11 de febrero de 2011

Que soy era Immaculada Councepciou.


Celebramos como cada 11 de febrero a Ntra. Sra. de Lourdes y la Jornada Mundial del Enfermo, por ser Lourdes, el lugar mariano a donde acuden cada año, millones de enfermos y peregrinos buscando alivio y consuelo a sus padecimientos tanto físicos como espirituales. Y como sabemos, el 11 de febrero de 1858, la Virgen María se apareció a una joven campesina llamada Bernardette Soubirous, en la Gruta de Massabielle, en la localidad de Lourdes (Sur de Francia). Y es que según el testimonio de la jovencita Bernardette, en la abertura de la roca de Massabielle se alza ante su vista una joven, inmóvil y silenciosa; "tan bella que cuando se la ha visto una vez, se querría morir para volverla a ver". Después de la primera aparición, la Virgen se vuelve a aparecer unas diecisiete veces más. Cuatro años antes, el 8 de diciembre de 1854, el Papa Pio IX, había definido el Dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen María.

"Cierto día fui a la orilla del río Gave a recoger leña con otras dos niñas. Enseguida oí como un ruido. Miré a la pradera, pero los árboles no se movían. Alcé entonces la vista hacia la gruta y vi a una mujer vestida de blanco, con un cinturón azul celeste y sobre cada uno de sus pies una rosa amarilla, del mismo color que las cuentas de su rosario. Creyendo engañarme, me restregué los ojos; pero alzándolos, vi de nuevo a la joven, que me sonreía y me hacía señas de que me acercase. (..) ". "Entonces se me ocurrió rezar y metí la mano en el bolsillo para buscar el rosario. Me arrodillé. Vi que la joven se santiguaba... Mientras yo rezaba, ella iba pasando las cuentas del Rosario (..) Terminado el rosario, me sonrió otra vez, se elevó un poco y desapareció. (..). Aquella Señora no me habló hasta la tercera vez..." " Y al preguntarle quien era, me dijo: Que soy era Immaculada Councepciou -Yo soy la Inmaculada Concepción-" (Relato de Santa Bernardette Soubirous sobre las apariciones de la Virgen).



Oración del enfermo por Juan Pablo II:

Señor, Tu conoces mi vida y sabes mi dolor,
haz visto mis ojos llorar,
mi rostro entristecerse,
mi cuerpo lleno de dolencias
y mi alma traspasada por la angustia.


Lo mismo que te pasó a ti
cuando, camino de la cruz,
todos te abandonaron
hazme comprender tus sufrimientos
y con ellos el Amor que Tu nos tienes.
Y que yo también aprenda,
que uniendo mis dolores a Tus dolores
tienen un valor redentor por mis hermanos.


Ayúdame a sufrir con Amor,
hasta con alegría.
Sí no es ¨posible que pase de mi este cáliz¨.
Te pido por todos los que sufren:
por los enfermos como yo,
por los pobres, los abandonados, los desvalidos,
los que no tienen cariño ni comprensión
y se sienten solos.

Señor: Sé que también el dolor
lo permites Tu para mayor bien de los que te amamos.
Haz que estas dolencias que me aquejan,
me purifiquen, me hagan más humano,
me transformen y me acerque más a Ti. Amén.

9 de febrero de 2011

Sólo por hoy...



- Sólo por hoy, trataré de vivir exclusivamente el día, sin querer resolver el problema de mi vida todo de una vez.

- Sólo por hoy, tendré el máximo cuidado de mi aspecto, cortés en mis maneras, no criticaré a nadie y no pretenderé mejorar o disciplinar a nadie, sino a mí mismo.

- Sólo por hoy, seré feliz en la certeza de que he sido creado para la felicidad, no solo en el otro mundo, sino en este también.

- Sólo por hoy, me adaptaré a las circunstancias, sin pretender que las circunstancias se adapten todas a mis deseos.

- Sólo por hoy, dedicaré diez minutos de mi tiempo a una buena lectura, recordando que, como el alimento es necesario para la vida del cuerpo, así la buena lectura es necesaria para la vida del alma.

- Sólo por hoy, haré una buena acción y no lo diré a nadie

- Sólo por hoy, haré por lo menos una cosa que no deseo hacer, y si me sintiera ofendido en mis sentimientos, procuraré que nadie se entere.

- Sólo por hoy, me haré un programa detallado. Quizá no lo cumpliré cabalmente, pero lo redactaré. Y me guardaré de dos calamidades: la prisa y la indecisión.

- Sólo por hoy, creeré firmemente (aunque las circunstancias demuestren lo contrario) que la buena providencia de Dios se ocupa de mí como si nadie existiera en el mundo.

- Sólo por hoy, no tendré temores. De manera particular no tendré miedo de gozar de lo que es bello y de creer en la bondad.


(Decálogo de la serenidad, del Papa Juan XXIII).

7 de febrero de 2011

Enséñanos, ayúdanos...


"Enséñanos a nosotros, te pedimos,
la humildad del corazón
para formar parte
de los pequeños del Evangelio,
a quienes el Padre
les ha prometido revelar
los misterios de su Reino.

Ayúdanos a rezar
sin cansarnos nunca,
seguros de que Dios conoce
lo que necesitamos,
antes de que se lo pidamos.

Danos una mirada de fe
capaz de reconocer con prontitud
en los pobres y en los que sufren
el rostro mismo de Jesús.

Apóyanos en la hora
del combate y de la prueba y, si caemos,
haz que experimentemos
la alegría del sacramento del perdón.

Transmítenos tu tierna devoción a María,
Madre de Jesús y nuestra.

Acompáñanos en la peregrinación terrena
hacia la patria bienaventurada,
donde esperamos llegar también nosotros
para contemplar para siempre
la Gloria del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo".

(Oración pronunciada por Juan Pablo II en la Misa de canonización del Padre Pío, el 16 de Junio de 2002).

5 de febrero de 2011

Quiero conocerlo en su bondad...


Hace unos días, un amigo sacerdote me envió esta breve reflexión que escuché hace mucho tiempo y que hoy comparto con todos vosotros. Tal vez nos ayude a descubrir que en muchas ocasiones con nuestra forma de comportarnos seremos la única Biblia que la gente pueda leer.

"Un capellán se aproximó a un soldado herido en medio del campo de batalla y le preguntó:

+ ¿Quieres que te lea la Biblia?

- Primero dame agua, que tengo sed. Respondió el soldado malherido.

El capellán le dio el último trago de su cantimplora, aunque sabía que no había más agua en kilómetros a la redonda.

+ ¿Ahora?, preguntó de nuevo.

- Primero dame de comer, le suplicó el soldado.

El capellán le dio el último mendrugo de pan que atesoraba en su mochila.

- Tengo frío, fue el siguiente clamor.

Y el hombre de Dios se despojó de su abrigo de campaña pese al frío que lo calaba y cubrió al lesionado.

- Ahora sí, le dijo el soldado al capellan. Háblame de ese Dios que te hizo darme tu última gota de agua, tu último mendrugo de pan, y tu único abrigo. Quiero conocerlo en su bondad".

2 de febrero de 2011

Luz para alumbrar a las naciones...


El día 2 de febrero de cada año, celebramos con toda la Iglesia la fiesta de la Presentación del Niño Jesús en el templo de Jerusalem.

En tiempos de Jesús, la Ley prescribía en el Levítico que toda mujer debía presentarse en el templo para purificarse a los cuarenta días que hubiese dado a luz. Si el hijo nacido era varón, debía ser circuncidado a los ocho días y la madre debería permanecer en su casa durante treinta y tres días más, purificándose a través del recogimiento y la oración.

