23 de septiembre de 2010

La sonrisa de Dios.


Celebramos hoy la memoria de San Pio de Pietrelcina, en el 42º aniversario de su marcha al Cielo.

Francesco Forgione (nombre de pila del Padre Pío) nació en una pequeña aldea del Sur de Italia, llamada Pietrelcina, en la provincia de Benevento, en el seno de una familia humilde y religiosa, el Miércoles 25 de mayo de 1887 a las 5 de la tarde. Sus padres, Horacio Forgione y María Giuseppa de Nunzio, ambos agricultores, encomendaron la protección del recién nacido a San Francisco de Asís, por esta razón le bautizaron con el nombre de Francisco al día siguiente de su nacimiento.

La familia Forgione vivía en el sector más pobre de Pietrelcina. Francisco fue pobre, pero como él mismo diría más adelante, nunca careció de nada... Los valores eran diferentes en aquella época; un niño se consideraba dichoso si tenía lo básico para vivir. Fue un niño muy sensible y espiritual.

Su vida transcurrió en los alrededores de la Iglesia Santa María de los Ángeles, que podríamos decir fue como su "hogar". Aquí fue bautizado, hizo su Primera Comunión, su Confirmación, y precisamente aquí, a los cinco años de edad, tuvo una aparición del Sagrado Corazón de Jesús. Este año marcaría la vida de Francisco para siempre; empieza a tener apariciones de la Santísima Virgen, que continuarían por el resto de su vida.

También tenía trato familiar con su ángel guardián, con el que tuvo la gracia de comunicarse toda su vida y el cual sirvió grandemente en la misión que él recibiría de Dios. Es también a esta edad que los demonios comenzaron a torturarlo. El niño acostumbraba a cobijarse bajo la sombra de un árbol particular durante los cálidos y soleados días de verano. Amigos y vecinos testificaron que fueron en más de una ocasión las veces que le vieron pelear con lo que parecía su propia sombra. Estas luchas continuarían por el resto de su vida.Fue un niño callado, diferente y tímido, muchos dicen que a tan corta edad ya mostraba signos de una profunda espiritualidad. Era piadoso, permanecía largas horas en la iglesia después de Misa. Hizo hasta arreglos con el sacristán para que le permitiera visitar al Señor en la Eucaristía, en los momentos en los cuales la iglesia permaneciera cerrada.

Llegó el momento en el cual Francisco manifestará su deseo de ser religioso. Su padre, al ver la limitación existente de educación en la villa, emigró a los Estados Unidos y a Jamaica buscando mejor solvencia económica que le permitiera sufragar los gastos de educación para Francisco. Sus padres, aunque humildes, recibieron gran sabiduría del Señor para ver el camino que su hijo habría de seguir. Hicieron grandes sacrificios para que se hiciera posible.

Los días antes de entrar al seminario fueron días de visiones del Señor, que le prepararían para grandes luchas. El día antes de entrar al Seminario, Francisco tuvo una visión de Jesús con su Santísima Madre. En esta visión, Jesús posa Su mano en el hombro de Francisco, dándole valor y fortaleza para seguir adelante. La Virgen María, por su parte, le habla suavemente, sutil y maternalmente penetrando en lo más profundo de su alma.

Padre Pío siempre caminó el sendero estrecho, no permitiéndose lujos ni nada que le pudiera desviar de su relación con Jesús. A los 15 años de edad, Francisco había adelantado lo suficiente como para entrar al Seminario; sería Fraile Capuchino. Ingresó con la Orden Franciscana de Morcone el 3 de enero de 1902. Quince días después de su entrada, el día 22 de enero de 1902, Francisco recibió el hábito franciscano que está hecho en forma de una cruz y percibió que desde ese momento su vida estaría “crucificada en Cristo”, tomó además, por nombre religioso, Fray Pío de Pietrelcina en honor a San Pío V.

La Fraternidad Capuchina en la cual ingresó era una de las más austeras de la Orden Franciscana y una de las más fieles a la regla original de San Francisco de Asís. El ayuno y la penitencia eran prácticas habituales.

En 1905, solo dos años después de haber entrado al Seminario, el Fraile Pío experimenta por primera vez la bilocación.

El 10 de agosto de 1910, Padre Pío es ordenado sacerdote en la Catedral de Benevento, Italia. La tarde de aquel día, escribe esta oración: “Oh Jesús, mi suspiro y mi vida, te pido que hagas de mí un sacerdote santo y una víctima perfecta”. El día de su ordenación, su padre se encontraba en América, pero su madre, su hermano Miguel y su esposa, y sus tres hermanas le acompañaron en ese día tan especial. Al finalizar la Santa Misa, su madre y sus hermanos se acercaron a la baranda para recibir su primera bendición. Su madre no podía contener sus lágrimas, tanto de la emoción como del dolor de pensar en la ausencia de su esposo, cuyo sacrificio había hecho posible la ordenación de su hijo.

Como era la costumbre, el nuevo Padre celebraría su primera Misa en la iglesia de su pueblo, en Santa María de los Ángeles. En la misma iglesia en la que 23 años antes había sido bautizado, en donde había recibido la Primera Comunión y el Sacramento de la Confirmación. El padre solía decirles a sus hijos espirituales “Si ustedes desean asistir a la Sagrada Misa con devoción y obtener frutos, piensen en la Madre Dolorosa al pie del Calvario”.

Mientras más alto escalaba el joven sacerdote hacia la perfección, más era asechado por el demonio. Y mientras más atormentado era por Satanás, más crecía en fe y en amor al Señor. Poco después de su ordenación, le volvieron las fiebres y los males que siempre le aquejaron durante sus estudios, y fue enviado a su pueblo, Pietrelcina, para que se restableciera de salud.

Cada vez que se hacía el intento para restaurarlo a la vida religiosa dentro del monasterio, este fracasaba, pues su salud empeoraba. Su vida sacerdotal en Pietrelcina incluía mucha oración acompañada de muchas funciones religiosas, así como estudios teológicos, catecismo para los niños del pueblo y reuniones con individuos y familias.

Durante su primer año de ministerio sacerdotal, en 1910, el Padre Pío manifiesta los primeros síntomas de los estigmas. En una carta que escribe a su director espiritual los describe así: “En medio de las manos apareció una mancha roja, del tamaño de un centavo, acompañada de un intenso dolor. También debajo de los pies siento dolor”. Estos dolores en la manos y los pies del Padre Pío, son los primeros recuentos de las estigmas que fueron invisibles hasta el año 1918.

Este tiempo en su pueblo natal fue un período de grandes combates espirituales con el demonio, pero también de grandes consuelos a través de éxtasis y fenómenos místicos, tanto interiores como exteriores, espirituales y físicos. El demonio solía aparecérsele de distintas maneras.

El día 12 de agosto de 1912 experimentó por primera vez la “llaga del amor”. El Padre Pío le escribió a su director espiritual explicándole lo sucedido: “Estaba en la Iglesia haciendo mi acción de gracias después de la Santa Misa, cuando de repente sentí mi corazón herido por un dardo de fuego hirviendo en llamas y yo pensé que me iba a morir”.Por siete años, Padre Pío permanece fuera del Convento, en Pietrelcina.
El día 17 de febrero de 1916, el Padre Pío salió de Pietrelcina rumbo a Foggia, donde los superiores lo llamaron para dar un servicio espiritual.

Aunque el Padre nunca más pudo regresar a Pietrelcina, su amor por ella nunca disminuyó. Durante la Segunda Guerra Mundial, el Padre, refiriéndose a su pueblo dijo: “Pietrelcina será preservada como la niña de mis ojos”. Y antes de morir, hablando proféticamente dijo: “Durante mi vida he favorecido a San Giovanni Rotondo. Después de mi muerte, favoreceré a Pietrelcina”.

El día 28 de julio de 1916, el Padre Pío llega a San Giovanni Rotondo por primera vez. San Giovanni Rotondo era en ese entonces una pequeña villa en la península del Gargano, rodeada por casas muy pobres, sin luz, sin agua potable ni cañería, sin caminos pavimentados y sin formas de comunicación modernos, muy parecido a la forma de vida en las villas pequeñas de aquel entonces.

El monasterio se encontraba a unos dos kilómetros del pueblo y para llegar a este, era necesario ir en mula. El monasterio contaba con una pequeña y rústica Iglesia de Nuestra Señora de la Gracia del siglo XIV.

Padre Pío fue invitado a San Giovanni por el Padre Guardián y su breve visita fue del 28 de julio al 5 de agosto. Durante esta visita, la salud del Padre parece haber mejorado un poco lo cual agradó al Padre Provincial y este lo mandó bajo obediencia a regresar a San Giovanni por un tiempo, hasta que mejorase más su salud. El Padre regresó al Monasterio del Gargano el día 4 de septiembre de 1916. En los designios del Señor, lo que en un inicio se pensó sería temporal, duró 52 años, hasta la muerte del Padre.

El Padre Pío fue llamado a las filas militares tres veces durante la Primera Guerra Mundial y las tres veces fue regresado luego de un corto período por motivos de salud. La última vez que fue llamado, su salud desmejoró tanto, que los mismos médicos le dieron de baja para “permitirle morir en paz en su hogar”. Las cortas permanencias en las filas militares causaron en él grandes dolores en su alma, a causa de la dureza de los soldados, las blasfemias que escuchó y el verse alejado de la vida monástica. Otro gran dolor era el no poder ofrecer la Santa Misa todos los días.

El Padre Pío sirvió como padre espiritual de los jóvenes que formaban parte del seminario seráfico menor, que en ese momento estaba en San Giovanni Rotondo. Él se encargaba de proveerles meditaciones, de confesarlos y de tener conversaciones espirituales con ellos. Oraba mucho y vigilaba su avance espiritual y hasta llegó a pedir permiso para ofrecerse como víctima al Señor por la perfección de este grupo a quienes como él mismo decía “amaba con ternura”.

La transverberación es una gracia extraordinaria que algunos santos como Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz han recibido. El corazón de la persona escogida por Dios es traspasado por una flecha misteriosa o experimentado como un dardo que al penetrar deja tras de sí una herida de amor que quema mientras el alma es elevada a los niveles más altos de la contemplación del amor y del dolor.

