31 de marzo de 2012

Reina de la Paz.






Madre de Dios y Madre nuestra, Reina de la Paz.



Ruega por nosotros.




Celibato sacerdotal y vocaciones.




El Prefecto de la Congregación para el Clero, el Cardenal Mauro Piacenza, descartó que el celibato sea un obstáculo a un nuevo florecer vocacional de sacerdotes, pues "no debemos traicionar a los jóvenes bajando los ideales, sino que debemos ayudarles a que los alcancen".

"Desde los últimos cincuenta años es casi una moda agredir cíclicamente el celibato eclesiástico. En algunos ambientes es fácil intuir que se trata de una verdadera y propia estrategia", criticó la autoridad vaticana.

En declaraciones a Religión Digital, el Cardenal Piacenza subrayó que "la Iglesia es plenamente consciente de la extraordinaria riqueza de ese don, que Dios le ha hecho. Ciertamente no es sólo una ley eclesiástica".

El celibato, explicó el Prefecto de la Congregación para el Clero, "es una normal consecuencia, particularmente acorde a la identidad del sacerdote y de su ser configurado a Cristo, totalmente entregado a la obra de la redención".

Cuestionado sobre la posibilidad de admitir el sacerdocio femenino como alternativa para aumentar las vocaciones, el Cardenal Piacenza señaló que esta cuestión fue zanjada por el Beato Papa Juan Pablo II en su Carta Apostólica Ordinatio Sacerdotalis, donde este señaló que la ordenación sacerdotal está reservada sólo a los hombres.

El Cardenal también se refirió a la firme intención de Benedicto XVI de limpiar la Iglesia de malos elementos a su interior. "Es necesario estar siempre vigilantes, porque no se termina nunca de ‘hacer limpieza’, simplemente porque nunca se termina de convertirse, y la lucha contra el pecado durará hasta la consumación de la historia", señaló.

El prefecto vaticano recomendó a aquellos sacerdotes que hayan perdido la ilusión en su vida consagrada, que vivan "la oración y la fraternidad".

"La primera nos pone continuamente en contacto con Dios y con el origen y la razón de nuestra existencia y de nuestro ministerio. La segunda es condición imprescindible de una experiencia existencial auténticamente humana, en la que la comunión y la fraternidad son signo de la nueva vida que Cristo ha inaugurado".

El Cardenal afirmó que "en la vida sacerdotal, cada día es nuevo y cada día el Señor reserva algo grande. Si somos realistas y honestos con nosotros mismos, todos entendemos que el don del sacerdocio florece en nuestras manos día tras día, año tras año y, después de muchos lustros, se presenta con toda su belleza, como nunca hubiéramos podido imaginar el día bendito de nuestra ordenación".

"Suelo vivir la dimensión del recuerdo, que llega a ser memoria. Yo recuerdo y me vuelvo a enamorar de Dios".

30 de marzo de 2012

Por la Vía Dolorosa...

Viernes de Dolores...




Venid y vedme hoy aquí:

¿Hay dolor cual mi dolor

cuando a mi Dios y Señor

en la Cruz sufriendo vi?



Mil veces con él morí,

pues, siendo mi Redentor,

era mi niño, mi amor,

a quien, virgen, concebí.



Al ser tanta nuestra unión,

su dolor mi dolor fue,

y su muerte mi pasión,

porque al tiempo le lloré

con llanto del corazón

y con lágrimas de fe.

22 de marzo de 2012

Testimonio de conversión.



"Devin Rose, nació en una familia de tradición cristiana, entendiendo con eso que lo eran sólo de nombre. De hecho, en casa le habían inculcado que los hombres provenían de una evolución del “fango original”. Por eso, no es de maravillarse que en su adolescencia, una vez obtenido el uso de razón, Devin se haya declarado con orgullo no creyente. Había nacido un ateo.

Su paso por la escuela secundaria le ayudó a envalentonarse aún más en esta posición, dado el supuesto amplio consenso de sus compañeros en este campo. Pero al llegar a la universidad, algo pasó. A pesar de tener éxito en aquello que realizaba (buenas notas, una novia bonita, el amor de su familia, un montón de amigos, …) había algo que no funcionaba: «empecé a ser devorado por la ansiedad», cuenta él mismo. «Me ponía nervioso en las reuniones sociales, en los restaurantes, en el cine; incluso estando en clase. Mi estómago se agitaba y tenía miedo de tener que salir corriendo de la clase, poniéndome en ridículo delante de todos».