Cuando se cumpliera la fecha, acudía en compañía de su esposo a las puertas del Templo para llevar una ofrenda: un cordero si eran ricos y una paloma o tórtola si eran pobres. Con respecto al niño, todo primogénito debía ser consagrado al Señor, en recuerdo de los primogénitos de Egipto que había salvado Dios. Lo mismo pasaba con los animales primogénitos.

José y María, cumpliendo con la Ley, llevaron a Jesús al templo de Jerusalén. Y como eran pobres, ofrecieron dos palomas. Al entrar en el recinto sagrado, el anciano Simeón, movido por el Espíritu Santo, tomó al Niño Jesús en brazos y lo bendijo diciendo: "Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel", dando a entender que ese Niño sería la luz que iluminaría a los gentiles. Después, volviéndose a María dijo: "y a tí una espada te traspasará el alma" profetizando los sufrimientos que tendría que afrontar.

También ese día, se recuerdan las palabras de Simeón, llevando candelas (velas encendidas) a bendecir, las cuales simbolizan a Jesús como Luz de todos los hombres. De aquí viene el nombre de la “Fiesta de las candelas” o el “Día de la Candelaria”.

Esta fiesta de la Presentación del Niño Jesús en el Templo o de la Candelaria, es una fiesta que podemos aprovechar para reflexionar acerca de la obediencia y fidelidad de María y para agradecer a Jesús que haya venido a iluminar nuestros corazones en el camino hacia la salvación eterna.

31 de enero de 2011

Don Bosco


Celebramos hoy con toda la familia Salesiana, la memoria de San Juan Bosco, sacerdote italiano, apóstol de la juventud (1815-1888). El Oficio Divino de este día, nos ofrece como segunda lectura, una carta de Don Bosco dirigida a sus hijos salesianos de entonces pero que bien vale para cualquiera de los que nos hemos entregado al Amor en la actualidad.

TRABAJÉ SIEMPRE CON AMOR.

"Si de verdad buscamos la auténtica felicidad de nuestros alumnos y queremos inducirlos al cumplimiento de sus obligaciones, conviene ante todo que nunca olvidéis que hacéis las veces de padres de nuestros amados jóvenes, por quienes trabajé siempre con amor, por quienes estudié y ejercí el ministerio sacerdotal, y no sólo yo, sino toda la Congregación salesiana.

¡Cuántas veces, hijos míos, durante mi vida, ya bastante prolongada, he tenido ocasión de convencerme de esta gran verdad! Es más fácil enojarse que aguantar, amenazar al niño que persuadirlo; añadiré incluso que, para nuestra impaciencia y soberbia, resulta más cómodo castigar a los rebeldes que corregirlos, soportándolos con firmeza y suavidad a la vez.

Os recomiendo que imitéis la caridad que usaba Pablo con los neófitos, caridad que con frecuencia los llevaba a derramar lágrimas y a suplicar, cuando los encontraba poco dóciles y rebeldes a su amor.

Guardaos de que nadie pueda pensar que os dejáis llevar por los arranques de vuestro espíritu. Es difícil, al castigar, conservar la debida moderación, la cual es necesaria para que en nadie pueda surgir la duda de que obramos sólo para hacer prevalecer nuestra autoridad o para desahogar nuestro mal humor.

Miremos como a hijos a aquellos sobre los cuales debemos ejercer alguna autoridad. Pongámonos a su servicio, a imitación de Jesús, el cual vino para obedecer y no para mandar, y avergoncémonos de todo lo que pueda tener incluso apariencia de dominio; si algún dominio ejercemos sobre ellos, ha de ser para servirlos mejor.

Éste era el modo de obrar de Jesús con los apóstoles, ya que era paciente con ellos, a pesar de que eran ignorantes y rudos, e incluso poco fieles; también con los pecadores se comportaba con benignidad y con una amigable familiaridad, de tal modo que era motivo de admiración para unos, de escándalo para otros, pero también ocasión de que muchos concibieran la esperanza de alcanzar el perdón de Dios. Por esto nos mandó que fuésemos mansos y humildes de corazón.

Son hijos nuestros, y por esto, cuando corrijamos sus errores, hemos de deponer toda ira o, por lo menos, dominarla de tal manera como si la hubiéramos extinguido totalmente.

Mantengamos sereno nuestro espíritu, evitemos el desprecio en la mirada, las palabras hirientes; tengamos comprensión en el presente y esperanza en el futuro, como conviene a unos padres de verdad, que se preocupan sinceramente de la corrección y enmienda de sus hijos.

En los casos más graves, es mejor rogar a Dios con humildad que arrojar un torrente de palabras, ya que éstas ofenden a los que las escuchan, sin que sirvan de provecho alguno a los culpables."

20 de enero de 2011

El mendigo que confesó a Juan Pablo II.


Como ya sabemos, el próximo 1 de mayo, Benedicto XVI, declarará beato a su antecesor en la “Silla de Pedro”, Juan Pablo II. Ante este evento tan importante para la Iglesia y tan esperado por todos los que tuvimos la dicha de conocerle y amarle como él nos amó a ejemplo e imagen del Maestro, relato un episodio poco conocido de la vida del Papa Juan Pablo II que tal vez muchos ya conocen.

"En Roma, un sacerdote norteamericano de la diócesis de Nueva York se disponía a rezar en una de las parroquias cuando, al entrar, se encontró con un mendigo. Después de observarlo durante un momento, el sacerdote se dio cuenta de que conocía a aquel hombre. Era un compañero del seminario, ordenado sacerdote el mismo día que él. Ahora mendigaba por las calles.

El cura, tras identificarse y saludarle, escuchó de labios del mendigo cómo había perdido su fe y su vocación. Quedó profundamente estremecido.

Al día siguiente el sacerdote llegado de Nueva York tenía la oportunidad de asistir a la Misa privada del Papa al que podría saludar al final de la celebración, como suele ser la costumbre. Al llegar su turno sintió el impulso de arrodillarse ante el santo Padre y pedir que rezara por su antiguo compañero de seminario, y describió brevemente la situación al Papa.

Un día después recibió la invitación del Vaticano para cenar con el Papa, en la que solicitaba llevara consigo al mendigo de la parroquia. El sacerdote volvió a la parroquia y le comentó a su amigo el deseo del Papa. Una vez convencido el mendigo, le llevó a su lugar de hospedaje, le ofreció ropa y la oportunidad de asearse.

El Pontífice, después de la cena, indicó al sacerdote que los dejara solos, y pidió al mendigo que escuchara su confesión. El hombre, impresionado, les respondió que ya no era sacerdote, a lo que el Papa contestó: "una vez sacerdote, sacerdote siempre". "Pero estoy fuera de mis facultades de presbítero", insistió el mendigo. "Yo soy el obispo de Roma, me puedo encargar de eso", dijo el Papa.

El hombre escuchó la confesión del Santo Padre y le pidió a su vez que escuchara su propia confesión. Después de ella lloró amargamente. Al final Juan Pablo II le preguntó en qué parroquia había estado mendigando, y le designó asistente del párroco de la misma, y encargado de la atención a los mendigos". (Relato extraído de Aciprensa)

18 de enero de 2011

2011, AÑO DEL CONSUMISMO...


Según los más reconocidos expertos en economía, marketing y tendencias del consumidor, el año 2011 será el AÑO DEL CONSUMISMO.

Es por ello por lo que en 2011 tendrá que quedarse:

CON SU MISMO COCHE.

CON SU MISMO SUELDO.

CON SU MISMO TECHO.

CON SU MISMO VESTUARIO.

