5 de julio de 2013

Un día para recordar...


En el día de hoy, han sido aprobados por el Papa Francisco los milagros para la canonización del Beato Juan Pablo II y la beatificación del Siervo de Dios Álvaro del Portillo. A la vez, ha sido aprobada la canonización del también Papa el Beato Juan XXIII.


Karol Józef Wojtyła Kaczorowska (Beato Juan Pablo II). Nació el 18 de mayo de 1920, en Wadowice, Polonia, y fallece en el Vaticano, el 2 de abril de 2005. Fue el Papa 264.º de la Iglesia Católica entre 1978 y 2005.


                                                                     
Beato Juan Pablo II


Álvaro del Portillo y Diez de Sollano, obispo-prelado del Opus Dei. Nació en Madrid el 11 de marzo de 1914 y fallece en Roma, el 23 de marzo de 1994. Fue el primer sucesor de San Josemaría Escrivá al frente de la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei.



Siervo de Dios Álvaro del Portillo.



Angelo Giuseppe Roncalli (Beato Juan XXIII), nació el 25 de noviembre de 1881, en Sotto il Monte, Bérgamo, Italia, y fallece en el Vaticano, el 3 de junio de 1963. Fue el Papa número 261 de la Iglesia Católica entre 1958 y 1963. Ha pasado a la historia con el calificativo de "el Papa bueno".


Beato Juan XXIII


29 de junio de 2013

26 de junio de 2013

De tertulia con San Josemaría.

26 de junio...




SAN JOSEMARÍA ESCRIVÁ DE BALAGUER, 

PRESBÍTERO 

Nació en Barbastro (España) en 1902, y fue ordenado
sacerdote en 1925. El 2 de octubre de 1928 fundó, el Opus Dei, 
abriendo en la Iglesia un nuevo camino, para que hombres y 
mujeres de toda condición vivan con plenitud la vocación cristiana 
santificando sus ocupaciones en el mundo. El Opus Dei fue erigido 
en 1982 en Prelatura personal. Con su predicación y sus escritos 
suscitó una vasta toma de conciencia de la específica misión 
eclesial de los laicos. Murió en Roma el 26 de junio de 1975.


Oración 

Oh Dios, que has suscitado en la Iglesia a san 
Josemaría, sacerdote, para proclamar la vocación 
universal a la santidad y al apostolado, concédenos, 
por su intercesión y su ejemplo, que en el ejercicio 
del trabajo ordinario nos configuremos a tu Hijo 
Jesucristo y sirvamos con ardiente amor a la obra 
de la Redención. Por nuestro Señor Jesucristo. 


19 de junio de 2013

A ver si de una vez nos enteramos...







A mi también me enamora...




Beato Ioseph, eius Sponso...





Decreto de la Congregación del Culto Divino por el que se introduce la mención a San José en las Plegarias Eucarísticas del Misal Romano: 

En el paterno cuidado de Jesús, que San José de Nazaret desempeñó, colocado como cabeza de la Familia del Señor, respondió generosamente a la gracia, cumpliendo la misión recibida en la economía de la salvación y, uniéndose plenamente a los comienzos de los misterios de la salvación humana, se ha convertido en modelo ejemplar de la entrega humilde llevada a la perfección en la vida cristiana, y testimonio de las virtudes corrientes, sencillas y humanas, necesarias para que los hombres sean honestos y verdaderos seguidores de Cristo. Este hombre Justo, que ha cuidado amorosamente de la Madre de Dios y se ha dedicado con alegría a la educación de Jesucristo, se ha convertido en el custodio del tesoro más precioso de Dios Padre, y ha sido constantemente venerado por el pueblo de Dios, a lo largo de los siglos, como protector del cuerpo místico, que es la Iglesia.