El Padre Pío recibió esta gracia extraordinaria el 5 de agosto de 1918. En gran simplicidad, el Padre le narró a su director espiritual lo sucedido: “Yo estaba escuchando las confesiones de los jóvenes la noche del 5 de agosto cuando, de repente, me asusté grandemente al ver con los ojos de mi mente a un visitante celestial que se apareció frente a mí. En su mano llevaba algo que parecía como una lanza larga de hierro, con una punta muy aguda. Parecía que salía fuego de la punta.

Vi a la persona hundir la lanza violentamente en mi alma. Apenas pude quejarme y sentí como que me moría. Le dije al muchacho que saliera del confesionario, porque me sentía muy enfermo y no tenía fuerzas para continuar. Este martirio duró sin interrupción hasta la mañana del 7 de agosto. Desde ese día siento una gran aflicción y una herida en mi alma que está siempre abierta y me causa agonía.

”Pero sin duda alguna lo que ha hecho famoso al Padre Pío es el fenómeno de los estigmas: las cinco llagas de Cristo crucificado que llevó en su cuerpo visiblemente durante 50 años. Un poco más de un mes después de haber recibido el traspaso del corazón, el Padre Pío recibe las señas, ahora visibles, de la Pasión de Cristo.

El Padre describe este fenómeno y gracia espiritual a su director por obediencia: “Era la mañana del 20 de septiembre de 1918. Yo estaba en el coro haciendo la oración de acción de gracias de la Misa y sentí poco a poco que me elevaba a una oración siempre más suave, de pronto una gran luz me deslumbró y se me apareció Cristo que sangraba por todas partes. De su cuerpo llagado salían rayos de luz que más bien parecían flechas que me herían los pies, las manos y el costado. Cuando volví en mí, me encontré en el suelo y llagado. Las manos, los pies y el costado me sangraban y me dolían hasta hacerme perder todas las fuerzas para levantarme. Me sentía morir, y hubiera muerto si el Señor no hubiera venido a sostenerme el corazón que sentía palpitar fuertemente en mi pecho. A gatas me arrastré hasta la celda. Me recosté y recé, miré otra vez mis llagas y lloré, elevando himnos de agradecimiento a Dios”.

Los estigmas del Padre Pío eran heridas profundas en el centro de las manos, de los pies y el costado izquierdo. Tenía manos y pies literalmente traspasados y le salía sangre viva de ambos lados, haciendo del Padre Pío el primer sacerdote estigmatizado en la historia de la Iglesia (San Francisco Asís no era sacerdote).

El provincial de los Capuchinos de Foggia invitó al Profesor Romanelli, médico y director de un prestigioso hospital, para que estudiara el caso y diera su parecer. El Doctor Romanelli no tuvo la menor duda del carácter sobrenatural del fenómeno. Poco después la Curia Generalicia de los Capuchinos en Roma envió a San Gionanni Rotondo a otro especialista, el profesor Jorge Festa. Sus conclusiones fueron que “los estigmas del Padre Pío tenían un origen que los conocimientos científicos estaban muy lejos de explicar. La razón de su existencia está mas allá de la ciencia humana”.

La noticia de que el Padre Pío tenía los estigmas se extendió rápidamente. Muy pronto miles de personas acudían a San Giovanni Rotondo para verle, besarle sus manos, confesarse con él y asistir a sus Misas.

La palabra ESTIGMA viene del griego y significa “marca” o “señal en el cuerpo”, y era el resultado del sello de un hierro candente con el cual marcaban a los esclavos. En sentido médico, estigma quiere decir una mancha enrojecida sobre la piel, que es causada porque la sangre sale de los vasos por una fuerte influencia nerviosa, pero nunca llega a ser perforación. En cambio los estigmas que han tenido los místicos son lesiones reales de la piel y de los tejidos, llagas verdaderas como, en este caso, las han descrito los doctores Romanelli y Festa.

Después de minuciosas investigaciones, la Santa Sede quiso intervenir directamente. En aquel entonces era una gran celebridad en materia de psicología experimental, el Padre Agustín Gemelli, franciscano, doctor en medicina, fundador de la Universidad Católica de Milán y gran amigo del Papa Pío XI.

El Padre Gemelli fue a visitar al Padre Pío, pero como no llevaba permiso escrito para examinar sus llagas, este rehúso a mostrárselas. El Padre Gimelli se fue de San Giovanni con la idea de que los estigmas eran falsos, de naturaleza neurótica y publicó su pensamiento en un artículo publicado en una revista muy popular. El Santo Oficio se valió de la opinión de este gran psicólogo e hizo público un decreto el cual declaraba la poca constancia en la sobrenaturalidad de los hechos.

En los años siguientes hubo otros tres decretos y el último fue condenatorio, prohibiendo las visitas al Padre Pío o mantener alguna relación con él, incluso epistolar. Como consecuencia, el Padre Pío pasó 10 años -de 1923 a 1933- aislado completamente del mundo exterior, entre la paredes de su celda. Durante estos años no solo sufría los dolores de la Pasión del Señor en su cuerpo, también sentía en su alma el dolor del aislamiento y el peso de la sospecha. Su humildad, obediencia y caridad no se desmintieron nunca.

El Padre Pío se levantaba todas la mañanas a las tres y media y rezaba el oficio de las lecturas. Fue un sacerdote orante y amante de la oración. Solía repetir: “La oración es el pan y la vida del alma; es el respiro del corazón, no quiero ser más que esto, un fraile que ama”.

Celebraba la Santa Misa en las mañanas acompañado de dos religiosos. Todos querían verlo y hasta tocarlo, pero su presencia inspiraba tanto respeto que nadie se atrevía a moverse en lo más mínimo. La Misa duraba casi dos horas y todos los presentes se sumergían de forma particular en el misterio del sacrificio de Cristo, multitudes se volcaban apretadas alrededor del altar deteniendo la respiración. El Padre Pío vive la Santa Misa, sufriendo los dolores del Crucificado y dando profundo sentido a las oraciones litúrgicas de la Iglesia. En los anales de la Iglesia, Padre Pío es el primer sacerdote estigmatizado; el fue esencialmente sacerdote, y su santidad fue esencialmente sacerdotal. Toda su vida giraba alrededor de esta realidad en la cual prestaba su boca a Cristo, sus manos y sus ojos. Cuando decía: "Esto es mi Cuerpo...Esta es mi Sangre", su rostro se transfiguraba. Olas de emoción lo sacudían, todo su cuerpo se proyectaba en una muda imploración. “La Misa”, dijo una vez a un hijo espiritual, “es Cristo en al Cruz, con María y Juan a los pies de la misma y los ángeles en adoración. Lloremos de amor y adoración en esta contemplación”. Mientras el Padre celebraba el Santo Sacrificio, el tiempo parecía detenerse.

Una vez se le preguntó al Padre cómo podía pasar tanto tiempo de pie en sus llagas durante toda la Santa Misa, a lo que él respondió: “Hija mía, durante la Misa no estoy de pie: estoy suspendido con Jesús en la cruz”.

Quien participara en la celebración Eucarística del Padre Pío no podía quedar tranquilo en su pecado. Después de la Santa Misa, el Padre Pío se sentaba en el confesionario por largas horas, dándole preferencia a los hombres, pues él decía que eran los que más necesitaban de la confesión. Al ser tantos los que acudían a la confesión, fue necesario establecer un orden, y confesarse con el Padre Pío podía tomarse fácilmente tres o cuatro días de espera.

Son muchos los impresionantes testimonios y las emotivas conversiones generadas a través de las Confesiones con el Padre Pío. Severo con los curiosos, hipócritas y mentirosos, y amoroso y compasivo con los verdaderamente arrepentidos. Uno de los dones que más impresionaba a la gente era que podía leer los corazones. Una vez se le preguntó al Padre por qué echaba a los penitentes del confesionario sin darles la absolución, a lo que él respondió: “Los echo, pero los acompaño con la oración y el sufrimiento, y regresarán”.

El Padre se le acercó y le preguntó el porqué de su llanto. El muchacho respondió que “lloraba, porque no le había dado la absolución”. Padre Pío lo consoló con ternura diciendo: “Hijo, ves, la absolución no es que te la he negado para mandarte al infierno sino al Paraíso”.

El Padre Pío era un hombre muy duro contra todo tipo de pecado, pero tierno, jovial y amante de la vida. Era un conversador brillante, con la astucia para mantener en suspenso a sus oyentes. Le gustaban mucho los chistes, y en su repertorio, no faltaban los que se referían a los soldados, políticos y religiosos. De la boca del Padre Pío, el chiste y la anécdota no eran solo sano humorismo y simple distracción, sino también una especie de apostolado: el apostolado de la alegría y el buen humor.

A muchos que acudían a él para pedir su intercesión en momentos de necesidad, el Padre no faltaba en darles una mano con su oración. En una ocasión contaba un monseñor que a un campesino conocido de él, al cual le vino un fuerte y repentino dolor de muelas una noche, en su desesperación por sentirse que el Padre no había escuchado su súplica de intercesión, tomó un zapato y lo arrojó contra el cuadrito en el que estaba la foto del Padre Pio. Pasado el tiempo y habiendo olvidado el gesto irreverente, fue a confesarse con el Padre, el cual le replicó en el confesionario: “Y todavía tienes el coraje, después del zapatazo que me distes en la cara...”.

Una de las sanaciones más conocidas del Padre Pío fue la de una niña llamada Gema, que había nacido sin pupilas en los ojos. La abuelita de ésta la llevó a San Giovanni Rotondo con la esperanza de que el Señor obrara un milagro a través de la intercesión del Padre. El Padre Pio la bendijo e hizo la señal de la cruz sobre sus ojos. La niña recuperó la vista, aunque el milagro no terminó allí. Gema vio desde ese momento, sin nunca tener pupilas. Ya de adulta, Gema entró en la Vida Religiosa.

La vida del Padre Pío está tan llena de acontecimientos extraordinarios que es necesario buscar las causas de ellos en su vida íntima. Quien es llamado a servir en la misión redentora de Jesucristo tiene que sufrir mucho moral y físicamente.