CON SU MISMO PAR DE ZAPATOS.

Y solo si Dios quiere...

CON SU MISMO TRABAJO.

No nos podemos quejar, verdad!!!

¡Arriba el CONSUMISMO, porque no hay otra cosa!

16 de enero de 2011

Un ateo a favor de la Iglesia Católica.




El siguiente artículo, apareció publicado en El Diario Montañés, el pasado mes de noviembre. Su autor es José Manuel López Veja, Médico especialista en el Hospital Valdecilla:

“Si es reprochable empezar hablando de uno mismo, también será esclarecedor decir de entrada que mi pensamiento y mi vida discurren ajenos a los dioses, en general, y al Dios de los católicos en particular. No comulgué ni fui confirmado, me casé por lo civil, mis dos hijos no fueron bautizados y han estudiado en escuelas laicas, como su padre. Por lo breve, digo, ni soy católico ni aguardo orientación de ninguna fe religiosa, la que fuere. ¿A qué viene, entonces, mi chocante postura de destinar la X del IRPF a la Iglesia Católica? Algunos la tildarán de gracieta simplona, otros de contradicción incomprensible, de inane provocación, etcétera. Nada opongo a tales opiniones, menos aún si sustentan la idea, más o menos refinada, de que seré aproximadamente un gilipollas. Pero si alguien desea curiosear en por qué un ateo marca su X a favor de la Iglesia, quizá le interesen mis tres razones principales:

1ª. Ante las privaciones de muchos seres humanos (no solo en países subdesarrollados), es natural fomentar la ayuda y la cooperación. Que se describan con palabras como solidaridad, compasión, justicia o caridad es lo de menos; lo crucial es canalizarlas a través de organizaciones eficientes.

Ya sé que existen las recientes criaturas llamadas oenegés, pero cómo negar el papel histórico de las misiones católicas y de Cáritas en ese terreno. No estableceré un ranking de altruismo, pero yo, siendo ateo, dudo que los recursos administrados por la Iglesia sean desdeñables o necesariamente sustituibles: voto por mantenerlos.

2ª. Para explicar la idea de Europa -y no digamos la de España- a un extraterrestre, sería imposible obviar el catolicismo. Entre nosotros, terrícolas, sería fatigoso desgranar su legado intelectual, arquitectónico, ético y artístico. Asistí recientemente a la misa dominical en un convento de clarisas, con su olor inefable a musgo e incienso. A mediodía, las monjas ocupan un coro, allá por el ábside; los fieles llenan la pequeña nave y el cura lee sugestivos textos, y lo hace bien, y por un momento me siento parte de algo más grande y más permanente que yo, algo que sosiega la respiración y atempera el pulso, sin necesidad de lapidar a nadie. Y luego visité otra iglesia, donde se cantaban bellísimas habaneras de tema religioso. Voto por ese espíritu de paz y concordia, aunque yo no sea creyente.

3ª. Justo por no serlo, me parece inexplicable el furor obsesivo por bajar los crucifijos de los colegios. No veo qué daño causan los símbolos de una fe que no me asiste, pero sí ilustra mi paisaje histórico y emocional. Me espanta el fanático que se jacta de clausurar escuelas católicas o quemar frailes. No concibo que un absurdo revanchismo haga saludar a gobernantes infames como Chávez y ningunear al Papa, líder espiritual de muchos compatriotas. A mi juicio de ateo, es lógico y deseable que el Estado sea laico, pero sucede que España no lo es. Hay vida inteligente fuera del Estado, así que pongo la X para la Iglesia Católica, no vaya a ser que algún insensato la destine a construir mezquitas y tengamos que resucitar a don Juan de Austria”.

15 de enero de 2011

Con el paso de los años...


… uno va envejeciendo, ciertamente, pero también vamos descubriendo a personas que de un modo u otro, van marcando nuestras vidas, y es que hace algún tiempo, un amigo estupendo, de esos que podemos llamar “especiales”, sencillamente porque lo son y se lo han currao, de esos que trasnochan por nosotros si hiciese falta, de esos que nos llaman todos los días mientras dura nuestro proceso gripal, de esos que sin querer, nos hacen sufrir con alguna bromilla un tanto merecida, je, je, je, me escribió un sms diciéndome algo así: “Es verdad que no sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos, pero también es verdad que no sabemos lo que nos hemos estado perdiendo hasta que lo hemos encontrado”.

Y así es, las cosas más valiosas, los buenos regalos en la vida, no se compran en los grandes almacenes. En esta vida, los grandes regalos están junto a nosotros, y son nuestros amigos, y no existe moneda de compra para ello, perdón, si hay una moneda de gran valor, mayor que el oro, se llama Amor. Si nos dedicáramos a negociar con ella, ¿se imaginan la cosecha?.

Sí amigos, el valor de las cosas no está en el tiempo que duran, sino en la intensidad con que suceden. Por eso, en esta vida existen momentos inolvidables, cosas inexplicables y personas incomparables. Felices y merecidas vacaciones. Gracias.

13 de enero de 2011

Querido amigo:


¿Cómo estás?, te escribo esta carta porque quiero decirte que te amo, y me gustaría tener una relación más cercana contigo. De más está que te pregunte como estás, porque estoy pendiente de ti cada minuto, y hasta ese último pensamiento que tantas veces te desvela, lo conozco.

Te noto a veces tan distante de mí, que he sentido miedo de perderte para siempre. Ayer te vi muy triste y quise arrancar de ti esa angustia, lo grité a los cuatro vientos pero no me buscaste. Te vi ayer hablando con tus amigos, te vi comer fuera de hora, y recorrí contigo la calle de tu casa, quise mirar con tus ojos eso que guardas y que te provoca tanta nostalgia, y quise que tú me escucharas pero no lo hiciste, y así esperé todo el día.

Al llegar la noche te di una hermosa puesta de sol para cerrar tu día, y una suave brisa para tu descanso. Después de un día tan agitado, esperé, pero nunca viniste. Te vi dormir anoche y quise tocar tu frente, envié rayos de luna que se reflejaron en tu casa para ver si te despertabas conmigo, pero seguías en tu sueño.

Quiero compartir contigo tantas cosas, pero no me dejas. En la mañana era tarde y te fuiste apresurado sin ni siquiera sospechar lo importante que eres para mí. Te amo y trato de decírtelo por medio del cielo azul, de la lluvia.... y mi voz se pierde como un eco detrás de tus pensamientos.

Te hablo al oído a través de las hojas de los árboles y el olor de las flores, te grito en los riachuelos de la montaña, doy a los pajaritos canto de amor solo para ti. Te visto con el calor del sol y te perfumo el aire con el aroma de la naturaleza. Me escucharás cuando hagas silencio en tu interior, te intento guiar moviendo en ti buenos deseos, déjate llevar por ellos. No estoy en el más allá... estoy en tus pensamientos! Regálale una mirada de amor a todo el que te rodea y me descubrirás a cada instante.

Hoy busqué alguien que me prestó sus manos y esta hoja de papel para escribirte, en lo adelante escribiré en tu corazón si me lo permites, solo dime Si... yo se que es duro vivir en este mundo, realmente lo se, pero si confías en mi, a partir de hoy tendrás nuevas fuerzas. Habla conmigo, desahoga tus angustias y ansiedades que yo siempre tengo tiempo para ti, cuéntamelo todo, llora si quieres, soplaré tus lágrimas para acariciar tu rostro.