Con el paso del tiempo, esta ansiedad no hizo sino aumentar, llegando a verdaderos ataques de pánico, aparentemente sin ningún motivo. Llegó incluso a desear la muerte: él, un estudiante de honor, con beca completa, atleta talentoso y rodeado de buenos amigos y el amor de su familia. Ante esta situación, por fin se enfrentó a su ateísmo, que para él era ahora sinónimo de su desesperación: «La delgada capa de la comodidad, la prosperidad y el bienestar general me habían protegido siempre en mi vida de enfrentarme a las terribles conclusiones existenciales de mi visión del mundo. Un día, en un inquietante “sueño despierto”, vi ante mí, de manera total, la oscuridad, una vacía manifestación viva de mi desesperación».

En medio de este dolor, acudió a su madre y le abrió su alma: «Doy gracias a Dios ahora que, incluso en la desesperación, me dio una madre cariñosa a la que podría acudir en una situación en la que pensaba que no tenía otro lugar adonde ir». Juntos, acudieron a un psicólogo –otro palo para Devin, que miraba con desdén a las personas que acudían a uno– y la terapia empezó a dar sus resultados. Pero la evolución era positiva sólo en parte. De hecho, sus ansiedades seguían ahí. Y fue entonces cuando aceptó su problema: era clínicamente depresivo, una lucha que se le presentaba titánica e interminable.«Creía que mis problemas eran sólo un producto químico en mi cerebro, pero ya había intentado todas las tácticas posibles para vencer la ansiedad y no habían funcionado. Mi otrora confiable inteligencia me había fallado por completo, así que me enfrenté a una elección: o me suicido o trato de creer en Dios».

Con esta dicotomía ante el camino, el antes ardiente ateo se lanzó a la empresa de creer: «Sabía que si Dios no existía, tratar de creer en él no iba a funcionar, pues sería sólo una táctica mental más entre la multitud que había intentado antes, sin éxito alguno. Y aunque pedir ayuda a Dios era algo que sublevaba mi interior, no teniendo nada que perder, le di una oportunidad». Y así, después de muchos años, Devin lanzó su primera oración: «Dios, tú sabes que yo no creo en ti, pero estoy en problemas y necesita ayuda. Si eres real, ayúdame».

Al principio, el resultado de sus oraciones fue nulo, por lo que, irónicamente, le confirmó en su ateísmo. «Pero cuando se está en el océano y todo lo que tienes es un salvavidas, por pequeño que sea, ésa es la única esperanza que tenemos». Así que continuó a orar.

Así, poco a poco, se atisbaron ligeros signos de mejoría. Y aunque en su interior los pretextos ateos se revelaban y querían romper ese arbolito que empezaba a crecer, Devin se decía que debía darle una oportunidad a la fe. Así que se protegía y continuaba con su oración, acompañada de la lectura de la Biblia.

Su compañero de cuarto en la universidad era un fiel bautista (protestante) y le empezó a llevar a su iglesia todos los domingos. Aunque seguía sintiendo ataques de ansiedad, se hizo violencia para permanecer en las reuniones y, sorprendentemente, su fe comenzó a fortalecerse y crecer, aunque estaba sumergido en un mar de dudas. Al final de ese año, Devin se consideraba ya, sin lugar a dudas, un cristiano.

Fue en ese momento cuando Dios se hizo presente: «Dios se precipitó y era como nada de lo que antes hubiera podido experimentar. Me dio el coraje y la fuerza para afrontar mis ansiedades y empezar a superarlas […] Dios me dio esperanza para hacerle frente a mi desesperación, y la fe y el amor empezaron a sanar mis profundas heridas». En otras palabras: se topó con el amor de Dios. Al final de ese año, se bautizó en la iglesia bautista, dándole un nuevo rumbo a su vida.

Pero Dios no se detuvo ahí; quería que Devin se encontrase definitivamente con Él dentro de la Iglesia Católica. Ya desde el inicio nació en él la duda de por qué habían tantas divisiones y denominaciones dentro del cristianismo. Así se lo hizo notar a Matt, un buen amigo suyo bautista, considerado líder entre su grupo. Pero él no supo responderle.

Su anhelo por la verdad le carcomía el alma y no le dejaba en paz ver las divergencias en las predicaciones entre los diversos cristianos. Buscó ayuda en su lectura de la Biblia… pero también ahí se dio cuenta que unas confesiones la veían de una manera y otros de otra.