En la Iglesia católica, los fieles han manifestado siempre una devoción ininterrumpida hacia San José y han honrado de manera constante y solemne la memoria del castísimo Esposo de la Madre de Dios, Patrono celestial de toda la Iglesia, hasta tal punto que el ya Beato Juan XXIII, durante el Sagrado Concilio Ecuménico Vaticano II, decretó que se añadiera su nombre en el antiquísimo Canon Romano. El Sumo Pontífice Benedicto XVI ha querido acoger y aprobar benévolamente los piadosos deseos que han llegado desde muchos lugares y que ahora, el Sumo Pontífice Francisco ha confirmado, considerando la plenitud de la comunión de los santos que, habiendo peregrinado un tiempo a nuestro lado, en el mundo, nos conducen a Cristo y nos unen a Él.

Por lo tanto, teniendo en cuenta todo esto, la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, en virtud de las facultades concedidas por el Sumo Pontífice Francisco, gustosamente decreta que el nombre de San José, Esposo de la Bienaventurada Virgen María, se añada de ahora en adelante en las Plegarias Eucarísticas II, III y IV de la tercera edición típica del Misal Romano, colocándose después del nombre de la Bienaventurada Virgen María, como sigue: en la Plegaria eucarística II: «ut cum beáta Dei Genetríce Vírgine María, beáto Ioseph, eius Sponso, cum beátis Apóstolis»; en la Plegaria eucarística III: «cum beatíssima Vírgine, Dei Genetríce, María, cum beáto Ioseph, eius Sponso, cum beátis Apóstolis»; en la Plegaria eucarística IV: «cum beáta Vírgine, Dei Genetríce, María, cum beáto Ioseph, eius Sponso, cum Apóstolis».

Por lo que se refiere a los textos redactados en lengua latina, se deben utilizar las fórmulas que ahora se declaran típicas. La misma Congregación se ocupará de proveer, a continuación, la traducción en las lenguas occidentales de mayor difusión; la redacción en otras lenguas deberá ser preparada, conforme a las normas del derecho, por la correspondiente Conferencia de Obispos y confirmada por la Sede Apostólica, a través de este Dicasterio.

No obstante cualquier cosa en contrario.

Dado en la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, el día 1 de mayo del 2013, memoria de San José Obrero.

Antonio, Card. Cañizares Llovera
Prefecto

+ Arturo Roche
Arzobispo Secretario

15 de junio de 2013

Las preguntas son infinitas...




... pero la respuesta es una sola; 

  Jesucristo, Nuestro Señor.

14 de junio de 2013

Sin miedo... para llegar al final.


Pidámoselo al Señor...



"Pon en mi boca Señor, un centinela
que vigile a la puerta de mis labios".
(Salmo 141)

8 de junio de 2013

A tus pies siempre, Mamá María.



Celebramos la Fiesta del Inmaculado Corazón de María,
consagrando hoy y siempre
 nuestro corazón a sus cuidados.


7 de junio de 2013

Y para ti... ¿cómo es el Corazón de Jesús?


Corazón de Jesús...



Amor del Corazón de Jesús, abrásanos.
Caridad del Corazón de Jesús, derrámate en nosotros.
Fuerza del Corazón de Jesús, sostennos.
Misericordia del Corazón de Jesús, perdónanos.
Paciencia del Corazón de Jesús, no te canses de nosotros.
Reino del Corazón de Jesús, establécete en nosotros.
Voluntad del Corazón de Jesús, dispón de nosotros.
Celo del Corazón de Jesús, inflámanos.
Virgen Inmaculada, ruega por nosotros al Corazón de Jesús.


2 de junio de 2013

Sé mi luz...

En la Solemnidad del Corpus Christi.



Homilía del Santo Padre el Papa Francisco.


- Queridos hermanos y hermanas:

En el Evangelio que hemos escuchado hay una expresión de Jesús que me sorprende siempre: “Denles ustedes de comer” (Lc 9,13). Partiendo de esta frase, me dejo guiar por tres palabras: seguimiento, comunión, compartir.