Llámame a cualquier hora del día o de la noche, que yo nunca duermo, y siempre te responderé. Si puedes caminar y mirar con amor el universo, con humildad tu rostro en el espejo, con ternura aquel que te sonríe, con misericordia aquel que te pide compasión, y con perdón aquel que te hizo llorar... mi voz serán tus pensamientos!... Que no sea largo el camino que habré de recorrer tras de tí.

Tu amigo fiel, JESÚS.

12 de enero de 2011

Experiencias que no se olvidan......













Hay cosas en esta vida que no se olvidan tan fácilmente, ya sean experiencias vividas en el seno familiar, momentos compartidos con amigos entrañables o viajes realizados al lugar más deseado de nuestro mundo. Nuestras vidas estan llenas de experiencias, experiencias intensas, auténticas y gratificantes, que lejos de quedar solo en la retina, pasan antes por el corazón y alli se quedan para siempre. Y esto lo digo, porque el pasado verano, como experiencia inolvidable y para repetir, tuve la gran oportunidad de pasar algunos días en Pietrelcina y en San Giovanni Rotondo, lugar de nacimiento y muerte del Padre Pío (fraile capuchino y primer sacerdote estigmatizado de la historia de la Iglesia), y al mismo tiempo, tuve la dicha de celebrar, con gran emoción, la Santa Misa, en los mismos altares donde durante muchísimos años él la celebró. Y como las penas no vienen solas, así pasa con las alegrías, tuve la suerte de compartir diálogo y concelebrar la Santa Misa en Piana Romana (Pietrelcina) con el Padre Giuliani, fraile capuchino que durante 15 años convivió con Padre Pío en el convento de San Giovanni Rotondo.
Era el 7 de septiembre de 2010, el mismo día del centenario de la aparición de los primeros estigmas internos. Y aquí, en Piana Romana, en el campo, bajo un olmo, Padre Pío, joven sacerdote, recibe por primera vez de Jesús los primeros síntomas de lo que luego serán las llagas de la Pasión. Es el 7 de septiembre de 1910. Él mismo lo cuenta en una carta:
"Anoche yo recibí una cosa que no sé aclarar ni comprender. En medio de las palmas de los manos ha aparecido un poco de rojo, ancho casi como un céntimo y acompañado también de un intenso dolor en medio de aquel rojo......También debajo de mis pies yo siento un poco de dolor...”. (Padre Pío a su confesor Padre Agostino, 8 de septiembre de 1910).

6 de enero de 2011

"Hemos visto su estrella..."


Esta Fiesta que hoy celebramos en la Iglesia, invadida por la ilusión y los regalos, no debiera hacernos pasar por alto el más preciado de los presentes que hemos tenido, el principal “regalo” que nos trae la Epifanía y que es Jesús, el Hijo de Dios, nuestra salvación y la luz de todos los pueblos.

La Solemnidad de la Epifanía celebra la adoración de unos “Magos venidos de Oriente”. En estos Magos, venidos de lejanas tierras para adorar al Hijo de Dios, la Iglesia ha visto siempre, no sólo una manifestación de la Divinidad del Niño recién nacido, que eso significa Epifanía: “manifestación - presentación”, sino también, una prueba de la universalidad de la Buena Noticia, de la salvación. Y esa salvación que Cristo nos trae, no era sólo para el pueblo Judío, sino que su salvación es universal, para todos los pueblos.

En el evangelio de este día leemos; ”Hemos visto su estrella y venimos a adorarlo”. Estos magos, avisados y venidos de tierras lejanas, lo reconocen y le rinden el tributo de adoración, exclusivo de Dios, dando así cumplimiento a la profecía de Isaías.

Pero, los Magos de Oriente, por designio divino, además de dejarnos una manifestación de la divinidad de Jesús y una prueba de la universalidad de la salvación, van a ser para nosotros, en adelante, una imagen y un ejemplo del camino, no siempre claro y con dificultades, que hemos de andar todos los cristianos.

Como ellos, también nosotros hemos sido llamados por la “estrella” de la vocación cristiana. Una “estrella” que hemos de seguir, a pesar de las dificultades, de las dudas y de los inconvenientes del camino.

En ese camino, los Magos de Oriente son también para nosotros, un ejemplo de dos virtudes muy fundamentales: la fidelidad y la perseverancia a la llamada de Dios.

Que ellos nos sirva de ejemplo para que también un día nosotros, podamos encontrar a Dios y con El, la verdadera felicidad que sólo El puede darnos.

1 de enero de 2011

Sancta Maria, Mater Dei...


Comenzamos el Año Nuevo con la Solemnidad de Santa María, Madre de Dios. La Iglesia Católica quiere comenzar cada año pidiendo la protección de la Santísima Virgen María. Esta fiesta, es la fiesta mariana más antigua que se conoce en Occidente.

Cuando en el año 431 el hereje Nestorio se atrevió a decir que María no era Madre de Dios, se reunieron los 200 obispos del mundo en Éfeso (la ciudad donde la Santísima Virgen pasó sus últimos años) e iluminados por el Espíritu Santo declararon: "La Virgen María sí es Madre de Dios porque su Hijo, Cristo, es Dios". Y acompañados por todo el gentío de la ciudad que los rodeaba portando antorchas encendidas, hicieron una gran procesión cantando: "Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén".

El título "Madre de Dios" es el principal y el más importante de la Virgen María, y de él dependen todos los demás títulos y cualidades y privilegios que Ella tiene.

Los santos muy antiguos dicen que en Oriente y Occidente, el nombre más generalizado con el que los cristianos llamaban a la Virgen era el de "María, Madre de Dios".

27 de diciembre de 2010

Déjame, Señor, poner mi cabeza en tu costado...


Tú que revelaste a Juan
tus misterios más secretos
y los altos vericuetos
que mis ojos no verán,
haz que yo logre entender
cuanto Juan nos ha contado.
Déjame, Señor, poner
mi cabeza en tu costado.

Tú que en el monte Calvario
entre sus manos dejaste
el más santo relicario:
la carne donde habitaste;
tú que le dejaste ser
el hijo bien adoptado,
déjame, Señor, poner
mi cabeza en tu costado.

Y tú, Juan, que a tanto amor
con amor correspondiste
y la vida entera diste
por tu Dios y tu Señor,
enséñame a caminar
por donde tú has caminado.
Enséñame a colocar
la cabeza en su costado. Amén.

25 de diciembre de 2010

24 de diciembre de 2010

El sueño de la Virgen María...


"José, anoche tuve un sueño muy extraño, como una pesadilla. La verdad es que no lo entiendo. Se trataba de una fiesta de cumpleaños de nuestro Hijo.

La familia se había estado preparando por semanas decorando su casa. Se apresuraban de tienda en tienda comprando toda clase de regalos. Parece que toda la ciudad estaba en lo mismo porque todas las tiendas estaban abarrotadas. Pero algo me extrañó mucho: ninguno de los regalos era para nuestro Hijo.

Envolvieron los regalos en papeles lindísimos y les pusieron cintas y lazos muy bellos. Entonces los pusieron bajo un árbol. ¡Sí!, un árbol, José, ahí mismo dentro de su casa. También decoraron el árbol; las ramas estaban llenas de bolas de colores y ornamentos brillantes. Había una figura en el tope del árbol. Parecía un angelito. Estaba precioso.

Por fin, el día del cumpleaños de nuestro Hijo llegó. Todos reían y parecían estar muy felices con los regalos que daban y recibían. Pero fíjate José, no le dieron nada a nuestro Hijo. Yo creo que ni siquiera lo conocían. En ningún momento mencionaron su nombre. ¿No te parece raro, José, que la gente pase tanto trabajo para celebrar el cumpleaños de alguien que ni siquiera conocen? Me parecía que Jesús se habría sentido como un intruso si hubiera asistido a su propia fiesta de cumpleaños.