La tarde del 9 de enero de 1940, el Padre Pío reunió a tres de sus grandes amigos espirituales y les propuso un proyecto al cual él mismo se refirió como “su obra más grande aquí en la tierra”: la fundación de un hospital que habría de llamarse “Casa Alivio del Sufrimiento”. El Padre sacó una moneda de oro de su bolsillo que había recibido en una ocasión como regalo y dijo: “Esta es la primera piedra”. El 5 de mayo de 1956 se inauguró el hospital con la bendición del cardenal Lercaro y un inspirado discurso del Papa Pío XII. La finalidad del hospital es curar al enfermo tanto espiritual como físicamente: la fe y la ciencia, la mística y la medicina, todos de acuerdo para auxiliar la persona entera del enfermo: cuerpo y alma.

“Lo que le falta a la humanidad, repetía con frecuencia, es la oración”. A raíz de la Segunda Guerra Mundial, el mismo Padre funda los “Grupos de Oración del Padre Pío”. Los Grupos se multiplicaron por toda Italia y el mundo. A la muerte del Padre los Grupos eran 726 y contaban con 68.000 miembros, y en marzo de 1976 pasaban de 1.400 grupos con más de 150.000 miembros. “Yo invito a las almas a orar y esto ciertamente fastidia a Satanás. Siempre recomiendo a los Grupos la vida cristiana, las buenas obras y, especialmente, la obediencia a la Santa Iglesia”.

La envidia humana se echó encima de la obra del Padre Pío. Desde 1959, periódicos y semanarios empezaron a publicar artículos y reportajes mezquinos y calumniosos contra la “Casa Alivio del Sufrimiento”. Para quitar al Padre los donativos que le llegaban de todas partes del mundo para el sostenimiento de la Casa, sus enemigos planearon una serie de documentaciones falsas y hasta llegaron, sacrílegamente, a colocar micrófonos en su confesionario para sorprenderlo en error.

Algunas oficinas de la Curia Romana condujeron investigaciones, le quitaron la administración de la Casa Alivio del Sufrimiento y sus Grupos de Oración fueron dejados en el abandono. A los fieles se les recomendó no asistir a sus Misas ni confesarse con él. El Padre Pío sufrió mucho a causa de esta última persecución que duró hasta su muerte, pero su fidelidad y amor intenso hacia la Santa Madre Iglesia fue firme y constante. En medio del dolor que este sufrimiento le causaba, solía decir: “Dulce es la mano de la Iglesia también cuando golpea, porque es la mano de una madre”.

El viernes 20 de septiembre de 1968, el Padre Pío cumplía 50 años de haber recibido los estigmas del Señor. Fue grande la celebración en San Giovanni. El Padre Pío celebró la Misa a la hora acostumbrada. Alrededor del altar había 50 grandes macetas con rosas rojas para sus 50 años de sangre... De la misma manera milagrosa como los estigmas habían aparecido en su cuerpo 50 años antes, ahora, 50 años más tarde y unos días antes de su muerte, habían desaparecido sin dejar rastro alguno de cinco décadas de dolor y sangre, con lo cual el Señor ha confirmado su origen místico y sobrenatural.

Tres días después, murmurando por largas horas “¡Jesús, María!”, muere el Padre Pío, en la madrugada del 23 de septiembre de 1968. Los funerales del Padre Pío fueron impresionantes. Se tuvo que esperar cuatro días para que las multitudes pasaran a despedirlo. Se calcula que más de 100 mil personas participaron del entierro.Muchas han sido las sanaciones y conversiones concedidas por la intercesión del Padre Pío e innumerables milagros han sido reportados a la Santa Sede.

Los preliminares de su Causa se iniciaron en noviembre de 1969. El 18 de diciembre de 1997, Su Santidad Juan Pablo II lo pronunció venerable. Este paso, aunque no tan ceremonioso como la beatificación, es ciertamente la parte más importante del proceso.

El venerable Padre Pío fue beatificado el 2 de mayo de 1999. Tan grande fue la multitud en la Misa de beatificación, que desbordaron la Plaza de San Pedro y toda la Avenida de la Conciliación hasta el río Tiber sin ser estos lugares suficientes. Millones además lo contemplaron por la televisión en el mundo entero.

El día 16 de junio del 2002, su Santidad Juan Pablo II canonizó al Padre Pío, quien desde ese momento pasó a ser el primer sacerdote canonizado que ha recibido los estigmas de nuestro Señor Jesucristo.

San Pio de Pietrelcina, ruega por nosotros. Así sea.

20 de septiembre de 2010

¿Qué hace la Iglesia por los demás?...


Aunque nuestro Maestro y Señor nos dijo: "Que vuestra mano izquierda, no sepa lo que hace la derecha", no estaría mal que, por una vez, y sin que sirva de precedente, se enteren algunos de la inmensa labor social que, además de su misión espiritual, realiza nuestra Santa Madre Iglesia.

Estas son las cifras de la tan "odiada" Iglesia Católica:

· 5.141 Centros de enseñanza; 990.774 alumnos. (Ahorran al Estado 3 millones de euros por centro al año).

· 107 Hospitales (Ahorran al Estado 50 millones de euros por hospital al año).

· 1.004 Centros; entre ambulatorios, dispensarios, asilos, centros de minusválidos, de transeúntes y de enfermos terminales de SIDA; un total de 51.312 camas (Ahorran al Estado 4 millones de euros por centro al año).

· Gasto de Cáritas al año: 155 millones de euros (salidos del bolsillo de los cristianos españoles).

· Gasto de Manos Unidas: 43 millones de euros (del mismo bolsillo).

· Gasto de las Obras Misionales Pontificias (Domund): 21 millones de euros (¿Imaginan de dónde sale?).

· 365 Centros de reeducación para marginados sociales: ex-prostitutas, ex-presidiarios y ex-toxicómanos; 53.140 personas. ( Ahorran al Estado, medio millón de euros por centro).

· 937 orfanatos; 1 0.835 niños abandonados. (Ahorran al Estado 100.000 euros por centro).

· El 80 % del gasto de conservación y mantenimiento del Patrimonio histórico-artístico. (Se ha calculado un ahorro aproximado al Estado de entre 32.000 y 36.000 millones de euros al año).

Todas estas partidas suponen para la economía española un ahorro global anual aproximado de: 68,200 millones de Euros.

A todo esto habría que sumar el trabajo de los miles de voluntarios, promovidos por la Iglesia que colaboran, sin percibir un sueldo, en Cáritas, Manos Unidas etc., realizando una importantísima labor desinteresada de ayuda a los demás.

¿En cuánto tendríamos que evaluar ese trabajo?.

Es asombroso que nadie, o muy pocos, saben de esta labor y de este ahorro tan fundamental para la economía española. Por todo esto y por una vez, de seguro que nos perdonará el Señor que hagamos públicas las obras de Caridad de la Iglesia, tan defenestrada por algunos pero de la que hemos de sentirnos orgullosos los cristiano.

21 de agosto de 2010

El Papa de la Eucaristía.


Hoy 21 de agosto, recordamos también a unos de los papas más santos que ha tenido la Iglesia; San Pio X.

José Sarto, nombre de pila de San Pio X, nació en Riese, poblado cerca de Venecia (Italia) en 1835,en el seno de una familia humilde siendo el segundo de diez hijos.

Siendo niño perdió a su padre por lo que pensó dejar de estudiar para ayudar a su madre en los gastos de manutención de la familia, sin embargo ésta se lo impidió y pudo continuar sus estudios en el seminario gracias a una beca que le consiguió un sacerdote amigo de la familia.

Una vez ordenado fue vice-párroco, párroco, canónigo, obispo de Mantua y Cardenal de Venecia, puestos donde duró en cada uno de ellos nueve años.

Muchas son las anécdotas de este santo que reflejan tanto su santidad como su lucha por superar sus defectos.

En 1903 al morir León XIII fue convocado a Roma para elegir al nuevo Pontífice. Una vez elegido Sumo Pontífice, cargo que acepto por cumplir solamente la Voluntad de Dios, pues él mismo se consideraba indigno de tal nombramiento, escogió el nombre de Pío inspirado en que los Papas que eligieron ese nombre habían sufrido por defender la fe.

Tres eran sus más grandes características:

La pobreza: fue un Papa pobre que nunca fue servido más que por dos de sus hermanas para las que tuvo que solicitar una pensión para que no se quedaran en la miseria a la hora de la muerte de Pío X.

La humildad: Pío X siempre se sintió indigno del cargo de Papa e incluso no permitía lujos excesivos en sus recámaras y sus hermanas que lo atendían no gozaban de privilegio alguno en el Vaticano.

La bondad: Nunca fue difícil tratar con Pío X pues siempre estaba de buen genio y dispuesto a mostrarse como padre bondadosos con quien necesitara de él.

Dentro de sus obras destaca el combate contra dos herejías muy en boga en esa época: el Modernismo, la cual la combatió con la Encíclica Pascendi, estableciendo que los dogmas son inmutables y la Iglesia si tiene autoridad para dar normas de moral; la otra herejía que combatió fue el Jansenismo que propagaba que la Primera Comunión se debía retrasar lo más posible; en contraposición Pío X decretó la autorización para que los niños pudieran recibir la Primera Comunión desde el momento en que entendiesen quien está en la Sagrada Hostia. Este decreto le valió ser llamado "el Papa de la Eucaristía".

Fundó el Instituto Bíblico para perfeccionar las traducciones de la Biblia y nombró una comisión encargada de ordenar y actualizar el Derecho Canónico. Promovió el estudio del Catecismo.

Murió santamente, el 21 de agosto de 1914, después de once años de pontificado.

ACORDAOS...