La pregunta de fondo no era baladí: ¿quiénes están realmente guiados por el Espíritu Santo? Porque el Espíritu Santo es «el Espíritu de Verdad», y la Verdad es una. ¿Cómo, entonces, producía tantos efectos?

Tras mucho pensar y orar, Devin decidió investigar qué denominaciones habían tenido la osadía de afirmar que eran la Iglesia que tenía la plenitud de la verdad. Su iglesia bautista ciertamente no lo decía, pero los católicos, los ortodoxos y los mormones sí que lo habían hecho. Sin habla ante los resultados y con mucho temor, empezó a investigar a la Iglesia Católica.

Durante mucho tiempo debatió con amigos protestantes, haciendo todo lo posible por no volverse católico. Pero mientras más estudiaba, más cuenta se daba de la autenticidad de la Iglesia. Y así, después de recibir una buena catequesis, fue recibido en la Iglesia en la Pascua del 2001, ceremonia a la que asistieron algunos de sus amigos protestantes.

Hoy, después de diez años de católico, Devin no puede sino ver con gratitud el camino recorrido: «Mi "Camino a Roma" comenzó con el riesgo de que Dios fuese real. Continuó con el descubrimiento de que Él me amó y de que era digno de mi confianza. Hoy, puedo decir que, después de vivir la fe católica desde hace diez años, mi confianza en Cristo y en Su Iglesia se ha vuelto cada día más fuerte». (Testimonio extraído de "Religión en libertad").

19 de marzo de 2012

Guardián de Jesús, casto esposo de María...




San José es el mayor de los santos. Ejemplo especial para los solteros, por su castidad; para los casados, como padre de la Sagrada Familia; para los religiosos y apóstoles, por su entrega a Jesús y María; para los sacerdotes por su respeto al tratar a Cristo; para los trabajadores, pues fue siempre un trabajador. Además, es el patrono de la buena muerte, ya que murió en los brazos de Jesús y María. De él dice Sta. Teresa: " No me acuerdo de haberle pedido cosa que la haya dejado de hacer. Es cosa que espanta las grandes mercedes que me ha hecho Dios por medio de este santo, los peligros de que me ha librado, así de cuerpo como de alma. Que a otros santos parece les dio el Señor gracia para socorrer en una necesidad; mas este glorioso santo tengo experimentado que socorre en todas, y que quiere el Señor darnos a entender que, así como le fue sujeto en la tierra, así en el cielo hará cuanto le pida". La iglesia le dedica dos fiestas: el 19 de Marzo y el 1° de Mayo.





Oración a San José por las familias.



"Oh Jesús, amabilísimo Redentor nuestro, que quisiste pasar la mayor parte de tu vida mortal en la humildad y en la obediencia a María y a José, en la pobre casa de Nazaret santificando la familia, acepta hoy a nuestra familia que se consagra a ti, protégela, guárdala, y anímala con tu ejemplo; dale la paz y la concordia de la caridad cristiana, para que siguiendo el ejemplo de Tu Familia, lleguemos todos a unirnos contigo, el Padre y el Espíritu Santo a la Familia Celestial de los Ángeles y los Santos. María, Madre amorosa de Jesús y nuestra cariñosa Madre, haz que con tu poderosa protección, Tu Hijo acepte esta nuestra Consagración y alcánzanos sus gracias y bendiciones divinas. Oh San José, custodio santo de Jesús y de María, ayúdanos con tus oraciones, en todas nuestras necesidades espirituales y temporales para que podamos alabar eternamente a Jesús, nuestro Redentor, junto contigo y con María, tu Esposa amada". Amén.

San José, el santo del silencio.

18 de marzo de 2012

No estamos solo...

No hay que tener vergüenza...