Todo estaba precioso, José y todo el mundo estaba tan feliz, pero todo se quedó en las apariencias, en el gusto de los regalos. Me daban ganas de llorar que esa familia no conocía a Jesús. ¡Qué tristeza tan grande para Jesús - no ser invitado a Su propia fiesta!

Estoy tan contenta de que todo era un sueño, José. ¡Qué terrible si ese sueño fuera realidad".

23 de diciembre de 2010

"O Emmanuel,...


... Rex et legifer noster,
exspectatio gentium,
et Salvator earum:
veni ad salvandum nos, Domine Deus noster.”


“Oh Emmanuel,
Rey y Legislador nuestro,
Esperanza de las naciones
y Salvador de los pueblos:
ven a salvarnos, Señor Dios nuestro.”

22 de diciembre de 2010

"O Rex Gentium,...


... et desideratus earum,
lapisque angularis,
qui facis utraque unum:
veni et salva hominem,
quem de limo formaste.”


“Oh Rey de las naciones
y Deseado de los pueblos,
Piedra angular de la Iglesia,
que haces de los dos pueblos uno solo:
ven y salva al hombre
que formaste del barro de la tierra.”

21 de diciembre de 2010

"O Oriens,...


... splendor lucis aeternae,
et sol justitiae:
veni, et illumina sedentes in tenebris,
et umbra mortis.”


“Oh Sol naciente,
Esplendor de la Luz eterna
y Sol de justicia:
ven ahora a iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte.”

20 de diciembre de 2010

"O Clavis David,...


... et sceptrum domus Israel;
qui aperis, et nemo claudit;
claudis, et nemo aperit:
veni, et educ vinctum de domo carceris,
sedentem in tenebris, et umbra mortis.”


“Oh Llave de David y Cetro de la casa de Israel,
que abres y nadie puede cerrar,
cierras y nadie puede abrir,
ven y libra a los cautivos
que viven en tinieblas y en sombra de muerte.”

19 de diciembre de 2010

"O Radix Jesse,...



… qui stas in signum populorum,
super quem continebunt reges os suum,
quem gentes deprecabuntur:
veni ad liberandum nos, jam noli tardare.”



“Oh Renuevo del tronco de Jesé,
que te alzas como un signo para los pueblos,
ante quien los reyes enmudecen
y cuyo auxilio imploran las naciones:
ven a librarnos, no tardes más.”

18 de diciembre de 2010

"O Adonai,...


...et Dux domus Israel,
qui Moysi in igne flammae rubi apparuisti,
et in Sina legem dedisti:
veni ad redimendum nos in bracchio extento.”



“Oh Adonai, Pastor de la casa de Israel,
que te apareciste a Moisés en la zarza ardiente
y en el Sinaí le diste tu ley:
ven a librarnos con el poder de tu brazo.”

17 de diciembre de 2010

"O Sapientia,...


...quae ex ore Altissimi prodiisti,
attingens a fine usque ad finem,
fortiter suaviterque disponens omnia:
veni ad docendum nos vias prudentiae.”



“Oh Sabiduría, que brotaste de los labios del Altísimo,
abarcando del uno al otro confín
y ordenándolo todo con firmeza y suavidad:
ven y muéstranos el camino de la salvación.”

Las Antífonas de la O.


Hoy, 17 de diciembre, como cada año y ya cercanos a la Navidad, comenzamos con la liturgia de toda la Iglesia a recitar las llamadas “Antífonas de la O”.

Como nos dice el P. José Aldazabal, las “Antífonas de la O” son siete, y la Iglesia las canta con el Magnificat del Oficio de Vísperas desde el día 17 hasta el día 23 de diciembre. Son un llamamiento al Mesías recordando las ansias con que era esperado por todos los pueblos antes de su venida, y, también son, una manifestación del sentimiento con que todos los años, de nuevo, le espera la Iglesia en los días que preceden a la gran solemnidad del Nacimiento del Salvador.

Se llaman así porque todas empiezan en latín con la exclamación «O», en castellano «Oh». También se llaman «antífonas mayores».

Fueron compuestas hacia los siglos VII-VIII, y se puede decir que son un magnífico compendio de la cristología más antigua de la Iglesia, y a la vez, un resumen expresivo de los deseos de salvación de toda la humanidad, tanto del Israel del A.T. como de la Iglesia del N.T.

Son breves oraciones dirigidas a Cristo Jesús, que condensan el espíritu del Adviento y la Navidad. La admiración de la Iglesia ante el misterio de un Dios hecho hombre: «Oh». La comprensión cada vez más profunda de su misterio. Y la súplica urgente: «ven»

Cada antífona empieza por una exclamación, «Oh», seguida de un título mesiánico tomado del A.T., pero entendido con la plenitud del N.T. Es una aclamación a Jesús el Mesías, reconociendo todo lo que representa para nosotros. Y termina siempre con una súplica: «ven» y no tardes más.

O Sapientia = sabiduría, Palabra.
O Adonai = Señor poderoso.
O Radix = raíz, renuevo de Jesé (padre de David).
O Clavis = llave de David, que abre y cierra.
O Oriens = oriente, sol, luz.
O Rex = rey de paz.
O Emmanuel = Dios-con-nosotros.

Leídas en sentido inverso las iniciales latinas de la primera palabra después de la «O», dan el acróstico «ero cras», que significa «seré mañana, vendré mañana», que es como la respuesta del Mesías a la súplica de sus fieles.

Se cantan -con la hermosa melodía gregoriana o en alguna de las versiones en las lenguas modernas- antes y después del Magnificat en las Vísperas de estos siete días, del 17 al 23 de diciembre, y también, un tanto resumidas, como versículo del aleluya antes del evangelio de la Misa.

8 de diciembre de 2010

Sin pecado concebida...


"Santísima Virgen María,
yo creo y confieso
vuestra Santa e Inmaculada Concepción,
pura y sin mancha.

¡Oh Purísima Virgen!,
por vuestra pureza virginal,
vuestra Inmaculada Concepción
y vuestra gloriosa cualidad de Madre de Dios,
alcanzadme de vuestro amado Hijo
la humildad, la caridad, una gran pureza
de corazón, de cuerpo y de espíritu,
una santa perseverancia en el bien,
el don de oración,
una buena vida
y una santa muerte.
Amén"

6 de diciembre de 2010

Un regalo de Dios al mundo...


Hace poco más de un mes, terminé de leer un libro titulado “El secreto del Padre Pío”, del italiano Antonio Socci. El autor, con esta obra, nos acerca a la figura del padre Pío de Pietrelcina, conocido como el “fraile de los estigmas”, aunque a decir verdad, sigue siendo aún, un desconocido para muchos.

Socci, entre otras cosas destaca la gran riada humana que se desplazaba en vida de padre Pío hasta San Giovanni Rotondo, atraídas por esas impresionantes marcas del crucifijo, impresas en las carnes de aquel pobre fraile del Gárgano.

Efectivamente, una infinidad de personas se sintió atraídas por ese fraile, lo buscaron y se reunieron con él en aquella perdida aldea. Un fraile que vivió oculto y silencioso. Su vida transcurrió en unos pocos metros cuadrados, entre su celda, el altar y el confesionario del convento, alguien que no hizo nada para convocar a tantas personas, ni discursos, ni simposios, ni iniciativas públicas, ni entrevistas, ni libros, sino que se limitó a celebrar la Santa Misa y, sobre todo, a confesar entre quince y diecinueve horas al día y a rezar incansablemente durante horas y horas evitando el dormir y el comer durante años, especialmente después de la estigmatización. Así fue su vida durante cincuenta años, salvo los periodos en los que las persecuciones eclesiásticas se lo prohibieron.