Hoy es sábado, y como no, acudimos a la intercesión de la Virgen María. San Bernardo de Claraval, cuya memoria ayer celebrábamos, nos dejó esta bella oración para tratar a la Santísima Virgen:


“Acordaos, oh piadosísima Virgen María,
que jamás se ha oído decir
que ninguno de los que han acudido a vuestra protección,
implorando vuestra asistencia
y reclamando vuestro socorro,
haya sido desamparado de Vos.
Animado con esta confianza,
a Vos también acudo,
oh Madre!, Virgen de las vírgenes;
y aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados,
me atrevo a comparecer ante Vuestra presencia Soberana.
No desechéis, oh Santa Madre de Dios!, mis humildes súplicas;
antes bien, inclinad a ellas vuestros oídos
y acogedlas favorablemente
Amén”.

20 de agosto de 2010

Doctor melífluo.



Celebramos hoy la memoria de San Bernardo de Claraval, el gran impulsor y propagador de la Orden Cisterciense y el hombre más importante de la Europa del siglo XII.

Nació en Borgoña (Francia) en el año 1.090, en el Castillo Fontaines-les-Dijon. Sus padres eran los señores del Castillo y fue educado junto a sus siete hermanos como correspondía a la nobleza, recibiendo una excelente formación en latín, literatura y religión.

San Bernardo es, cronológicamente, el último de los Padres de la Iglesia, pero es uno de los que más impacto ha tenido en ella.

Fue declarado Santo en 1.173 por el Papa Alejandro III. Posteriormente, fue declarado Doctor de la Iglesia.

Bernardo tenía un extraordinario carisma de atraer a todos para Cristo. Era amable, simpático, inteligente, bondadoso y alegre, incluso muy apuesto, pues sabemos que su hermana Humbelina le llamaba cariñosamente con el apelativo de "ojos grandes". Durante algún tiempo se enfrió en su fervor y empezó a inclinarse hacia lo mundano. Pero las amistades mundanas, por más atractivas y brillantes que fueran, lo dejaban vacío y lleno de hastío. Después de cada fiesta se sentía más desilusionado del mundo y de sus placeres.

Una noche de Navidad, mientras celebraban las ceremonias religiosas en el templo, se quedó dormido y le pareció ver al Niño Jesús en Belén en brazos de María, y que la Santa Madre le ofrecía a su Hijo para que lo amara y lo hiciera amar mucho por los demás. Desde este día ya no pensó sino en consagrarse a la religión y al apostolado. Un hombre que arrastra con todo lo que encuentra, Bernardo se fue al convento de monjes benedictinos llamado Cister, y pidió ser admitido. El superior, San Esteban Harding lo aceptó con gran alegría.

En la historia de la Iglesia es difícil encontrar otro hombre que haya sido dotado por Dios de un poder de atracción tan grande para llevar gentes a la vida religiosa, como el que recibió Bernardo. Las muchachas tenían terror de que su novio hablara con el santo. En las universidades, en los pueblos, en los campos, los jóvenes al oírle hablar de las excelencias y ventajas espirituales de la vida en un convento, se iban en numerosos grupos a que él los instruyera y los formara como religiosos. Durante su vida fundó más de 300 conventos para hombres, e hizo llegar a gran santidad a muchos de sus discípulos. Lo llamaban "el cazador de almas y vocaciones". Con su apostolado consiguió que 900 monjes hicieran profesión religiosa.

Fundador de Claraval. En el convento del Cister demostró tales cualidades de líder y de santo, que a los 25 años (con sólo tres de religioso) fue enviado como superior a fundar un nuevo convento. Escogió un sitio apartado en el bosque donde sus monjes tuvieran que derramar el sudor de su frente para poder cosechar algo, y le puso el nombre de Claraval, que significa "valle claro" ya que allí el sol ilumina fuerte todo el día. Supo infundir del tal manera fervor y entusiasmo a sus religiosos de Claraval, que habiendo comenzado con sólo 20 compañeros, a los pocos años tenía 130 religiosos. De este convento de Claraval salieron monjes a fundar otros 63 conventos. (Trois Fontaines, Fontenay, Foigny, etc.,).

Le llamaban "El Doctor boca de miel" (doctor melífluo). Su inmenso amor a Dios y a la Virgen Santísima y su deseo de salvar almas lo llevaban a estudiar por horas y horas cada sermón que iba a pronunciar, y luego como sus palabras iban precedidas de mucha oración y de grandes penitencias, el efecto era fulminante en los oyentes. Escuchar a San Bernardo era ya sentir un impulso fortísimo a volverse mejor.

Fue el gran enamorado de la Virgen Santísima. Se adelantó en su tiempo a considerarla medianera de todas las gracias y poderosa intercesora nuestra ante su Hijo Nuestro Señor. A San Bernardo se le deben las últimas palabras de la Salve: "Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María"., así como la bellísima oración del "Acordaos".

Tal era su Amor a la Virgen que teniendo costumbre de saludarla siempre que pasaba ante una imagen de ella con las palabras "Dios te Salve María", la imagen un día le contestó "Dios te salve, hijo mío Bernardo".

Después de haber llegado a ser el hombre más famoso de Europa en su tiempo y de haber conseguido varios milagros (como por ejemplo hacer hablar a un mudo, el cual confesó muchos pecados que tenía sin perdonar) y después de haber llenado varios países de monasterios con religiosos fervorosos, ante la petición de sus discípulos para que pidiera a Dios la gracia de seguir viviendo otros años más, exclamaba:

"Mi gran deseo es ir a ver a Dios y a estar junto a Él. Pero el amor hacia mis discípulos me mueve a querer seguir ayudándolos. Que el Señor Dios haga lo que a Él mejor le parezca". Y a Dios le pareció que ya había sufrido y trabajado bastante, y que se merecía el descanso eterno y el premio preparado para los discípulos fieles, y se lo llevó a su eternidad feliz, el 20 de agosto del año 1153 a los 63 años.

15 de agosto de 2010

En la Asunción de nuestra Señora a los cielos.


"Los santos Padres y grandes doctores, en las homilías y disertaciones dirigidas al pueblo en la fiesta de la Asunción de la Madre de Dios, hablan de este hecho como de algo ya conocido y aceptado por los fieles y lo explican con toda precisión, procurando sobre todo hacerles comprender que lo que se conmemora en esta festividad es no sólo el hecho de que el cuerpo sin vida de la Virgen María no estuvo sujeto a la corrupción, sino también su triunfo sobre la muerte y su glorificación en el cielo, a imitación de su Hijo único Jesucristo.

Y, así, san Juan Damasceno, el más ilustre transmisor de esta tradición, comparando la asunción de la santa Madre de Dios con sus demás dotes y privilegios, afirma, con elocuencia vehemente:

«Convenía que aquella que en el parto había conservado intacta su virginidad conservara su cuerpo también después de la muerte libre de la corruptibilidad. Convenía que aquella que había llevado al Creador como un niño en su seno tuviera después su mansión en el cielo. Convenía que la esposa que el Padre había desposado habitara en el tálamo celestial. Convenía que aquella que había visto a su Hijo en la cruz y cuya alma había sido atravesada por la espada del dolor, del que se había visto libre en el momento del parto, lo contemplara sentado a la derecha del Padre. Convenía que la Madre de Dios poseyera lo mismo que su Hijo y que fuera venerada por toda creatura como Madre y esclava de Dios.»

Según el punto de vista de san Germán de Constantinopla, el cuerpo de la Virgen María, la Madre de Dios, se mantuvo incorrupto y fue llevado al cielo, porque así lo pedía no sólo el hecho de su maternidad divina, sino también la peculiar santidad de su cuerpo virginal:

«Tú, según está escrito, te muestras con belleza; y tu cuerpo virginal es todo él santo, todo él casto, todo él morada de Dios, todo lo cual hace que esté exento de disolverse y convertirse en polvo, y que, sin perder su condición humana, sea transformado en cuerpo celestial e incorruptible, lleno de vida y sobremanera glorioso, incólume y partícipe de la vida perfecta.»

Otro antiquísimo escritor afirma:

«La gloriosa Madre de Cristo, nuestro Dios y salvador, dador de la vida y de la inmortalidad, por él es vivificada, con un cuerpo semejante al suyo en la incorruptibilidad, ya que él la hizo salir del sepulcro y la elevó hacia sí mismo, del modo que él solo conoce.»

Todos estos argumentos y consideraciones de los santos Padres se apoyan, como en su último fundamento, en la sagrada Escritura; ella, en efecto, nos hace ver a la santa Madre de Dios unida estrechamente a su Hijo divino y solidaria siempre de su destino.

Y sobre todo hay que tener en cuenta que, ya desde el siglo segundo, los santos Padres presentan a la Virgen María como la nueva Eva asociada al nuevo Adán, íntimamente unida a él, aunque de modo subordinado, en la lucha contra el enemigo infernal, lucha que, como se anuncia en el protoevangelio, había de desembocar en una victoria absoluta sobre el pecado y la muerte, dos realidades inseparables en los escritos del Apóstol de los gentiles. Por lo cual, así como la gloriosa resurrección de Cristo fue la parte esencial y el último trofeo de esta victoria, así también la participación que tuvo la santísima Virgen en esta lucha de su Hijo había de concluir con la glorificación de su cuerpo virginal, ya que, como dice el mismo Apóstol: Cuando esto mortal se vista de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra escrita: «La muerte ha sido absorbida en la victoria.»

Por todo ello, la augusta Madre de Dios, unida a Jesucristo de modo arcano, desde toda la eternidad, por un mismo y único decreto de predestinación, inmaculada en su concepción, virgen integérrima en su divina maternidad, asociada generosamente a la obra del divino Redentor, que obtuvo un pleno triunfo sobre el pecado y sus consecuencias, alcanzó finalmente, como suprema coronación de todos sus privilegios, el ser preservada inmune de la corrupción del sepulcro y, a imitación de su Hijo, vencida la muerte, ser llevada en cuerpo y alma a la gloria celestial, para resplandecer allí como reina a la derecha de su Hijo, el rey inmortal de los siglos". (De la Constitución Apostólica Munificentissimus Deus del Papa Pío XII).

11 de agosto de 2010

Como buques en alta mar...