1.- Ante todo: ¿quiénes son aquellos a los que dar de comer? La respuesta la encontramos al inicio del pasaje evangélico: es la muchedumbre, la multitud. Jesús está en medio a la gente, la recibe, le habla, la sana, le muestra la misericordia de Dios; en medio a ella elige a los Doce Apóstoles para permanecer con Él y sumergirse como Él en las situaciones concretas del mundo. Y la gente lo sigue, lo escucha, porque Jesús habla y actúa de una manera nueva, con la autoridad de quien es auténtico y coherente, de quien habla y actúa con verdad, de quien dona la esperanza que viene de Dios, de quien es revelación del Rostro de un Dios que es amor. Y la gente, con gozo, bendice al Señor.

Esta tarde nosotros somos la multitud del Evangelio, también nosotros intentamos seguir a Jesús para escucharlo, para entrar en comunión con Él en la Eucaristía, para acompañarlo y para que nos acompañe. Preguntémonos: ¿cómo sigo a Jesús? Jesús habla en silencio en el Misterio de la Eucaristía y cada vez nos recuerda que seguirlo quiere decir salir de nosotros mismos y hacer de nuestra vida no una posesión nuestra, sino un don a Él y a los demás.

2.- Demos un paso adelante: ¿de dónde nace la invitación que Jesús hace a los discípulos de saciar ellos mismos el hambre de la multitud? Nace de dos elementos: sobre todo de la multitud que, siguiendo a Jesús, se encuentra en un lugar solitario, lejos de los lugares habitados, mientras cae la tarde, y luego por la preocupación de los discípulos que piden a Jesús despedir a la gente para que vaya a los pueblos y caseríos a buscar alojamiento y comida (cfr. Lc 9, 12).

Frente a la necesidad de la multitud, ésta es la solución de los apóstoles: que cada uno piense en sí mismo: ¡despedir a la gente! ¡Cuántas veces nosotros cristianos tenemos esta tentación! No nos hacemos cargo de la necesidad de los otros, despidiéndolos con un piadoso: “¡Que Dios te ayude!”. Pero la solución de Jesús va hacia otra dirección, una dirección que sorprende a los discípulos: “denles ustedes de comer”. Pero ¿cómo es posible que seamos nosotros los que demos de comer a una multitud? “No tenemos más que cinco panes y dos pescados; a no ser que vayamos nosotros mismos a comprar víveres para toda esta gente”.

Pero Jesús no se desanima: pide a los discípulos hacer sentar a la gente en comunidades de cincuenta personas, eleva su mirada hacia el cielo, pronuncia la bendición parte los panes y los da a los discípulos para que los distribuyan. Es un momento de profunda comunión: la multitud alimentada con la palabra del Señor, es ahora nutrida con su pan de vida. Y todos se saciaron, escribe el Evangelista.

Esta tarde también nosotros estamos en torno a la mesa del Señor, a la mesa del Sacrificio eucarístico, en el que Él nos dona su cuerpo una vez más, hace presente el único sacrificio de la Cruz. Es en la escucha de su Palabra, en el nutrirse de su Cuerpo y de su Sangre, que Él nos hace pasar del ser multitud a ser comunidad, del anonimato a la comunión. La Eucaristía es el Sacramento de la comunión, que nos hace salir del individualismo para vivir juntos el seguimiento, la fe en Él.

Entonces tendremos todos que preguntarnos ante el Señor: ¿cómo vivo la Eucaristía? ¿La vivo en forma anónima o como momento de verdadera comunión con el Señor, pero también con tantos hermanos y hermanas que comparten esta misma mesa? ¿Cómo son nuestras celebraciones eucarísticas?

3.- Un último elemento: ¿de dónde nace la multiplicación de los panes? La respuesta se encuentra en la invitación de Jesús a los discípulos “Denles ustedes”, “dar”, compartir. ¿Qué cosa comparten los discípulos? Lo poco que tienen: cinco panes y dos peces. Pero son justamente esos panes y esos peces que en las manos del Señor sacian el hambre de toda la gente.