Era tal la evidencia de santidad de padre Pío, que en tiempos del papa Benedicto XV, y siendo aún un joven fraile de apenas 32 años, se llegó a decir de él; “Un hombre verdaderamente extraordinario, de esos que Dios manda de tanto en cuanto a la tierra para convertir a los hombres”.

Es inimaginable la cantidad de personas que acudían al padre Pío y que se convirtieron a través de él, en años en los que las iglesias y los seminarios se vaciaban y en donde miles de sacerdotes dejaban el ministerio.

Como ejemplo, nos sirve el hecho de que en el año 1967, un año antes de su fallecimiento, cuando su estado de salud era ya extremadamente precario, se ha calculado que en esos doce meses confesó a unas quince mil mujeres y diez mil hombres.

Podemos imaginarnos rápidamente, cuál podrá ser el total de cincuenta años de misión. De hecho, se ha calculado que hubo unos dos millones de personas, que se le acercaron personalmente pidiendo consejo, petición o confesión y que superan los diez millones quienes acudieron a San Giovanni Rotondo para asistir a sus misas.

Son verdaderamente cifras inauditas, especialmente si nos ponemos a considerar aquellos tiempos y las dificultades de desplazamiento. Después de su muerte, acaecida el 23 de septiembre de 1968, una auténtica marea humana será la que viaje cada año hasta el convento de San Giovanni Rotondo y se arrodille ante su tumba. Hace cuatro años, en el 2006, fueron cerca de seis millones los peregrinos que pasaron por su tumba, un numero parecido al de quienes viajaron a Tierra Santa.

Se calcula también, que en el espacio de veinticinco años, desde 1968, año de su muerte hasta 1993, la tumba del Padre Pio fue visitada por alrededor de cincuenta millones de personas, sí, cincuenta millones de peregrinos procedentes de todas las partes del mundo que han subido hasta esa aldea para rezar ante su tumba y obtener algún favor del Cielo mediante su intercesión.

Pero no solo los que iban, sino también los que se dirigían a padre Pío desde bastante lejos. Miles y miles eran las cartas que cada año llegaban a sus manos. En solo seis años, recibió un total de 1.014.469 cartas. Si esta cifra se multiplica por cincuenta años de misión, descubrimos que decenas de millones de personas se han puesto en contacto desde lejos con el padre Pío, para pedir su intercesión ante dificultades o para agradecerle simplemente las gracias recibidas.

La devoción al padre Pío es tal, que su canonización ha sido la más numerosa de la historia de la Iglesia, y según reveló una encuesta realizada en octubre de 2006, el padre Pío, es el santo más invocado y venerado en la Iglesia.

En efecto, nadie que acuda a San Giovanni Rotondo regresa con las manos vacías, y yo personalmente puedo dar fe de ello. En el mes de septiembre, hace unos tres meses, tuve la gran oportunidad de estar cinco días como peregrino en San Giovanni Rotondo y pude comprobar directamente todo esto y mucho más...

Y termino con las mismas palabras que el Cardenal Siri dijo en su día sobre el padre Pío: “El padre Pío ha sido el mayor místico de nuestro tiempo y uno de los hombres más grandes de la historia de la Iglesia”.

San Pío de Pietrelcina, ruega por nosotros. Amén

29 de noviembre de 2010

Para pensar...


La pasada semana, durante los Ejercicios Espirituales a los que asistí con un grupo de compañeros, el sacerdote que nos daba las meditaciones, nos contó una historia de esas que nos hacen reflexionar, y que hace ya algunos años que escuché. Tal vez, ya muchos la conocéis, pero para los que no, dice así:

“Cuando aquella tarde llegó a la vieja estación le informaron que el tren en el que ella viajaría se retrasaría aproximadamente una hora.

La elegante señora, un poco fastidiada, compró una revista, un paquete de galletas y una botella de agua para pasar el tiempo.

Buscó un banco en el andén central y se sentó preparada para la espera. Mientras hojeaba su revista, un joven se sentó a su lado y comenzó a leer un diario.

Imprevistamente, la señora observó como aquel muchacho, sin decir una sola palabra, estiraba la mano, agarraba el paquete de galletas, lo abría y comenzaba a comerlas, una a una, despreocupadamente.

La mujer se molestó por esto, no quería ser grosera, pero tampoco dejar pasar aquella situación o hacer de cuenta que nada había pasado; así que, con un gesto exagerado, tomó el paquete y sacó una galleta, la exhibió frente al joven y se la comió mirándolo fijamente a los ojos.

Como respuesta, el joven tomó otra galleta y mirándola la puso en su boca y sonrió.

La señora ya enojada, tomó una nueva galleta y con ostensibles señales de fastidio, volvió a comer otra, manteniendo de nuevo la mirada en el muchacho.

El diálogo de miradas y sonrisas continuó entre galleta y galleta.

La señora cada vez más irritada, y el muchacho cada vez más sonriente.

Finalmente, la señora se dio cuenta de que en el paquete solo quedaba la última galleta. “No podrá ser tan descarado”, pensó mientras miraba alternativamente al joven y al paquete de galletas.

Con calma el joven alargó la mano, tomó la última galleta, y con mucha suavidad, la partió exactamente por la mitad. Así, con un gesto amoroso, ofreció la mitad de la última galleta a su compañera de banco.

- ¡Gracias! – Dijo la mujer tomando con rudeza aquella mitad.

- De nada. – Contestó el joven sonriendo suavemente mientras comía su mitad. Entonces el tren anunció su partida…

La señora se levantó furiosa del banco y subió a su vagón. Al arrancar, desde la ventanilla de su asiento vio al muchacho todavía sentado en él andén y pensó:“¡Que insolente, qué mal educado, qué ser más despreciable!”.

Sin dejar de mirar con resentimiento al joven, sintió la boca reseca por el disgusto que aquella situación le había provocado.

Abrió su bolso para sacar la botella de agua y se quedó totalmente sorprendida cuando encontró, dentro de su cartera, su paquete de galletas INTACTO”.

Ciertamente, esto no deja de ser una historia, pero muy cercana a nuestra realidad. Cuantas veces nuestros prejuicios, nuestras decisiones apresuradas nos hacen valorar erróneamente a las personas y cometer las peores equivocaciones. Cuántas veces la desconfianza, ya instalada en nosotros, hace que juzguemos, injustamente a personas y situaciones, y sin tener aun el por qué, las encasillamos en ideas preconcebidas, muchas veces tan alejadas de la realidad que se presenta.

Así, por no utilizar nuestra capacidad de autocrítica y de observación, perdemos la gracia natural de compartir y enfrentar situaciones, haciendo crecer en nosotros la desconfianza y la preocupación. Nos inquietamos por acontecimientos que no son reales, que quizás nunca lleguemos a contemplar, y nos atormentamos con problemas que tal vez nunca ocurrirán.

Que este tiempo de Adviento que ayer comenzábamos, nos ayude a profundizar en nuestras actitudes como cristianos, a crecer en Amor y Esperanza, y a vivir las próximas fiestas de la Navidad del Señor, con el Señor de la Navidad.

27 de noviembre de 2010

Míranos, ¡oh, Milagrosa!.


Míranos, ¡oh, Milagrosa!
Míranos, Madre de amor.
Míranos, que tu mirada
nos dará la salvación.

Son tus ojos los luceros
que en la noche del dolor,
dan aliento y esperanza
al humano corazón.