Esta mañana, un amigo me ha enviado esta curiosa comparación de la vida de los sacerdotes jóvenes y mayores con los buques en el mar. Como me ha parecido ocurrente e interesante al mismo tiempo, la comparto con todos vosotros. De parte de un “buque” que casi acaba de salir a alta mar y que espera llegar algún día al puerto deseado, guiado por la espléndida y luminosa “Estrella de la Mañana”…

“Todo sacerdote joven me parece un buque que parte por primera vez hacia alta mar.

Todo sacerdote viejo me parece un buque que va llegando al puerto.

Me he cruzado en el mar, en uno de los siete mares del mundo, con dos buques, uno viejo y otro nuevo.

No sé por qué razones siempre que veo un buque viejo me pongo a imaginar las aventuras, los peligros, las tormentas que ha pasado; y delante de uno nuevo, todo lo que le aguarda.

Me he cruzado con dos, el uno viejo y el otro nuevo.

El viejo iba llegando al puerto, con su casco despintado, sus velas en jirones, sus masteleros en astillas, pero con su proa tajante y su timón obediente y firme, de modo que se mantenía en la buena ruta.

El otro recién botado al agua, navegaba hacia alta mar, relumbrante, con su arboladura nueva, sus cuerdas blancas, sus velas sonoras y al viento, que le daba en el costado. El agua hervía en espuma, bajo su quilla que abría un profundo surco en las olas.

Todo le sonreía, el sol, el cielo, la brisa, que cantaba en sus obenques, las ligeras nubes que le daban sombra, los delfines que danzaban a su alrededor y las gaviotas que se posaban en sus jarcias. Y él avanzaba libre y ufano, hacia los misterios del primero de los siete mares, seguro de sus lonas, de sus maderas y de sus forros de cobre y de su timón nuevo.

Y yo rogué por él, que antes de llegar al puerto tenía que humillar la soberbia en el Atlántico, cerrar los ojos y oídos a los espejismos y a los cantos de las sirenas en el Mediterráneo; dominar la ira en el Rojo; sobreponerse a la gula en el Índico; desafiar los tifones de la envidia en el Mar de la China; despreciar las mordeduras de la avaricia en el Pacífico; luchar contra el frío del alma en el Ártico; y vencer la pereza en el Mar de Sargazos, que más que un mar es la plaga de todos los mares.

Cuando veo un sacerdote viejo, deslucido en su traje y en su palabra, distraído como quien tiene el corazón en otra parte, sordo a los rumores de la tierra y atento a las voces que le hablan en sueños como a Samuel, pienso que invita a cantar un Te Deum, porque es un navío que ha pasado ya las tormentas de los siete mares.

Cuando veo uno joven, que emprende su periplo, impaciente de surcar los océanos, con demasiada confianza en la altura de sus mástiles y en lo pulido de sus cascos y en la gallardía de sus lonas; que mira poco el cielo para orientar su rumbo y mucho las máquinas que fabrican los hombres, tengo miedo por él.

Y más si es artista; y mucho más si es elocuente; y muchísimo más si es ingenuo y ama el ruido, y cree que le falta tiempo y puede dejar hoy esta rúbrica, mañana este rezo, después esta meditación, ser impuntual en la hora de su Misa; ser distraído en su breviario.

¡Ay! ¡Cuántos mares y cuántos escollos delante de su proa y qué lejos el puerto!

Llegará, sin duda, si deja de mirar la brújula de los hombres y levanta el corazón hasta la Estrella de la Mañana.

Llamamos así a la Virgen, pero es también una de las más preciosas advocaciones de Jesús, que dice de Sí Mismo en el último capítulo del Apocalipsis: “Yo Soy Jesús, la espléndida y luminosa Estrella de la Mañana”.

(Tomado de "Navega hacia alta mar", de Hugo Wast).

5 de agosto de 2010

Servite Domino in laetitiae.


Ayer, cuatro compañeros sacerdotes y yo, celebrábamos el día del Santo Cura de Ars comiendo juntos. Durante la comida, todo el que entraba en el restaurante y los de las mesas de alrededor, miraban con asombro, a cinco sacerdotes, riendo con alguna que otra broma, y pasándolo bien, además, el día que celebrábamos no era para menos, ¿o no?, y es que menudo fue San Juan Mª Vianney, y no lo digo por su físico, sino por la de lecciones que nos dejó para que los sacerdotes fuésemos de verdad santos. Y todo esto lo digo, porque en el estupendo documental “La última cima”, en una de las diferentes preguntas que sobre los sacerdotes se le iba haciendo a la gente, en un momento dado, le preguntan a una señora si ella conocía a algún sacerdote alegre, recordamos ¿verdad?, y después de una espera considerable, la mujer responde que no…y sinceramente, las veces que fui a ver este documental al cine, esto me dio mucho que pensar…la alegría, la alegría del sacerdote…¿y es que no somos realmente alegres, o es que la gente no lo percibe?...

Como se suele decir: un santo triste, es un triste santo…estamos hechos de la misma pasta que el resto de los hombres, y como dice un amigo sacerdote; "venimos todos con un defecto de fábrica”, pero eso no quita para que la alegría en el sacerdote este presente. Los problemas y las dificultades vienen solos, pero si nos agarra la tristeza, ahora sí que hay un verdadero problema y una gran dificultad.

Sí amigos, para ser alegres testigos del amor de Dios estamos los sacerdotes, pero también para amar y servir. Nosotros, los que libremente nos hemos consagrado al Señor, no somos los solteros de turno, los tristes y amargados, somos hombres célibes, que hemos renunciado a una familia en la carne, pero no a la gran familia de los hijos de Dios, a un amor humano, pero no al amor y al poder amar.

Este mediodía, charlaba por el móvil con una persona estupenda y que el Señor ha puesto en mi camino; un amigo entrañable, un padre ejemplar…Lo llamaba para decirle tan solo que lo echaba de menos, que no sabía nada de él desde hacía varios días, que lo quería mucho, que rezaba por él y por su familia…y que si le podía ayudar en algo, que me lo pidiese...como hasta ahora…

Sí amigos, amamos y queremos de verdad, con el único corazón que tenemos, pero amamos. Cristo murió amando, con los brazos extendidos sobre la Cruz… y así, caminamos en alegría hacia la resurrección, con el pueblo santo de Dios a nosotros encomendado, orando por él y junto con él.

Hoy, 5 de agosto, aunque litúrgicamente es la dedicación de la basílica de Santa María la Mayor, en Roma, por el Papa Sixto III, celebramos el día de la Virgen María, en su advocación de las Nieves. Ella, que es alegría y esperanza nuestra, nos ayude a los sacerdotes y a todos los cristianos, a vivir la alegría, el servicio y el amor, hasta el final de nuestras vidas. Ya nos lo dice el apóstol; "Servite Domino in laetitiae", "Servid al Señor con alegría".

Santa María, ruega por nosotros.

4 de agosto de 2010

El hombre que se hizo misericordia...


Hoy, como cada 4 de agosto, celebramos la memoria de San Juan María Vianney, el santo cura de Ars, sacerdote francés, (Dardilly, 8 de mayo de 1786 - Ars, 4 de agosto de 1859), nombrado por el Papa Benedicto XVI, patrono de todos los sacerdotes del mundo, el 19 de junio de 2009, al inicio del ya clausurado Año Sacerdotal.

Al convocar dicho Año Sacerdotal, el Santo Padre nos decía: "El corazón del Cura de Ars, era un corazón inflamado de amor divino. La Iglesia tiene necesidad de sacerdotes santos, de ministros que ayuden a lo fieles a experimentar el Amor Misericordioso del Señor y sean sus testigos convencidos". Y Juan Pablo II, al regreso de una peregrinación a Ars, el 6 de octubre de 1986, manifestaba; "La figura del Santo Cura de Ars, no deja de hablar también al hombre de hoy. Su extraordinaria vida llena de oración y de mortificación, el heróico servicio a la Palabra de Dios y a los sacramentos, especialmente el de la Penitencia, continúan siendo un punto de viva referencia para los sacerdotes de la Iglesia contemporánea".


Breve reflexión del Santo Cura de Ars:

“Estaba profundamente convencido de que una persona es feliz cuando vive con Dios; y que es infeliz sólo cuando esa persona libremente se ha separado de Dios: porque no conoce lo que Dios dice, porque ha dejado de escucharle y hacerle caso. Hijos míos; ¿por qué somos tan ciegos y tan ignorantes?. Porque no hacemos caso de la Palabra de Dios!. Pero lo primero para poder hacer caso a Dios es saber qué dice, estar formado: Con una persona formada hay siempre recursos. Una persona que no está formada en su religión es como un enfermo agónico; no conoce ni la grandeza del pecado, ni la belleza del alma, ni el precio de la virtud..”.


Oración del Santo Cura de Ars:

Te amo, oh mi Dios.
Mi único deseo es amarte
hasta el último suspiro de mi vida.
Te amo, oh infinitamente amoroso Dios,
y prefiero morir amándote
que vivir un instante sin Ti.
Te amo, oh mi Dios,
y mi único temor es ir al infierno
porque ahí nunca tendría
la dulce consolación de tu amor.
Dios mío, si mi lengua no es capaz de decir
a cada momento que te ama,
quiero que mi corazón lo diga
tantas veces cuanto respiro.
Dios mío, concédeme la gracia de sufrir amándote
y de amar sufriendo.
Yo te amo, oh Dios mío,
porque tú me tienes aquí abajo crucificado por ti.
Concédeme la gracia de morir amándote
y sintiendo que te amo. Amén.

3 de agosto de 2010

Mis padres no me quieren sacerdote...


En estos últimos años, varios han sido los monaguillos que me he ido encontrando en las diferentes parroquias por las que he tenido el gusto de pasar primero como seminarista y diácono, y luego como sacerdote, y que me han expresado la idea de ser algún día sacerdotes. Otros, por timidez, no me lo han expresado, pero sé que les gusta. Aunque son solo niños, Dios no se hace el sordo al deseo de estos pequeños. Y no sé por qué, bueno..., si que lo sé, pero siempre he estado convencido de que las oraciones de los niños llegan antes al cielo que las nuestras, tal vez porque ellos si que saben pedir a Dios con fe y confianza... no como nosotros, con exigencias...