Y son justamente los discípulos desorientados ante la incapacidad de sus posibilidades, ante la pobreza de lo que pueden ofrecer, los que hacen sentar a la muchedumbre y distribuyen - confiándose en la palabra de Jesús - los panes y los peces que sacian el hambre de la multitud. Y esto nos indica que en la Iglesia pero también en la sociedad existe una palabra clave a la que no tenemos que tener miedo: “solidaridad”, o sea saber `poner a disposición de Dios aquello que tenemos, nuestras humildes capacidades, porque solo en el compartir, en el donarse, nuestra vida será fecunda, dará frutos. Solidaridad: ¡una palabra mal vista por el espíritu mundano!

Esta tarde, una vez más, el Señor distribuye para nosotros el pan que es su cuerpo, se hace don. Y también nosotros experimentamos la “solidaridad de Dios” con el hombre, una solidaridad que no se acaba jamás, una solidaridad que nunca termina de sorprendernos: Dios se hace cercano a nosotros, en el sacrificio de la Cruz se abaja entrando en la oscuridad de la muerte para darnos su vida, que vence el mal, el egoísmo, la muerte.

También esta tarde Jesús se dona a nosotros en la Eucaristía, comparte nuestro mismo camino, es más se hace alimento, el verdadero alimento que sostiene nuestra vida en los momentos en los que el camino se hace duro, los obstáculos frenan nuestros pasos. Y en la Eucaristía el Señor nos hace recorrer su camino, aquel del servicio, del compartir, del donarse, y lo poco que tenemos, lo poco que somos, si es compartido, se convierte en riqueza, porque es la potencia de Dios, que es la potencia del amor que desciende sobre nuestra pobreza para transformarla.

Esta tarde entonces preguntémonos, adorando a Cristo presente realmente en la Eucaristía: ¿me dejo transformar por Él? ¿Dejo que el Señor que se dona a mí, me guíe para salir cada vez más de mi pequeño espacio y no tener miedo de donar, de compartir, de amarlo a Él y a los demás?

Seguimiento, comunión, compartir. Oremos para que la participación a la Eucaristía nos provoque siempre: a seguir al Señor cada día, a ser instrumentos de comunión, a compartir con Él y con nuestro prójimo aquello que somos. Entonces nuestra existencia será verdaderamente fecunda. Amen.


31 de mayo de 2013

La Visitación de nuestra Señora...



"En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor! 

Y dijo María: 

Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada. Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia - como había anunciado a nuestros padres - en favor de Abraham y de su linaje por los siglos. 

María permaneció con ella unos tres meses, y se volvió a su casa". (Lucas 1, 39-56).


24 de mayo de 2013

19 de mayo de 2013

EN EL DÍA DE PENTECOSTÉS.



HOMILÍA DEL PAPA FRANCISCO.


Queridos hermanos y hermanas.

En este día contemplamos y revivimos en la liturgia la efusión del Espíritu Santo que Cristo resucitado derramo sobre la iglesia. Un acontecimiento de gracias que ha desbordado el cenáculo de Jerusalén para difundirse por todo el mundo.

Pero ¿que sucedió en aquel día tan lejano a nosotros y sin embargo tan cercano que llega tan dentro de nuestro corazón?.

San Lucas nos da la respuestas en el texto de los Hechos de los Apóstoles que hemos escuchado. El evangelista nos lleva hasta Jerusalén, al piso superior de la casa donde están reunidos los apóstoles. El primer acontecimiento que nos llama la atención es el estruendo que de repente vino del cielo como de un viento que sopla fuertemente y lleno la casa. Después las lenguas como llamaradas que se dividían y se posaban encima de cada uno de los apóstoles. Estruendo y lenguas de fuego, signos claros y concretos que tocan a los apóstoles, no solo exteriormente sino también en su interior, en su mente y en su corazón.