... de amar y hablar de Cristo, querido lector. Ni siquiera en las situaciones más extrañas… También a mí me tiemblan las piernas en algunas ocasiones, pero por pura gracia de Dios saco fuerzas y me tiro al ruedo. ¡Y me llevo cada santa sorpresa! Lea y asómbrese de lo que me pasó al respecto hace tan solo un mes durante un viaje a la ciudad de Nueva York:


Mientras esperaba junto a dos muchachos la llegada del ascensor en el piso 59 de un hotel, caí en la cuenta de que uno de ellos me era familiar. Se trataba del joven nominado a varios óscares Mark Wahlberg, modelo, actor y productor de películas tan taquilleras como El planeta de los simios, La tormenta perfecta o Boogie nights. Como soy amante del cine, había leído artículos sobre su persona y, tristemente, sabía que este joven tan admirado por millones de fans había tenido un pasado muy turbio. Había sido procesado 25 veces por delitos como hurtos, adicción a la cocaína, violencia racista, tentativa de asesinato y hasta por propinar una salvaje paliza a un joven vietnamita, a quien dejó tuerto. Fue encarcelado y cumplió una seria condena. Sin embargo, también oí que, por pura gracia de Dios, había experimentado últimamente un “leve” acercamiento a Dios, y que había hecho declaraciones muy hermosas: “Nada deseo más que encontrarme con aquel a quien dejé tuerto, pedirle perdón… Solo cuando comencé a hacer el bien al prójimo, pude empezar a vivir en paz. Estoy conociendo poco a poco a Jesús…”. Y, entonces, envalentonada por este recuerdo, me lancé... ¡Pero qué vergüenza me daba! “Va a pensar que estoy chalada…”, me dije.


“Hola Mark. Mira, soy…”, dije. No me pregunte cómo, querido lector, pero en un minuto le había hablado de mi conversión, de mi amor por Cristo, y le animaba a seguirle para vivir centrado en su paz. ¡Y antes de que ambos nos quisiéramos dar cuenta, ya éramos amigos! Me hizo muchas preguntas sobre mi fe bajando en ese ascensor… Justo antes de perdernos de vista para siempre (al llegar a la planta baja), en un impulso inexplicable, me quité el rosario que siempre llevo al cuello y se lo colgué. Me miró lleno de asombro… “¡Qué bonito!”, exclamó. “Es un arma contra el diablo”, dije. “El elemento de oración más hermoso que nos ha regalado nuestra Madre del Cielo. Aprende a rezarlo y vivirás bajo su protección.” “¡Muchísimas gracias!”, dijo, dándome un abrazo. “Adiós, María; seguiremos en contacto”. Eso fue todo, querido lector. Me pidió una tarjeta y le perdí entre la gente del hotel.


Cómo iba a imaginar que ayer mismo iba a recibir una llamada desde Los Ángeles: “Doña María, perdone que la moleste. Soy el agente del señor Walhberg. Ha estropeado el rosario que usted le regaló por exceso de uso... Lo llevaba siempre al cuello y oraba con él. Está desolado y le ruega encarecidamente que le envíe otro lo antes posible. Le atrae mucho su poderosa intercesión. ¡Considera que usted le ha ayudado mucho con su ejemplo de fe y le agradece que le haya enseñado el poder del Santo Rosario! ¿Puede hacerle este favor?”. ¡Qué cosas, querido lector! Y yo, por temer que me considerara una chalada, casi ni me había atrevido a decirle nada… (Testimonio de la escritora María Vallejo - Nágera).

¿Por qué confesarse?



La catequesis del cuarto domingo de Cuaresma del Santo Padre Benedicto XVI, tuvo como protagonista, el sacramento de la Penitencia.

Al acercarse la Semana Santa, cuando ya en el horizonte "se perfila la Cruz", entramos en un periodo en el que debemos "desenmascarar las tentaciones que hablan dentro de nosotros", dijo el Papa, porque "la Cruz es el vértice del amor, que nos alcanza la salvación".

Por tanto, "si el amor misericordioso de Dios, que llega al punto de entregar a su único Hijo en rescate de nuestra vida, es infinito, entonces también es grande nuestra responsabilidad: para que a uno le curen, debe reconocer que está enfermo. Hay que reconocer los propios pecados, para que el perdón de Dios, ya alcanzado en la Cruz, pueda tener efecto en nuestro corazón y en nuestra vida".

Y cita el Papa diversos comentarios de San Agustín al Evangelio de San Juan: "Dios condena tus pecados. Si tú los condenas también, te unes a Dios. Cuando comienza a disgustarte lo que has hecho es cuando comienzan tus obras buenas, porque [reconoces y] condenas tus obras malas".

Pero, señala Benedicto XVI, "a veces el hombre ama más las tinieblas que la luz, porque está apegado a sus pecados. Sólo abriéndose a la luz, sólo confesando sinceramente sus culpas a Dios, se encuentran la verdadera paz y la verdadera alegría. Por eso es importante acercarse con regularidad al sacramento de la Penitencia, en particular en Cuaresma, para recibir el perdón del Señor e intensificar nuestro camino de conversión".

