativo para con los pobres, a fin de redimir con sus limosnas los pecados que no puede curar ayunando. Hermanos, es muy bueno ayunar pero mejor aún dar limosna; mas si se puede practicar lo uno y lo otro, son dos grandes bienes. El que puede dar limosna y no ayunar, entienda que la limosna le basta sin el ayuno. Más no basta el ayuno sin la limosna. El ayuno sin la limosna no es obra buena, a no ser que el que ayuna sea tan pobre, que no tenga nada que dar. Así, pues, en este caso, bástele la buena voluntad".


¿Qué respuesta daremos, hermanos, qué excusa alegaremos nosotros, que, poseyendo anchas y espaciosas mansiones, apenas nos dignamos alguna vez recibir en ellas a un peregrino? Y eso que no ignoramos, sino que continuamente estamos confesando que en los peregrinos recibimos a Cristo, como El mismo dijo: Peregriné y me acogisteis... Cuantas veces hicisteis eso a uno de estos mis hermanos menores, a mí me lo hicisteis (Mt. 25,35.40). Nos resulta enojoso recibir en nuestra casa a Cristo en la persona de los pobres y yo me temo que él haga lo mismo con nosotros en el cielo, y que no nos reciba en su gloria. Lo despreciamos en el mundo y yo me temo que él a su vez nos desprecie en el cielo, según aquella sentencia: Tuve hambre y no me disteis de comer... (Mt. 25,42). Fijémonos, carísimos hermanos, en estas palabras; no las oigamos de manera indiferente ni sólo con los oídos del cuerpo, sino que escuchándolas con fidelidad, hagamos de palabra y con el ejemplo que otros también las oigan y las cumplan También nos dice el Señor por boca del profeta Isaías que hemos de vestir al desnudo. Precepto riguroso y muy digno de temerse. Yo, sin embargo, no juzgo a nadie. (Fragmento Sermón 25, San Ambrosio de Milán).


La Cuaresma llama a nuestra puerta ¿qué escusa podemos poner? ¿Por qué no abrir la puerta y dejar que entre en nuestra vida y nos conduzca hacia del Señor?


La Cuaresma es viene como un peregrino y nos pide alojarse en nuestras casas. ¿Tenemos la estancia preparada? Bueno, tampoco hacen falta grandes agasajos, ya que la Cuaresma es sencilla y humilde.


La Cuaresma nos trae tres maravillosas herramientas para trabajar unidos a Dios: Ayuno, limosna y oración. San Ambrosio nos dice que estas tres herramientas deben trabajar unidas: Mas no basta el ayuno sin la limosna. Tampoco basta el ayuno y la limosna sin oración, ya que la oración nos sintoniza con la voluntad de Dios. El ayuno complementa la limosna, porque con el simbolizamos el desapego a nuestras necesidades. Quitarnos lo nuestro para dárselo a quien lo necesita.


En el Mensaje para la Cuaresma 2012, Benedicto XVI nos recuerda que el itinerario cuaresmal debe estar centrado en la caridad. Caridad que consiste en estar atentos los unos a los otros en un espíritu de responsabilidad y de verdadera fraternidad, que nos impulse a desear el bien de nuestro prójimo en todos sus aspectos (físico, moral y espiritual), en una dimensión de reciprocidad que nos ayude a caminar juntos en la santidad.


La limosna se suele entender desde el punto de vista económico, pero seguramente nos encontremos con buenas oportunidades para ayudar a nuestros hermanos de mil formas diferentes. Se trataría de ayudarles y colaborar con ellos de manera desinteresada y animosa.


Queda recordar la oración. ¿Qué haríamos sin la oración?


Los ministros de la gracia divina, inspirados por el Espíritu Santo, hablaron acerca de la conversión. El mismo Señor de todas las cosas habló también de la conversión, avalando sus palabras con juramento: Por mi vida – dice el Señor –, no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta, añadiendo además a aquellas palabras tan conocidas: Cesad de obrar mal, casa de Israel. Di a los hijos de mi pueblo: «Aunque vuestros pecados lleguen hasta el cielo, aunque sean como la grana y rojos como escarlata, si os convertís a mi de todo corazón y decís: "Padre", os escucharé como a mi pueblo santo que sois.» (Carta a los Corintios. San Clemente Romano)


Si el sentido de la Cuaresma es la conversión ¿Cómo podemos dejar de orar al Señor? El Señor se complace en que cambiemos y que le llamemos “Padre”


Tenemos por delante cuarenta días para preparar nuestro corazón para vivir la Pascual. Aprovechemos desde el primer día esta magnífica oportunidad". (Extraído de Religión en Libertad)