De tus manos extendidas
brotan rayos de fulgor:
son las gracias escogidas
que a tus hijos da el Señor.

¡Milagrosa! la plegaria
que a ti sube en un cantar,
a nos, vuelva transformada
en celeste bendición.

Te coronan las estrellas
con un nimbo de esplendor:
eres Reina de belleza,
de bondad y de perdón.

20 de noviembre de 2010

¿Qué significa llevar la cruz?


Esta mañana, un amigo al que le tengo un cariño especial, una de esas personas estupendas que aparecen en nuestras vidas sin buscarlas y menos aún, sin esperarlas, me llamó por teléfono y estuvimos charlando un buen rato, y entre otras cosas que no vienen a cuento, me recordaba lo que yo muchas veces le repito, de que todos, en nuestras vidas de cristianos, tenemos que llevar de una forma u otra, la cruz de cada día, y siempre con alegría.

Y queridos amigos, es que nuestro Señor Jesucristo ya nos lo dice en el Evangelio: “El que no lleva su cruz y viene detrás de mí, no puede ser discípulo mío”. (Lucas 14, 27).

Los discípulos comprendieron pronto el alcance de aquellas palabras del Maestro. Seguramente sabían, que los criminales, en esos tiempos eran ejecutados en una cruz, y por tanto, sabían de sobra, que llevar la cruz significaba una sola cosa: un viaje a la muerte. Y es que el discípulo de Jesús que lleva la cruz muere a la vida pasada y entra en una nueva vida, la vida de Cristo. Es una vida con Cristo crucificado, una vida en la que la voluntad de Dios está siempre por encima de cada cosa que emprendemos. Es seguir a Cristo en el camino de la negación propia, aceptar el sufrimiento como parte de la vida.

De esta manera, una vez aprendida y aceptada la aplicación de la cruz a la vida personal, queda resuelto el problema de la toma de decisiones en la vida diaria. Mi deseo ya no está centrado en lo que quiero hacer, sino en lo que es bueno y perfectamente aceptable hacer según la voluntad de Dios para mi vida. Llevar la cruz significa, morir a uno mismo y nacer para Dios en Cristo.

Llevando la cruz morimos al hombre viejo, que consistía en marchar al ritmo del mundo. Ahora, el nuevo hombre ve al mundo de otra manera, desde la aceptación de la voluntad de Dios en cada momento.

La vida del cristiano no es fácil, y esto lo sabemos de sobra. Nadie llega jamás a ser discípulo de Cristo y vivir a su vez una vida fácil y cómoda, al margen de sufrimientos y contrariedades. Jamás se encontrará un verdadero discípulo de Cristo viviendo cómodamente la vida, sino preocupado por el cumplimiento fiel de su misión bien sea como casado, soltero o célibe.

Ser cristiano, entre otras cosas, es saber llevar nuestra cruz y la de los demás, aceptando con amor y esperanza, no con resignación, las contrariedades de cada jornada, mirando en la Cruz al Crucificado, al autor de nuestra salvación que por nosotros murió, y como nos dice el apóstol, más aún, resucitó.

En la Cruz está la salvación, de la Cruz nos vino la salvación. Cristo la abrazó hace más de dos mil años, y salió victorioso, a nosotros nos toca cada día, ahora, en este momento…y saldremos también victoriosos junto con Él.

En definitiva, y como se suele decir; “Ninguna joya puede ser pulida sin fricción, ni el hombre perfeccionarse (ser santo) sin dificultades (sin las pequeñas o grandes cruces de cada día)”.

19 de noviembre de 2010

¿Qué es el dolor?...


En esta tarde, Cristo del Calvario,
vine a rogarte por mi carne enferma;
pero, al verte, mis ojos van y vienen
de tu cuerpo a mi cuerpo con vergüenza.

¿Cómo quejarme de mis pies cansados,
cuando veo los tuyos destrozados?
¿Cómo mostrarte mis manos vacías,
cuando las tuyas están llenas de heridas?.

¿Cómo explicarte a ti mi soledad,
cuando en la cruz alzado y solo estás?
¿Cómo explicarte que no tengo amor,
cuando tienes rasgado el corazón?.

Ahora ya no me acuerdo de nada,
huyeron de mí todas mis dolencias.
El ímpetu del ruego que traía
se me ahoga en la boca pedigüeña.

Y sólo pido no pedirte nada,
estar aquí, junto a tu imagen muerta,
ir aprendiendo que el dolor es sólo
la llave santa de tu santa puerta. Amén.

17 de noviembre de 2010

"Reza, ten fe y no te preocupes"...



Estas son las mismas palabras que a modo de consejo Padre Pío daba a sus hijos espirituales y a cuantos se acercaban a contarle sus problemas y preocupaciones.
Hoy, durante la oración de la tarde, me venian al pensamiento varias personas y amigos que sé que tienen en sus vidas tantas preocupaciones y sufrimientos que no les dejan vivir ni dormir en paz, y recordaba aquella escena del clásico "Diario de un cura rural" en donde un joven sacerdote recién ordenado, al llegar las dificultades propias del ministerio, entraba en una crisis de fe que llega a replantearse su vocación sacerdotal, y al entrar en diálogo con un sacerdote mayor, este le dice; "sufres más que rezas", invitándolo a ponerse más en manos de Dios y abandonarse a su divina voluntad, antes que dar vueltas sobre si mismo y llenarse de confusión.
Estas palabras, desde que vi esta fenomenal película, las llevo presente en mi vida sacerdotal, rezar, rezar siempre ante que sufrir y darle mil vueltas a problemas que por mucho que nos preocupemos, no vamos a solucionar nada. Por ello, en esta noche, a cuantos se vean llenos de contrariedades y mil problemas, les invito junto con Padre Pío, a dejarse llenar de amor y de paz a través de la oración, y a que se tomen en serio este sencillo consejo que a tantos ayudó en su día y sigue ayudando; "Reza, ten fe y no te preocupes"... y de verdad, que Dios que es Misericordioso, escuchará nuestras plegarias si sabemos esperar..., no con resignación, como muchos hacen, sino con ESPERANZA.

16 de noviembre de 2010

Un nuevo día.


En esta luz del nuevo dia
que me concedes, oh Senor,
dame mi parte de alegria
y haz que consiga ser mejor.

Dichoso yo, si al fin del dia
un odio menos llevo en mi,
si una luz más mis pasos guia
y si un error más yo extingui.

Que cada tumbo en el sendero
me vaya haciendo conocer
cada pedrusco traicionero
que mi ojo ruin no supo ver.

Que ame a los seres este dia,
que a todo trance ame la luz,
que ame mi gozo y mi agonia,
que ame el amor y ame la cruz. Amén.

12 de noviembre de 2010

Un sacerdote deber ser...



Muy grande y a la vez muy pequeño.

De espíritu noble como si llevara sangre real

y sencillo como un labriego.

Fuente inagotable de santidad

y pecador a quien Dios perdonó.

Señor de sus propios deseos

y servidor de los débiles y vacilantes.

Quien jamás se doblegó ante los poderosos

y se inclina, no obstante, ante los pequeños,

y es dócil discípulo de su Maestro

y caudillos de valerosos combatientes.

Pordiosero de manos suplicantes

y mensajero que distribuye oro a manos llenas.

Animoso soldado en el campo de batalla

y mano tierna a la cabecera del enfermo.

Anciano por la prudencia de sus consejos

y niño por su confianza en los demás.

Alguien que aspira siempre a lo más alto

y amante de lo más humilde.

Hecho para la alegría

y acostumbrado al sufrimiento.