La consecuencia es que todos quedaron llenos del Espíritu Santo que desencadenó su fuerza irresistible con resultados sorprendentes. Empezaron ha hablar en otras lenguas, según el Espíritu les permitía manifestarse. Asistimos entonces a una situación totalmente sorprendente, una multitud se congrega y queda admirada porque cada uno escucha hablar a los apóstoles en su propia lengua. Esta es una experiencia nueva que nunca había sucedido, los oyeron hablar en su lengua nativa, hablando de las grandes obras de Dios. A la luz de este texto de los Hechos de los Apóstoles deseo reflexionar sobre tres palabras relacionadas con la acción del Espíritu. Novedad, armonía, misión.

1. La novedad nos da siempre un poco de miedo porque estamos siempre más seguro si tenemos todo bajo control, si somos nosotros los que planificamos, construimos, programamos nuestra vida según nuestros esquemas, nuestras seguridades, nuestros gustos. Esto nos sucede también con Dios, lo seguimos, lo recibimos, pero hasta un cierto punto. Nos resulta difícil abandonarnos a Él con total confianza, dejando que sea el Espíritu santo el que nos anime, guíe nuestra vida, en todas las decisiones. Tenemos miedo de que Dios nos lleve por caminos nuevos, que nos saque de nuestros horizontes, con frecuencia, limitados, cerrados, egoístas, para abrirnos a los suyos.

Pero en toda la historia de la Salvación, cuando Dios se revela trae novedad, transforma y pide que confiemos totalmente en Él. A Noé del que todos se reían construye una barca y se salva. Abraham abandona su tierra confiando únicamente en una promesa. Moisés se enfrenta al faraón y conduce al pueblo a la libertad. Los apóstoles de temerosos y encerrados en el cenáculo salen con alegría para anunciar el Evangelio. No es la novedad por la novedad, la búsqueda de lo nuevo para salir del aburrimiento, como sucede con frecuencia en nuestro tiempo. La novedad que Dios trae a nuestra vida es lo que realmente nos realiza, lo que nos da la verdadera alegría, la verdadera felicidad, porque Dios nos ama y siempre quiere nuestro bien.

Preguntemos, ¿estamos abiertos a la sorpresa de Dios, o nos encerramos en el miedo a la novedad del Espíritu Santo? ¿ estamos decididos a recorrer los caminos nuevos que la novedad de Dios nos presenta o nos atrincheramos en estructuras caducas que han perdido la capacidad de respuesta? Estas preguntas nos hará bien hacérnosla durante la jornada.

2. Una segunda idea el Espíritu Santo aparentemente crea desorden en la iglesia, porque produce diversidad de carismas, de dones… sin embargo, bajo su acción todo esto es una gran riqueza porque el espíritu Santo es el Espíritu de unidad que no significa uniformidad, sino reconducir todo a la armonía. En la iglesia la armonía la hace el Espíritu Santo, un padre de la iglesia tiene una expresión que me gusta mucho: “El Espíritu Santo es propiamente la armonía” Solamente Él puede suscitar la diversidad, la pluralidad, la multiplicidad y al mismo tiempo realizar la unidad.

También aquí, cuando somos nosotros los que pretendemos la diversidad y nos encerramos en nuestros particularismos, en nuestros exclusivismos, provocamos la división. Y cuando somos nosotros los que queremos construir la unidad con nuestros planes humanos terminamos con imponer la uniformidad y la homologación. Si por el contrario nos dejamos guiar por el Espíritu, la riqueza, la variedad, la diversidad, nunca provocaran conflicto, porque el nos invita a vivir la variedad en la comunión de la iglesia.