Ojalá algún día no muy lejano, estos monaguillos que he conocido y conozco, y pienso en uno en concreto...sigan adelante con sus "planes de futuro" pues mi oración no les faltará, y cuando lleguen al Seminario, en la puerta de entrada se encuentren con un cartel como el de la foto que diga: "bienvenidos al SEMINARIO monaguillos".

A continuación, dos historias conmovedoras del padre Fernando Pascual, nos hablan de dos mensajes enviados desde el cielo; el primero dirigido a un niño que quiere ser sacerdote y se encuentra con la oposición de sus padres, y el segundo va dirigido a un padre, a quien su hijo le pide permiso para ir al Seminario. Y dice así:

"En el cielo están inquietos. Varios ángeles han llegado con mensajes dramáticos de jóvenes que no encuentran el apoyo de sus padres a la hora de seguir la vocación de Dios al sacerdocio.

“¿Por qué, Dios mío, mis padres no quieren que sea sacerdote?”. “Mi madre me ha dicho furiosa que no desea saber nada de mi vocación”. “Ayúdame, Jesús, a encontrar fuerzas para hacer lo que Dios quiere de mí”. “¿Cómo puedo decirle a mis padres que Dios me quiere sacerdote?”

Hay revoloteo de alas, prisas, llamadas de emergencia. Querubines y serafines buscan en los archivos las mejores respuestas dadas en los últimos 300 años. Pero un arcángel muy experimentado, con su sabiduría milenaria, ha dicho la palabra definitiva: “A nuevas situaciones nuevas respuestas: hemos de elaborar mensajes adecuados a los tiempos modernos”. Por fin, reina la calma en el departamento de “vocaciones para el nuevo milenio”. Los ángeles, sin palabras (se comunican directamente, de espíritu a espíritu) han preparado varios mensajes. Con la aprobación celestial, según las indicaciones de la supervisión divina, bajan a la tierra los primeros mensajes.

“Mensaje urgente a Manuel. Dios esté contigo.

No temas la oposición de tus padres. Si el Señor te ha sugerido que te quiere sacerdote no va a dejarte abandonado precisamente ahora, cuando más lo necesitas.

Lo primero que te recomendamos es que sigas en oración. ¿No recuerdas que Dios te había escogido allí, ante el Sagrario? Vuelve con Jesús y dile lo que pasa en tu familia.

Explícale lo que tú dijiste, el enfado de tu padre, las lágrimas de tu madre. Reza mucho por tus padres. Ellos están convencidos de que te quieren, y no se dan cuenta de lo absurdo de sus miedos ante tu vocación.

Necesitan descubrir que el regalo más hermoso que Dios puede ofrecer a una familia es invitar a uno de sus hijos a ser sacerdote. Necesitan recordar que el hijo no es propiedad de nadie, sino de Dios.

Porque tu padre y tu madre se amaban, Dios les regaló tu vida. Ahora Dios les está dando un nuevo regalo: ¡un hijo sacerdote! Pero no se dan cuenta, o no quieren ver, lo hermosa que es una vida entregada a los demás. Ni lo maravilloso que es ver que un día tú dirás las palabras de Jesús: Esto es mi cuerpo... Esta es mi sangre... Tus pecados están perdonados...

No tengas miedo. Confía, reza, ama. Hay tormentas que pueden durar semanas, meses o años. Pero si estás junto a Dios, nada te pasará.

De parte de Dios, el Arcángel Gabriel”.


“Mensaje al Sr. Francisco.

Dios te bendice con cariño. Especialmente, Dios te bendice con la vocación de tu hijo Carlos, que te acaba de pedir permiso para ir al seminario. Sé que lo amas mucho, sé que soñabas otra cosa para él. Pero, de verdad, si abres los ojos, si tienes un corazón de padre bueno, sentirás cada día una alegría mayor, porque verás a Carlos entre los seres humanos más felices de la tierra.

Es cierto que no te dará nietos según la carne, pero sí miles y miles de nietos en el espíritu. ¿Ves esa multitud de niños bulliciosos junto al sacerdote en la misa de 11? Un día estarán alrededor de Carlos, y, en cierto modo, también alrededor de ti.

¿Que hoy la vida del sacerdote es muy difícil, que muchos despreciarán a tu hijo, que habrá quien lo calumnie y lo persiga? Pues, la verdad, deberías de sentir orgullo en vez de pena: ¡qué privilegio ser padre de un hijo que imita tan de cerca a Jesucristo!

¿Qué es mejor un hijo que sea un buen abogado y no un hijo que sea un mal sacerdote? Pues muchísimo mejor será un hijo buen sacerdote que un hijo mal abogado. No te imaginas la paz que Carlos ofrecerá a los moribundos, la ayuda que dará a los novios, la esperanza que distribuirá entre los ancianos, las ayudas que repartirá entre los pobres, la sonrisa que dibujará en los niños cuando empiece a decirles que Jesús les ama. Sr. Francisco, de verdad, en el cielo eres envidiado. Y en la tierra, sin que ellos lo sepan, sin que tú te des cuenta, miles de personas esperan que apoyes a Carlos, que le acompañes en el camino de su vocación sacerdotal.

Entonces sí que podrás decir a tu mujer que Dios os ha bendecido como a ninguna otra familia del mundo, que la amas mucho porque tú y ella habéis sido generosos, porque tendréis ante Dios a un hijo sacerdote para siempre.

Que Dios siga contigo. Y que María, que también sabe lo que significa ver a un Hijo que camina entre críticas y sustos, te conceda la gracia de ser padre feliz de un hijo sacerdote, es decir, de un hijo hecho pan para ser repartido entre los hombres hambrientos de esperanza”.

31 de julio de 2010

A María, Madre de Jesús y Madre nuestra.


Hoy es sábado, último día del mes de julio, y desde muy antiguo, el sábado ha sido un día dedicado a la Santísima Virgen María. Acudamos a Ella en este día con toda confianza. Seamos constantes y perseverantes en el trato con Ella. La Santísima Virgen no podrá hacerse sorda al clamor de sus hijos.


Préstame Madre tus ojos
para con ellos mirar
porque si con ellos miro
nunca volveré a pecar.

Préstame Madre tus labios
para con ellos rezar
porque si con ellos rezo
Jesús me podrá escuchar.

Préstame Madre tu lengua
para poder comulgar
pues es tu lengua materna
de amor y de santidad.

Préstame Madre tus brazos
para poder trabajar
que así rendirá mi trabajo
una y mil veces más.

Préstame Madre tu manto
para cubrir mi maldad
pues cubierto con tu manto
al Cielo he de llegar.

Préstame Madre a tu Hijo
para poderlo yo amar
pues si me das a Jesús
qué más puedo desear?.

Así será esta mi dicha
por toda la eternidad. Amén.

30 de julio de 2010

AD MAIOREM DEI GLORIAM.



Hoy, 31 de julio, celebramos la memoria de San Ignacio de Loyola. Iñigo López de Loyola, nombre de pila de Ignacio, nació en Loyola, en las provincias vascongadas; su vida transcurrió primero entre la corte real y la milicia; luego se convirtió y estudió teología en París, donde se unieron los primeros compañeros con los que había de fundar más tarde, en Roma, la Compañía de Jesús. Ejerció un fecundo apostolado con sus escritos y con la formación de discípulos, que habían de trabajar intensamente por la reforma de la Iglesia.

San Ignacio, dejando las armas, los honores y los placeres de esta vida, se decidió a escoger el Camino de Dios hasta lograr alcanzar la santidad. El mismo nos dejó escrito:

“A fin de imitar a Cristo nuestro Señor y asemejarme a El, de verdad, cada vez más; quiero y escojo la pobreza con Cristo, pobre más que la riqueza; las humillaciones con Cristo humillado, más que los honores, y prefiero ser tenido por idiota y loco por Cristo, el primero que ha pasado por tal, antes que como sabio y prudente en este mundo".

Su lema; “Ad maiorem Dei gloriam” “Para mayor gloria de Dios”.


Cronología de La Vida de San Ignacio De Loyola.

1491- Año probable del nacimiento de Ignacio de Loyola.

1521- Colabora en la defensa de Pamplona acosada por el rey de Francia. Es herido en la pierna derecha y enviado a Loyola, donde pasa la convalecencia. En este tiempo caen en sus manos algunos libros piadosos que le hacen descubrir, en la vida de Jesús y de los Santos, un nuevo horizonte en su vida. Se produce en Ignacio una primera conversión. Experimenta, igualmente, una lucha interior entre deseos piadosos y deseos mundanos.

1522- San Ignacio comienza una peregrinación al Santuario de Nuestra Señora de Montserrat. Una vez en Montserrat, hace una confesión general y deja sus vestidos y su espada. Continúa el camino hacia Manresa donde da comienzo a una vida de pobreza, oración, y penitencia. Después de un tiempo de turbación, escrúpulos, dudas y angustias, vivirá una singular experiencia de Dios que recordará toda la vida: "la ilustración del Cardoner". Igualmente comenzará a formular su experiencia espiritual con lo que da comienzo a lo que más adelante será el libro de los Ejercicios Espirituales.

1527-A lo largo de este año Ignacio vivirá dos procesamientos más y será encarcelado. Al salir de la prisión viaja a Salamanca. Nuevamente tendrá procesos inquisitoriales, se le prohibe predicar y enseñar materias teológicas por no haber hecho suficientes estudios. Ignacio decide marchar de Salamanca, pasa por Barcelona y se encamina a París.

1538- San Ignacio celebra su primera misa en la iglesia de ¨Santa María la Maggiore¨.

1540- Paulo III confirma la fundación de la Compañía de Jesús.

1541- Ignacio comienza la redacción de las Constituciones de la Compañía y es elegido superior general de la misma. A partir de este momento Ignacio vivirá permanentemente en Roma.

1556- Muerte de San Ignacio de Loyola. Es enterrado en el lugar donde actualmente está la Iglesia del Gesú en Roma.

1609- Es beatificado por el Papa Paulo V.

1622- El Papa Gregorio XV canoniza a Ignacio de Loyola, quedando así incluido su nombre en la catálogo de los santos.