22 de febrero de 2012

Al iniciar la Santa Cuaresma: limosna, oración y ayuno.




"Ayunar es un remedio de males y una fuente de premios, mas no ayunar en Cuaresma es un pecado. El que ayuna en otro tiempo, recibirá indulgencia; pero el que no lo hace durante la Cuaresma, será castigado". El que no pueda ayunar por enfermedad, coma sencillamente y sin ostentación "Y ya que no puede ayunar, debe ser más caritativo para con los pobres, a fin de redimir con sus limosnas los pecados que no puede curar ayunando. Hermanos, es muy bueno ayunar pero mejor aún dar limosna; mas si se puede practicar lo uno y lo otro, son dos grandes bienes. El que puede dar limosna y no ayunar, entienda que la limosna le basta sin el ayuno. Más no basta el ayuno sin la limosna. El ayuno sin la limosna no es obra buena, a no ser que el que ayuna sea tan pobre, que no tenga nada que dar. Así, pues, en este caso, bástele la buena voluntad".


¿Qué respuesta daremos, hermanos, qué excusa alegaremos nosotros, que, poseyendo anchas y espaciosas mansiones, apenas nos dignamos alguna vez recibir en ellas a un peregrino? Y eso que no ignoramos, sino que continuamente estamos confesando que en los peregrinos recibimos a Cristo, como El mismo dijo: Peregriné y me acogisteis... Cuantas veces hicisteis eso a uno de estos mis hermanos menores, a mí me lo hicisteis (Mt. 25,35.40). Nos resulta enojoso recibir en nuestra casa a Cristo en la persona de los pobres y yo me temo que él haga lo mismo con nosotros en el cielo, y que no nos reciba en su gloria. Lo despreciamos en el mundo y yo me temo que él a su vez nos desprecie en el cielo, según aquella sentencia: Tuve hambre y no me disteis de comer... (Mt. 25,42). Fijémonos, carísimos hermanos, en estas palabras; no las oigamos de manera indiferente ni sólo con los oídos del cuerpo, sino que escuchándolas con fidelidad, hagamos de palabra y con el ejemplo que otros también las oigan y las cumplan También nos dice el Señor por boca del profeta Isaías que hemos de vestir al desnudo. Precepto riguroso y muy digno de temerse. Yo, sin embargo, no juzgo a nadie. (Fragmento Sermón 25, San Ambrosio de Milán).


La Cuaresma llama a nuestra puerta ¿qué escusa podemos poner? ¿Por qué no abrir la puerta y dejar que entre en nuestra vida y nos conduzca hacia del Señor?


La Cuaresma es viene como un peregrino y nos pide alojarse en nuestras casas. ¿Tenemos la estancia preparada? Bueno, tampoco hacen falta grandes agasajos, ya que la Cuaresma es sencilla y humilde.


La Cuaresma nos trae tres maravillosas herramientas para trabajar unidos a Dios: Ayuno, limosna y oración. San Ambrosio nos dice que estas tres herramientas deben trabajar unidas: Mas no basta el ayuno sin la limosna. Tampoco basta el ayuno y la limosna sin oración, ya que la oración nos sintoniza con la voluntad de Dios. El ayuno complementa la limosna, porque con el simbolizamos el desapego a nuestras necesidades. Quitarnos lo nuestro para dárselo a quien lo necesita.


En el Mensaje para la Cuaresma 2012, Benedicto XVI nos recuerda que el itinerario cuaresmal debe estar centrado en la caridad. Caridad que consiste en estar atentos los unos a los otros en un espíritu de responsabilidad y de verdadera fraternidad, que nos impulse a desear el bien de nuestro prójimo en todos sus aspectos (físico, moral y espiritual), en una dimensión de reciprocidad que nos ayude a caminar juntos en la santidad.


La limosna se suele entender desde el punto de vista económico, pero seguramente nos encontremos con buenas oportunidades para ayudar a nuestros hermanos de mil formas diferentes. Se trataría de ayudarles y colaborar con ellos de manera desinteresada y animosa.


Queda recordar la oración. ¿Qué haríamos sin la oración?