Transparente en sus pensamientos.

Sincero en sus palabras.

Amigo de la paz.

Enemigo de la pereza.

Seguro de si mismo.

“Completamente distinto de mí”


(De un manuscrito medieval hallado en Salzburgo)

3 de noviembre de 2010

Por los que salen a nuestro encuentro...gracias Señor.


Hace varios años, en mi época de seminarista, un sacerdote que nos predicaba un retiro, hablando sobre la amistad, nos decía que conocía a un sacerdote que le daba muchísima pena, porque en las diferentes parroquias por las que había pasado, y que no eran pocas, al marcharse, no había hecho ni dejado atrás ni una simple amistad, ni un solo amigo. Ciertamente de pena…

En días pasados, unos amigos me regalaron una oración muy bonita sobre la amistad que a continuación comparto con todos vosotros. Y hoy, en esta mañana de noviembre, doy gracias al Señor por la cantidad de personas y amigos que el Señor ha ido poniendo en mi camino. Con unos la amistad y el trato es más fuerte que con otros, por diferentes motivos, pero ahí están todos. No sé quien dijo una vez que los curas estamos solos, je, je. Eso es lo que se cree, y como decía un santo, y lo que al diablo le conviene e interesa…

“Gracias Señor, por mis amigos, Tú sabes cuáles, cuántos y cómo son. Algunos más antiguos, otros más recientes. Unos alegres y expresivos, otros tímidos y callados, otros sinceros y bulliciosos,… en definitiva, todos diferentes, todos especiales y muy valiosos. Porque el amor de mis amigos, Señor, me hace ser más humano, más comprometido. Mi amistad por ellos es un intercambio de ideas, de palabras, de silencios llenos de vida. Es dejar que tu luz penetre nuestras vidas y bajo esa luz, comprobar gozosamente, que juntos buscamos la verdad, que juntos iluminamos nuestras existencias y la de nuestros hermanos. Te pido Señor, que tengan una buena comunicación contigo, aunque a veces, entre nosotros no nos comuniquemos tanto. Que cada vez seamos más amigos, que nuestra amistad sea cada vez más fuerte y más hermosa, y que cada uno, al reflejarnos en el alma del otro, encontremos el camino de lo Eterno. Gracias Señor. Amén”.

2 de noviembre de 2010

Descansen en paz.


Ayer recordábamos la fiesta de todos los Santos, de aquellos hermanos nuestros que gozan ya de la visión de Dios. Hoy recordamos a los que se purifican en el Purgatorio, antes de su entrada en la Gloria.

Como nos dice el Martirologio Romano: “La Santa Madre Iglesia, se interesa ante el Señor en favor de las almas de todos cuantos nos precedieron en el signo de la fe y duermen ya en la esperanza de la resurrección, y por todos los difuntos desde el principio del mundo, cuya fe sólo Dios conoce, para que, purificados de toda mancha de pecado y asociados a los ciudadanos celestes, puedan gozar de la visión de la felicidad eterna”.

El Purgatorio es la mansión temporal de los que murieron en gracia, es el sufrimiento de las almas que no se condenan por no haber muerto en pecado mortal, pero tienen que purificarse, de algún rastro de pecado, antes de entrar en el cielo. La existencia del Purgatorio, es dogma de fe, definido en los Concilios de Lyon y Florencia. También el Concilio de Trento ratifica esta definición.

Pero en el Purgatorio hay alegría. Y hay alegría, porque hay esperanza; en él sólo están los salvados. Santa Francisca Romana tuvo un día una visión de este lugar y dijo: "esta es la mansión de la esperanza".

Es una esperanza con dolor: el fuego purificador. Pero es un dolor aminorado por la esperanza. La ausencia del amado es un cruel martirio, pues el anhelo de todo amante es la visión, la presencia y la posesión. Si las almas santas ya sufrieron esta ausencia en la tierra. -"que muero porque no muero", clamaba Santa Teresa de Jesús-, mucho mayor será el hambre y sed y fiebre de Dios que sientan las almas ya liberadas de las ataduras corporales.

Dios nos ha concedido a nosotros el poder maravilloso de aliviar las penas de las benditas almas del Purgatorio, mediante la oración, las pequeñas y grandes obras, y como no, la aplicación del sacrificio de la Santa Misa. Con ello, podemos acelerar su entrada en el Paraíso.

Ya en el Antiguo Testamento -en el segundo libro de los Macabeos- vemos a Judas enviando una colecta a Jerusalén para ofrecerla como expiación por los muertos en la batalla. Pues, dice el autor sagrado, "es una idea piadosa y santa rezar por los muertos para que sean liberados del pecado".

Los paganos deshojaban rosas y tejían guirnaldas en honor de los difuntos. Nosotros debemos hacer mucho más que esto. "Un cristiano -dice San Ambrosio- tiene mejores presentes para los difuntos. Cubrid de rosas, si queréis los mausoleos, pero envolvedlos, sobre todo, en aromas de oraciones".

De este modo, la muerte cristiana, unida a la de Cristo, tiene un aspecto pascual: es el tránsito de la vida terrena a la vida eterna de estar junto a Dios para siempre.

Como dice aquel epitafio conocido; “Una lágrima por un difunto se evapora, una flor sobre su tumba se marchita, pero una oración por su alma, la recoge el Señor”.

Que las almas de todos los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz. Amén.

1 de noviembre de 2010

Santos y santas de Dios, rogad por nosotros.


Con esta invocación, culminamos las letanias de los santos en algunas celebraciones. La fiesta de “Todos los Santos” que celebra hoy nuestra Madre la Iglesia, y a quienes nos encomendamos, nos recuerda, que honramos a todos aquellos hermanos nuestros que vivieron esta vida en continua amistad con Dios y ahora lo contemplan cara a cara en su Reino. Celebramos a todos los que la Iglesia ha declarado oficialmente santos y a todos aquellos que sin estar en las listas oficiales, si que están en la lista de Dios, es decir, en el libro de la vida, y que son muchísimos más. Celebramos a aquellos que nos siguen enseñando que las bienaventuranzas del Evangelio, que escuchamos en la liturgia de hoy, siguen teniendo valor y son el mejor camino para llegar a la felicidad más pura y más bella que llamamos, con nuestro limitado lenguaje, el cielo.

Los santos son personas que han vivido en nuestro mundo, en tiempos también difíciles como el nuestro, poco ayudados o frecuentemente atacados y combatidos. Unos han sido padres de familia, otros adolescentes o jóvenes que han confesado a Cristo y han dado su sangre por Él, otros más han fundado una familia en la Iglesia, misioneros o madres de familia, doctores de la Iglesia o humildes hermanos legos, muchos, pero muchos, que ni siquiera figurarán en calendarios o serán llevados a los altares, pero han demostrado que sí es posible programar y vivir las vida según Dios. Fueron personas que pasaron de la teoría a la práctica, que supieron amar y fraguar en su vida el Evangelio, convirtiéndose en verdaderos discípulos y seguidores, y no se quedaron sólo en palabras. De ellos afirma la liturgia de la Misa: “en ellos encontramos ejemplo y ayuda para nuestra debilidad”. ¿No es esto lo que creemos y vivimos cuando expresamos que nuestra vida no termina con la muerte sino que esperamos la vida en plenitud, la vida de Dios?.

Pongamos empeño cada día en ser de verdad santos, cada uno en el lugar que ocupa en la sociedad, pero aspirando siempre a alcanzar aquella patria definitiva donde infinidad de hermanos nuestros ya alaban a Dios por los siglos de los siglos.

Todos los santos y santas de Dios, rogad por nosotros.