Caminar juntos en la iglesia, guiados por los pastores que tienen un especial carisma y ministerio signo de la acción del Espíritu Santo, la eclesialidad es una característica fundamental para cada cristiano, para cada comunidad, para todo movimiento. Es la iglesia la que me trae a Cristo y me lleva a Cristo, los caminos paralelos son muy peligrosos. “Cuando nos aventuramos a ir más allá”, dice el apóstol Juan, “de la doctrina y la comunidad eclesial y no permanecemos en ellas, no estamos unidos al Dios de Jesucristo”. Preguntémonos entonces: ¿estoy abierto a la armonía del Espíritu Santo evitando todo exclusivismo?¿me dejo guiar viviendo en la iglesia y con la iglesia”

3. El último punto. Los teólogos antiguos decían: “el alma es una especie de barca de vela y el Espíritu Santo es el viento que sopla la vela para hacerla avanzar.” La fuerza y el ímpetu del viento son los dones del Espíritu, sin su fuerza, sin su gracia no iríamos adelante. El Espíritu Santo nos introduce en el misterio del Dios vivo y nos salva del peligro de una iglesia autorreferencial, cerrada en su recinto. Nos impulsa a abrir las puertas para dar testimonio de la bondad del Evangelio, para comunicar el gozo del encuentro con Cristo. El Espíritu Santo es el alma de la misión, lo que sucedió en Jerusalén hace casi 2000 mil años no es un hecho lejano, lejano de nosotros, es un hecho que nos alcanza a cada uno de nosotros y hace experiencia viva en nosotros. El Pentecostés del cenáculo de Jerusalén es el inicio, un inicio que se prolonga. El Espíritu Santo es el don por excelencia de Cristo resucitado a sus apóstoles, pero Él quiere que llegue a todos. Como hemos escuchado en el Evangelio, el Espíritu Santo nos muestra el horizonte y nos impulsa a las periferias existenciales para anunciar la vida de Jesucristo. Preguntémonos si tenemos la tendencia a cerrarnos en nosotros mismos, en nuestros grupos, o si dejamos que el Espíritu Santo nos conduzca a la misión.

Recordemos hoy estas tres palabras: Novedad, armonía y misión. La liturgia de hoy es una gran oración que la iglesia con Jesús eleva al Padre, para que renueve la efusión del Espíritu Santo. Que cada uno de nosotros, cada grupo, movimiento, en la alegría de la iglesia, se dirija al Padre para pedirle este don. También junto con María, la iglesia invoca: “Ven Espíritu Santo, llena el corazón de tus fieles y enciende en ellos la llama de tu amor” Amen.


15 de mayo de 2013

13 de mayo de 2013

12 de mayo de 2013

Lo vieron levantarse...



En mi primer libro, querido Teófilo, escribí de todo lo que Jesús fue haciendo y enseñando hasta el día en que dio instrucciones a los apóstoles, que había escogido, movido por el Espíritu Santo, y ascendió al cielo. Se les presentó después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo, y, apareciéndoseles durante cuarenta días, les habló del reino de Dios.

Una vez que comían juntos, les recomendó: «No os alejéis de Jerusalén; aguardad que se cumpla la promesa de mi Padre, de la que yo os he hablado. Juan bautizó con agua, dentro de pocos días vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo.» Ellos lo rodearon preguntándole:

«Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?» Jesús contestó: «No os toca a vosotros conocer los tiempos y las fechas que el Padre ha establecido con su autoridad. Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines del mundo.»

Dicho esto, lo vieron levantarse, hasta que una nube se lo quitó de la vista. Mientras miraban fijos al cielo, viéndolo irse, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron:- «Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que os ha dejado para subir al cielo volverá como le habéis visto marcharse.» (Hch 1, 1-11).

1 de mayo de 2013

Hasta la cima ...













La jornada de este día 1º de mayo comenzó bastante temprano. La mañana se presentaba algo fría, triste y lluviosa por estas tierras del norte, pero a  medida que despuntaba el día, comenzaban a salir tímidamente los primeros rayos de sol.

Al bajar y abrir las puertas del templo parroquial, un buen grupo de fieles, hacían su primera aparición, portando como no, variados y abundantes ramos de flores y ramas verdes. El resto, lo hacían poco a poco. Ya congregados en el templo y con la participación de bastantes niños y familias enteras, dimos comienzo con el saludo, la oración y el canto de salida: "Juntos como hermanos...", pues eso es lo que somos, hermanos, peregrinos, compañeros de viaje...