16 de julio de 2010

Dar las gracias por tanto bien...




La proyección de la famosa película-documental, que ha gustado hasta el mas "pintao", ya ha llegado a su fin en la mayoría de los cines de nuestro pais.

Sin duda alguna, ha sido una creación cinematográfica que ha tenido una muy buena aceptación en este último mes y medio, y lo más impactante ha sido que no ha dejado indiferente a nadie, eso, ni al más "pintao", llevando a interrogarse a más de cuatro, sobre la importancia del papel del sacerdote en nuestro secularizado siglo XXI.

Dar las gracias por este documental es poco. Con el tiempo, tocará recoger los buenos frutos que seguro que cosecharemos tras este estreno, después de tantas pruebas por las que ha pasado nuestra Madre la Iglesia en lo que va de año...

Si fui a verla unas cuatro veces, no me hubiese importado volverla a ver de nuevo. Me conmovió de tal manera, que no dejé de recomendarla.

Descubrí que todos estamos llamados a ser Pablo Domínguez, en su entrega, dedicación, generosidad, buen humor,...en su amor a Dios y a los demás.

Descubrí la alegría de ser sacerdote, sacerdote y solo sacerdote... Esa es la verdadera alegría y la razón de nuestro existir.

Gracias Pablo, por tu testimonio de vida, y gracias a tantos y tantos "Pablos anónimos" que con su vivencia del ministerio, manifiestan hoy a nuestro mundo la grandeza y la alegría de ser sacerdote...

Madre mía del Carmelo...


Según la tradición carmelita, el día de Pentecostés, ciertos piadosos varones, que habían seguido el trazado de vida de los Profetas Elías y Eliseo, abrazaron la fe cristiana; siendo ellos los primeros que levantaron un templo a la Virgen María en la cumbre del Monte Carmelo, en el lugar mismo desde donde Elías viera la nube, que figuraba la fecundidad de la Madre de Dios.

Estos religiosos se llamaron Hermanos de Santa María del Monte Carmelo, y pasaron a Europa en el siglo XIII, con los Cruzados, aprobando su regla el Papa Inocencio IV en 1245, bajo el generalato de San Simón Stock.

El 16 de julio de 1251, la Virgen María se apareció a ese su fervoroso servidor, y le entregó el hábito que había de ser su signo distintivo. El Papa Inocencio bendijo ese hábito y le otorgó varios privilegios, no sólo para los religiosos de la Orden, sino también para todos los Cofrades de Nuestra Señora del Monte Carmelo. Llevando éstos el escapulario, que es la reducción del que llevan los Carmelitas, participan de todos los méritos y oraciones de la Orden y pueden esperar de la Santísima. Virgen verse pronto libres del Purgatorio, si hubieran sido fieles en observar las condiciones impuestas para su uso.

En este día, pidamos el acrecentamiento de la fe y de la devoción a María Santísima, la cual promete a los que llevan puesto su santo escapulario la eterna salvación y el alivio y abreviación de las penas del Purgatorio.

El Carmelo era sin duda, el monte donde numerosos profetas rindieron culto a Dios. Los principales fueron Elías y su discípulo Eliseo, pero existían también diferentes personas que se retiraban en las cuevas de la montaña para seguir una vida eremítica. Esta forma de oración, de penitencia y de austeridad fue continuada siglos más tarde, concretamente en el III y IV, por hombres cristianos que siguieron el modelo de Jesucristo y que de alguna forma tuvieron al mismo Elías como patrón situándose en el valle llamado Wadi-es-Siah.

A mediados del siglo XII, un grupo de devotos de Tierra Santa procedentes de Occidente -algunos creen que venían de Italia-, decidieron instalarse en el mismo valle que sus antecesores y escogieron como patrona a la Virgen María. Allí construyeron la primera iglesia dedicada a Santa María del Monte Carmelo. Desde su monasterio no quisieron crear una nueva forma de culto mariano, ni tampoco, el título de la advocación, respondía a una imagen en especial.

Quisieron vivir bajo los aspectos marianos que salían reflejados en los textos evangélicos: maternidad divina, virginidad, inmaculada concepción y anunciación. Estos devotos que decidieron vivir en comunidad bajo la oración y la pobreza, fueron la cuna de la Orden de los Carmelitas, y su devoción a la Virgen permitió que naciera una nueva advocación: Nuestra Señora del Carmen.

En el mes de junio de 2007, tres meses antes de ser ordenado sacerdote, fui como peregrino a Tierra Santa, y como no, subí al Monte Carmelo y experimenté en vivo, la devoción a nuestra Madre en esta secular advocación tan querida por todo el pueblo de Dios y por las gentes del mar.

Hoy, acogiéndonos a la intercesión de la Santísima Virgen en esta Advocación del Monte Carmelo, es un buen día para recordar aquella oración que de niños tantas veces escuchábamos a nuestros mayores y que con mucho fervor, repetíamos cada noche;


“Madre mía del Carmelo,
con tu escapulario santo,
llévame contigo al cielo
y cúbreme con tu manto”.

15 de julio de 2010

DIJIMOS QUE SÍ.


Hace unas pocas semanas, salió a la luz un estupendo libro, que muchos quizás ya conocen, y que lleva por título “Vocaciones sacerdotales; DIJIMOS QUE SI”.

Se trata de una recopilación de 32 testimonios de sacerdotes que narran su vocación sacerdotal, coordinada por María José Monfort.

Y va dirigido…

A los que posiblemente nunca se han planteado la vocación sacerdotal;

A los que sí han «sentido algo distinto» alguna vez, pero tratan de «escapar» porque es demasiado lo que tienen que dejar;

A los que en su familia tienen una vocación sacerdotal, don extraordinario, pero que no acaban de entenderlo.

A los que nunca se han planteado rezar por los sacerdotes pero que a partir de ahora lo harán con esperanza; a los que sí, que aunque les cuesta aceptarlo, quieren sonreír al Señor y decir «Sí, aquí estoy porque me has llamado, para hacer tu voluntad» (I Sam 3).

Como sucedió a los primeros discípulos, el Señor ha salido al encuentro de cada uno de ellos, con la misma naturalidad, con que se hace al amigo una invitación a que le acompañe.

Este libro no quiere ser otra cosa que un canto de gratitud y de alabanza por tanto don y tanta gracia. Sus autores son conscientes de que el don les sobrepasa de tal modo que toda la eternidad será insuficiente para rendir gracias suficientes a Dios por tanto don.

4 de julio de 2010

Si te puedo ayudar en algo...


Anoche sábado, después de las correspondientes celebraciones y tareas parroquiales, fui con un grupo de amigos al cine a ver la famosa película-documental "La última cima".

Como muchos ya saben, este estupendo documental que trata sobre la vida de Pablo Domínguez, joven sacerdote madrileño, fallecido en febrero del pasado año junto a una amiga, mientras escalaban una montaña, no deja indiferente a quien lo ve. Lleva varias semanas proyectándose, desde el pasado 3 de junio, con una buena afluencia de gente de todas las edades, y de verdad, que no deja indiferente a nadie, y en primer lugar, a nosotros los sacerdotes.

Yo no tuve la dicha de conocer a Pablo en persona, ni había oido nunca hablar de él, pero en realidad, no me ha hecho falta tratarlo personalmente para descubrir quien era, pues bien que lo refleja este estreno cinematográfico.

En tiempos de crisis vocacional, de cierto cansancio y desesperanza para muchos, y todo esto si lo aliñamos con los recientes escándalos de abusos, vividos en el seno de la propia Iglesia, este documental nos lleva nunca mejor dicho a la cima, pero a la cima de la perfección, perfección en el amor, en la entrega, en la oración, en el desprendimiento... en definitiva, perfección en todas las facetas de nuestra vida sacerdotal.

Es un documental que invito a ver a todos, mejor, a meditar, y si eres sacerdote o consagrado, o un buen cristiano, y no has hecho la oración de la tarde, la puedes hacer allí mismo...da para eso y más...

También me acompañaron mis padres, claro, tras mucha insistencia. Ya sabemos, que el cine si no gusta, terminas aburriéndote como una ostra, y que casualidad, me enteraba por el camino, que la última vez que fueron al cine, estaba yo en el seno materno, casi nada... Quien le iba a decir a mi madre, que la próxima vez que pisase una sala de cine, 33 años después, iba a ser con aquel hijo que por entonces llevaba en su seno, hoy ordenado sacerdote, y para ver un documental sobre la vida y la muerte de otro sacerdote...las cosas del Señor...

"La última cima" nos llama a la esperanza en esta vida, esperanza iluminada desde la fe y el amor, hasta que alcancemos un día la plenitud, la última de las cimas de esta vida, cuando contemplemos el rostro amoroso de Dios Padre para siempre...

Pablo, a pesar de su "caché" intelectual y con el gran prestigio académico del que gozaba, se consideraba solamente sacerdote, sacerdote y nada más que sacerdote...

"Si te puedo ayudar en algo, pídemelo", esta era su respuesta para cuantos se acercaban a él o a cuantos él se acercaba.

Muchas son las personas que conozco y llevo en el corazón, muchas, muchísimas son aún las que no conozco, pero tal vez conoceré algún día..., pero a tí, que estas leyendo este pequeño artículo, y que te conozco de años, de meses o tal vez de días, y aunque sabes que siempre estoy ahí, pero si por descuido no te lo he dicho aún, te digo ahora, junto con Pablo Domínguez; "Si te puedo ayudar en algo, pídemelo"....

27 de junio de 2010

Tú Señor, eres mi bien.


El hermano Francisco de Asís había llegado al final de su proceso de conversión. El Señor lo había visitado en el monte Alverna, y en su cuerpo quedaron las llagas, testigo de una crucifixión. Entonces, de su puño y letra, Francisco escribió un cántico al amor de caridad que lo había crucificado: “Tú eres el santo Señor Dios único, el que haces maravillas… tú eres el bien, el todo bien, el sumo bien, Señor Dios vivo y verdadero…”. Francisco, crucificado, ya puede decir con verdad: “Mi Dios, mi todo”.