Los ministros de la gracia divina, inspirados por el Espíritu Santo, hablaron acerca de la conversión. El mismo Señor de todas las cosas habló también de la conversión, avalando sus palabras con juramento: Por mi vida – dice el Señor –, no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta, añadiendo además a aquellas palabras tan conocidas: Cesad de obrar mal, casa de Israel. Di a los hijos de mi pueblo: «Aunque vuestros pecados lleguen hasta el cielo, aunque sean como la grana y rojos como escarlata, si os convertís a mi de todo corazón y decís: "Padre", os escucharé como a mi pueblo santo que sois.» (Carta a los Corintios. San Clemente Romano)


Si el sentido de la Cuaresma es la conversión ¿Cómo podemos dejar de orar al Señor? El Señor se complace en que cambiemos y que le llamemos “Padre”


Tenemos por delante cuarenta días para preparar nuestro corazón para vivir la Pascual. Aprovechemos desde el primer día esta magnífica oportunidad". (Extraído de Religión en Libertad)

18 de febrero de 2012

Para acordarse de Dios durante el día...




Cuando se tiene mucho trabajo, es posible olvidarse de dirigir al Señor o a la Virgen unas palabras de afecto. San Josemaría aconsejaba poner 'despertadores', por ejemplo, objetos o imágenes de la Santísima Virgen, que nos recuerden volver la mirada a Dios de vez en cuando durante la jornada.

14 de febrero de 2012

69º Aniversario de la S.S.S.C.




Hoy, 14 de febrero, para algunos sacerdotes, lejos de celebrar el dia de los enamorados como lo entiende la sociedad, celebramos el aniversario de la fundación de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, unida a la Prelatura del Opus Dei, fundada en Madrid, por San Josemaría Escrivá de Balaguer, el 14 de febrero de 1943, hace hoy 69 años. He aqui un video a modo de breve reseña de lo que es la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz (S.S.S.C.)

11 de febrero de 2012

Por los enfermos.




"Oh santísima Virgen de Lourdes, Madre de Dios y Madre nuestra!.


Llenos de aflicción y con lágrimas fluyendo de los ojos, acudimos en las horas amargas de la enfermedad a vuestro maternal corazón, para pediros que derraméis a manos llenas el tesoro de vuestras misericordias sobre nosotros.


Indignos somos por nuestros pecados de que nos escuchéis: pero acordaos, os diré con vuestro siervo San Bernardo, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a Vos haya sido abandonado de Vos. ¡Madre tierna! ¡Madre bondadosa! ¡Madre dulcísima!, ya que Dios obra por vuestra mano curaciones sin cesar en la Gruta prodigiosa de Lourdes donde te apareciste, sanando tantas víctimas del dolor, guardad también una mirada de bendición para nuestros pobres enfermos.


Alcanzadle de vuestro Divino Hijo Jesucristo la deseada salud, si ha de ser para mayor gloria de Dios. Pero mucho más alcanzadnos a todos el perdón de nuestros pecados, paciencia en los sufrimientos y sobre todo un amor grande y eterno a nuestro Dios prisionero por nosotros en los Sagrarios. Amén".


Virgen de Lourdes, rogad por nosotros.

Consuelo de los afligidos, rogad por nosotros.

Salud de los enfermos, rogad por nosotros.

4 de febrero de 2012

Que Madre nuestra es.




Venid y vamos todos,

con flores a porfía

con flores a María,

que Madre nuestra es.



De nuevo aquí nos tienes,

purísima doncella,

más que la luna bella,

postrada a tus pies.



Veníamos a ofrecerte

las flores de este suelo;

con cuánto amor y anhelo,

Señora, tú lo ves.



Tu poderosa mano

defiéndanos, Señora,

y siempre, desde ahora,

a nuestro lado estés.

Sobre Roma, nieve...




"Mientras el mundo duerme,

cae la nieve,

sin que el hombre que sufre,

de Dios se acuerde...


Y nieva sobre el suelo,

la paz del cielo,

una nieve que dice

que Dios es bueno".



(José L. Martín Descalzo)

3 de febrero de 2012

Para pensar...




Esta mañana, un amigo sacerdote me ha enviado esta breve reflexión que quiero compartir con todos vosotros. Que te haga pensar... Gracias Javi.


"Los hombres pierden la salud para ganar dinero, después pierden el dinero para recuperar la salud. Por pensar demasiado en lo que les depara el futuro, se olvidan del presente de tal modo que al final no viven ni el presente ni el futuro. Y viven como si nunca fueran a morir... y mueren como si nunca hubiesen vivido".