Y para que sepan los que no lo saben, con la llegada del primer día del mes de mayo, la tradición, recuperada de nuevo hace diez años, manda subir al Pico de La Atalaya, para los de Guía, o la Montaña Ajódar para los de Gáldar, (y así no se me enfadan ni unos ni otros, jeje), para enramar las catorce cruces del Vía Crucis, que comienza casi a mitad de la montaña y que llega hasta la misma cima. 

El camino desde el templo hasta la vereda que nos introduce en la subida a la montaña, transcurre con la incorporación de nuevos caminantes que poco a poco desde sus casas se unen a la comitiva, así como los temas de conversación se basan en los que este año no pudieron venir por varias circunstancias o en los que subían fielmente cada año, pero que los achaques de la enfermedad  y la edad, que no perdona, ya se lo han impedido. No obstante, ellos, unos y otros, estaban hoy con nosotros.

Desde la más joven con 7 añitos hasta la más veterana con 80, experimentaron el entusiasmo que supone  dicha subida, y yo, como nuevo párroco del lugar también, y Dios quiera, en sus manos lo dejo, que sean muchas más.

Poco antes de las doce del mediodía, llegamos a la cima, dejando atrás, las once cruces enramadas a medida que íbamos subiendo y rezando la estación correspondiente del Vía Crucis. Ya en la cima, los que habían subido en coche por problemas de salud, daban los últimos retoques florales a las tres cruces restantes que allí en la cima se encuentran, completando así, el número catorce de las estaciones. 

El rezo del Ángelus, en honor de nuestra Madre del Cielo, un pequeño refrigerio para reponer fuerzas y la foto correspondiente de los participantes, puso punto final a esta nueva subida hasta otro año.

Sin embargo, la bajada no dejó de ser también espectacular, ya no solo por las magníficas vistas del norte de la isla, de punta a punta, si bien por las historias, hazañas y recuerdos de niñez de los adultos del lugar mientras realizábamos la bajada; por esa pendiente de picón nos lanzábamos con un cartón, decía uno. Nos escapábamos de casa y veníamos aquí a jugar en la cuevas, por aquí entrábamos y por allí abajo salíamos, decía otra. No nos dejaban subir más arriba de casa de fulanito, y sin que lo supieran nuestros padres, nos recorríamos toda la montaña, comentaba otra. De arrastrarme por aquí abajo, rompí los pantalones y las espargatas comentaba otro. Y así, uno tras otro, travesuras de niño, ¿y quien no?. 

Sí amigos, hoy ha sido uno de esos días especiales, que como tantos otros, recordaré con gratitud. Y hoy, como antaño, hemos cumplido, hemos subido... 

Esperamos vernos el año que viene, con la misma fe, con la misma devoción y alegría, con la misma fraternidad. 

Ha sido un año más, pero ha sido un año distinto. Y yo, por vez primera, también he cumplido, he subido...

Gracias amigos, gracias familia, por compartir juntos, este hermoso día...


Ha llegado el mes de...



25 de abril de 2013

La grandeza del que reza con humildad...




"Solo soy un humilde fraile que ora"

Padre Pío.

Con actitud serena y orante ...




La agresión sufrida el pasado 18 de abril por monseñor André-Joseph Léonard, arzobispo de Bruselas-Malines, ha recorrido como un escalofrío toda Europa. 

Las imágenes estremecen por la ferocidad y el odio con que se comportaron las agresoras, un grupo de feministas radicales denominado Femen.

Irrumpieron en el aula de la Universidad Libre de Bruselas donde monseñor Léonard estaba pronunciando una conferencia. Iban desnudas de torso, llevaban consignas pintadas en el cuerpo y gritaban "¡Stop, homofobia!". 

Rodearon al obispo y vaciaron sobre su cuerpo botellas de agua con una imagen de la Virgen en el exterior, mientras seguían insultándole y gritando consignas hirientes contra la Iglesia y se burlaban de los símbolos cristianos.

La noticia de la agresión ha dado la vuelta al mundo. Pero lo que ha asombrado a millones de personas es la actitud serena y orante del obispo durante el ataque.

En plena agresión, mientras las autoras del atentado escupían todo su odio y lo humillaban empapándole de agua y exhibiéndose desnudas delante de él, monseñor Léonard tomó la imagen de Nuestra Señora de Lourdes que las agresoras habían tirado sobre la mesa y la besó.

Esta respuesta es un motivo de orgullo y reconocimiento, no solo para los católicos, sino para cualquiera que aprecie el valor de la dignidad humana.

No es la primera vez que monseñor Léonard sufre una agresión. En 2011, un grupo de radicales estampó cuatro tartas en su cara, durante un acto en la Universidad de Lovaina. En dos ocasiones más, le propinaron un tartazo, una durante la celebración de una Eucaristía, y otra, en plena calle, cuando se disponía a entrar en un edificio.

Los medios periodísticos y las oficinas gubernamentales de todo el mundo glosan estos días el ejemplo de resistencia pacífica y valiente que ha dado monseñor André-Joseph Léonard al fantasma de la intolerancia religiosa que parece renacer en Europa para evocar los peores instintos de la historia de la Humanidad.


21 de abril de 2013

Con Él, nada me falta...




El Señor es mi pastor, nada me falta
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas;
me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque Tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan.(...)
Tu bondad y tu misericordia
me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del señor,
por años sin término.

(Salmo 22)


Sacerdotes de Cristo.



Sean sacerdotes de Cristo, 
llenos de misericordia y ternura, 
voz del Pueblo de Dios y de la humanidad entera.  

(El Papa Francisco, 22 de abril de 2013).


Sé valiente...


14 de abril de 2013

Tú sabes que te quiero...





En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos. 
Simón Pedro les dice: «Me voy a pescar.» 
Ellos contestan: «Vamos también nosotros contigo.» 
Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. 
Jesús les dice: «Muchachos, ¿tenéis pescado?» 
Ellos contestaron: «No.» 
Él les dice: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis.» 
La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro: «Es el Señor.» 
Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos cien metros, remolcando la red con los peces. Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. 
Jesús les dice: «Traed de los peces que acabáis de coger.» 
Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red. 
Jesús les dice: «Vamos, almorzad.» 
Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado. Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos. 
Después de comer, dice Jesús a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?» 
Él le contestó: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» 
Jesús le dice: «Apacienta mis corderos.» 
Por segunda vez le pregunta: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?» 
Él le contesta: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» 
Él le dice: «Pastorea mis ovejas.» 
Por tercera vez le pregunta: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?» 
Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le contestó: «Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero.» 
Jesús le dice: «Apacienta mis ovejas. Te lo aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras.» Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios. 
Dicho esto, añadió: «Sígueme.» (Juan 21,1-19).


Et universali Patri...


¿Quién nos salva?



La formación religiosa.




Algunos, lo que tienen es una formación religiosa infantil. Saben de Religión lo que estudiaron de niños, y no han vuelto a estudiar Religión. Es como el traje de Primera Comunión. Se te ha quedado pequeño. Cuando hiciste la Primera Comunión estabas muy mono con tu traje de marinerito. ¡Pero no te lo puedes poner ahora porque lo revientas!¡Porque no te va!. Pues con esto lo mismo. La formación religiosa que recibiste de niño, para niño te iba muy bien, pero ahora de hombre tienes que saber Religión a lo hombre, no a lo niño. Por eso, el que se ha quedado con una formación religiosa infantil se llena de problemas, de dudas y de dificultades.


Padre Jorge Loring.

Nunca tristes.



Como hijos de Dios...



Salud y Paz.