San Blas, obispo y mártir.




No es exagerado afirmar que hoy celebramos uno de los santos más populares del Calendario litúrgico.


Nació en Sebaste, Armenia, en la segunda mitad del siglo III. Parece que fue médico y que se entregó a toda clase de ejercicios que le deparaba su profesión para hacer actos de caridad con cuantos se presentaban ante él. Las Actas le presentan adornado de toda clase de virtudes cristianas: Era humilde, caritativo, manso, piadoso, casto, inocente... en una palabra: Santo.


Quiso retirarse a la soledad para allí acabar sus días entregado de lleno a la oración y a la maceración de su cuerpo, pero siempre es verdad que unos son los planes del hombre y otros los de Dios...


La sede episcopal de Sebaste quedó vacante y la voz común de todos los cristianos fue esta: Nadie mejor para ocupar la sede vacante que Blas por su sabiduría y su santidad de vida. Por ello y muy a pesar suyo hubo de aceptar el nuevo servicio que se le imponía para bien de sus hermanos y la gloria de Dios.


En aquel momento se desencadena una durísima persecución por obra del emperador Diocleciano contra los cristianos. Esta persecución fue durísima, sobre todo, en Sebaste hasta tal punto que fue llamada La ciudad de los mártires. Si así era para los simples cristianos ¿qué suerte esperará el pastor de ellos? Blas recuerda las palabras del Evangelio: "Si os persiguen en una ciudad huid a otra". Blas sabe que no es prudente enfrentarse abiertamente contra sus enemigos y que debe ayudar a los cristianos de su diócesis y a cuantos pueda llegar con sus palabras a ser fieles al Señor y valientes ante el martirio... Por ello se esconde en un bosque y desde una pobre gruta, no teniendo más compañía que los animales salvajes, que le respetan y ayudan como los más fieles servidores, se dirige a sus feligreses animándoles en su tarea de ser testimonio valiente de Jesucristo...


De cuando en cuando abandona valientemente la gruta y baja hasta la ciudad para animar y consolar a los encarcelados. Las Actas cuentan el caso cuando baja para consolar al mártir San Eustracio, que compra a los carceleros para que le permitan entrar y una vez en la cárcel besa con gran afecto las cadenas de Eustracio y le anima a perseverar en la lucha... Blas le da la Eucaristía. Salta de emoción... y al día siguiente, mientras Blas ha vuelto a su escondite para desde allí gobernar su diócesis, Eustracio sube al patíbulo glorioso del martirio...


Por fin le llegó la hora a Blas. Estaba en su gruta del monte Argeo, cuando llegaron los enviados del gobernador de Capadocia, el tirano Agrícola. Al verlos llegar les salió al encuentro y les saludó diciendo: "Bienvenidos seáis, amigos. Os esperaba. Partamos en el nombre del Señor". Después se dirige a sus fieles y les dice con gran valor: "Vamos a derramar nuestra sangre por Jesucristo. Al fin se ven colmados mis ardientes deseos. Esta noche me ha comunicado el Señor que finalmente se digna aceptar mi holocausto".


Agrícola le dice: "Ya conoces nuestro dilema: O sacrificar o morir". Y Blas valiente: "No os canséis. No hay otro Dios que Jesucristo. El es el Eterno e Inmortal. Los demás son dioses falsos con los que no quiero arder en el Infierno".


Lo demás ya lo recogen las Actas. Palizas, escarnios, azotes, hierros candentes, pero Blas siempre fue fiel a Jesucristo hasta que expiró en el Señor. Muchos son los que tanto ayer como hoy lo tienen por Patrón e Intercesor ante el Señor.

2 de febrero de 2012

Presentación de Jesús en el Templo.




Siméon era un anciano devoto judío a quién el Espíritu Santo le había prometido que no moriría hasta haber visto al Salvador. Cuando María y José, llevaron al Niño Jesús al Templo de Jerusalén para presentarlo, obedeciendo a la Ley de Moisés, según la cual ordenaba que todo primogénito varón debia ser presentado en el templo y consagrado al Señor, Simeón estaba allí, y tomando a Jesús en sus brazos, recitó el siguiente canto:



"Ahora Señor según tu promesa,

puedes dejar a tu siervo irse en paz,

porque mis ojos han visto a tu Salvador,

a quien has presentado ante todos los pueblos:

luz para alumbrar a a las naciones

y gloria de tu pueblo Israel"