Teresa de Jesús dijo lo mismo con una rima para grabar en el alma: "Nada te turbe, nada te espante, quien a Dios tiene, nada le falta, sólo Dios basta”.

Es ésta la plenitud que nosotros aprendemos mientras oramos con las palabras del salmista: “Yo digo al Señor: «Tú eres mi bien». El Señor es el lote de mi heredad y mi copa, mi suerte está en tu mano”.

Este salmo bien pudiera ser la oración de un levita en el día de su dedicación, o la de un sacerdote en el día de su consagración. Para ellos, que no heredarán en la tierra prometida, “el Señor será su heredad”, su único bien, todo su bien.

El salmista anticipa en la vieja alianza, y sólo como figura profética, la relación de Cristo Jesús con el Padre del cielo. Francisco y Teresa imitan en la alianza nueva lo que en Cristo Jesús han visto cumplido. Sólo en Jesús de Nazaret el hombre llega a decir a Dios con toda verdad: “No tengo bien fuera de ti”.

Esta experiencia de Dios como plenitud del hombre es la que hace posible en el creyente –en el salmista, en Jesús, en los discípulos de Jesús- la disponibilidad necesaria para ponerse en camino, asumir la propia misión, aceptar en libertad la llamada de Dios.

Si Dios es mi todo, lo demás resultará espiritualmente indiferente. Si Dios es mi todo, y el amor de Dios se me ha hecho fuente de libertad, lo podré aceptar todo con tal de hacer en mi vida la voluntad de Dios.

Sólo en el Altísimo Hijo de Dios, hecho hombre por nosotros, Dios lo es todo para el hombre y el hombre se adhiere en todo a la voluntad de Dios. Nosotros, pecadores, somos por gracia hambrientos de plenitud y de fidelidad, sedientos de amor y de libertad. Propio de pecadores que buscan a Dios es la súplica humilde, porque la caridad divina lleve a término en nosotros lo que ella misma comenzó. Desde lo hondo del corazón, suba hoy hasta el cielo, con palabras del hermano Francisco, la oración de nuestra pobreza: “Omnipotente, eterno, justo y misericordioso Dios, concédenos por ti mismo a nosotros, míseros, hacer lo que sabemos que quieres y querer siempre lo que te agrada, a fin de que, interiormente purificados, iluminados interiormente y encendidos por el fuego del Espíritu Santo, podamos seguir las huellas de tu amado Hijo, nuestro Señor Jesucristo, y llegar, por sola tu gracia, a ti, Altísimo, que en perfecta Trinidad y en simple Unidad vives y reinas y eres glorificado, Dios omnipotente, por todos los siglos de los siglos”.

Sólo el Hijo amado de Dios recorre con fidelidad el camino que lleva al Padre. Nosotros deseamos seguir sus huellas, seguirlas de cerca, tan de cerca que, en realidad, lo que deseamos es llegar a la plena comunión con él, a ser uno con él.

El cielo se asombrará, hermano mío, hermana mía, cuando en él resuenen hoy las palabras de tu salmo: “Yo digo al Señor: «Tú eres mi bien»”. En una sola voz, el Padre oirá la del Hijo y la de la Iglesia, la de Cristo Jesús y la tuya.

Feliz domingo, Iglesia amada del Señor. (Por Mons. Agrelo. Arzobispo de Tánger).

26 de junio de 2010

El santo de la vida ordinaria.


Celebramos hoy la memoria de San Josemaría Escrivá de Balaguer, sacerdote español y fundador del Opus Dei. Josemaría Escrivá, nació en Barbastro (España) el 9 de enero de 1902. Fue ordenado sacerdote en Zaragoza, el 28 de marzo de 1925. El 2 de octubre de 1928, en la fiesta de los Ángeles Custodios, fundó el Opus Dei, abriendo así en la Iglesia un nuevo camino, para que hombres y mujeres de todas las razas y condiciones sociales vivan con plenitud la vocación cristiana, santificando sus diversas ocupaciones en medio del mundo. En 1982, fue erigida en Prelatura personal. Con su predicación y sus escritos, suscitó una vasta toma de conciencia de la específica misión eclesial de los laicos. Falleció repentinamente en Roma, en el mediodía del 26 de junio de 1975.

El siguiente texto es de San Josemaría, y desde hace varios años, lo tengo en mi cuarto de trabajo y de estudio, y de vez en cuando, le echo alguna que otra miradita. A mí me ha ayudado mucho, espero que a ti también...



"En la vida, hay primaveras y veranos,
pero también llegan los inviernos,
días sin sol y noches huérfanas de luna.
No podemos permitir que el trato con Jesucristo
dependa de nuestros estados de humor,
de los cambios de nuestro carácter.
¿Quién no ha pasado por un momento difícil?...
En estos momentos duros de la vida,
sentimos la ayuda maternal de la Virgen
que está siempre a nuestro lado,
y no nos abandona nunca,
y que nos ayuda a comenzar y recomenzar,
una y otra vez:
Ad Iesum per Mariam!".

18 de junio de 2010

Otro Ángel en el cielo.


Esta mañana, sobre las 11:30, mientras el Sr. Obispo y los compañeros sacerdotes disfrutábamos de la Formación Permanente para el Clero impartida por el Padre Jesuita José Mª Fernández Matos, recibíamos una noticia que nos dejaba a todos perplejos.

Ángel Rodríguez, un joven compañero sacerdote, fallecía unas horas antes víctima de un infarto mientras caminaba como cada mañana por el famoso paseo de Las Canteras.

Ángel, “Angelito”, “Ángelo” o “Angelote", como lo llamaba yo cariñosamente, fue el sacerdote que durante tres años, exactamente desde septiembre de 1996 hasta julio de 1999, compartió conmigo y con otros compañeros seminaristas, algunos hoy sacerdotes; el mismo techo, la misma mesa, alegrías, tristezas, esperanzas, ilusiones y un sinfín de cosas más.

Y es que Angelito fue durante mis tres primeros años en el Seminario, el formador de la 1ª etapa denominada Filosofía. Formador, para entendernos, es aquel sacerdote nombrado por el Sr. Obispo para acompañar más de cerca a los seminaristas en su proceso de formación hacia el ministerio sacerdotal.

Jamás pensé, que tan joven y de esta forma, el Señor te fuese a llamar a Su presencia. Y así fue... Desde el silencioso paseo matutino en el bello amanecer de nuestra isla, el Señor te llamó a un nuevo amanecer...Y que cosas tiene la vida hermano..., porque en ese mismo paseo, en el que tú naciste para la Vida Eterna, nací yo, hace casi 33 años, en la Clínica de San José, y también fue viernes...

Desde que nos llegó la triste noticia esta mañana, todo el tiempo ha sido un continuo recordar cosas..., porque etimológicamente hablando, recordar significa "volver a pasar por el corazón", y eso es lo que he hecho durante el día de hoy, pasar por el corazón tantos y tantos recuerdos, anécdotas, vivencias… porque tres años de convivencia Angelito, dan para mucho…

Ahora, esta misma noche, la primera que pasas tú en la Casa del Padre, te pido por nosotros, los sacerdotes jóvenes que estuvimos a tu lado y a tu cargo cuando estábamos en el Seminario. Te recordaré siempre por tu constante insistencia en el estudio y la formación en general; ¡si no estudian ahora, no lo harán nunca! nos decías con tanta frecuencia, y cuánta razón llevabas...

Te pido también por los sacerdotes mayores, que han dado su vida por nuestra Diócesis y por los que vendrán detrás. Intercede por nosotros ante el Padre Eterno, para que seamos fieles en verdad, para que nos gastemos en el servicio a los demás y en la predicación del Evangelio sin reservas ni condiciones.

Gracias Ángel por esos primeros consejos que recibí de ti cuando con apenas 19 años, tímido y desorientado, llegué al Seminario...Gracias por tu paciencia con nosotros, sólo Dios sabe lo que pasaste por cumplir bien tu papel de formador, tarea nada fácil...Gracias por tus correcciones fraternas cuando no hacíamos las cosas con el mejor de los empeños. Gracias por tu risa “estrepitosa” y tus “aspavientos” cuando veíamos alguna película de humor o te contábamos un chiste por muy malo y simplón que fuese, era imposible estar a tu lado… pero aún así, gracias…Gracias por tu sacerdocio, gracias por tu entrega y disponibilidad, gracias por esos años de formación que tanto nos ayudaron.

En fin, Angelito, y sin poder evitar que las lágrimas bajen por mi rostro, te vuelvo a decir esta noche triste para nosotros, pero para tí, la primera noche en la Casa del Padre; gracias, muchas gracias Ángel, y cuando Dios quiera, nos vemos en el Cielo. Descansa en paz hermano.

14 de junio de 2010

Huellas en la arena.


Durante los años de formación en el Seminario, en una ocasión, uno de los sacerdotes que a comienzo de curso nos predicaba los Ejercicios Espirituales, nos dejó a los seminaristas de entonces, un pequeño poema-reflexión cristiana que llevaba por título “Huellas en la arena”.

En la mañana de ayer domingo, un amigo y su familia, a los que tengo un cariño especial, me regalaron un pequeño cuadro con el mismo poema que años atrás me dejó aquel sacerdote y cuya enseñanza he utilizado estos años en varias ocasiones para hacer ver a muchos, el gran amor del Señor para con nosotros en momentos difíciles, especialmente en aquellos momentos en los que por falta de fe, o más bien, de amor, dejamos de sentir su presencia en nuestras vidas.

Y dice así:


"Una noche tuve un sueño... soñé que estaba caminando por la playa con el Señor y, a través del cielo, pasaban escenas de mi vida.

Por cada escena que pasaba, percibí que quedaban dos pares de pisadas en la arena: unas eran las mías y las otras del Señor.

Cuando la última escena pasó delante nuestro, miré hacia atrás, hacia las pisadas en la arena y noté que muchas veces en el camino de mi vida quedaban sólo un par de pisadas en la arena.

Noté también que eso sucedía en los momentos más difíciles de mi vida. Eso realmente me perturbó y pregunté entonces al Señor: "Señor, Tu me dijiste, cuando resolví seguirte, que andarías conmigo, a lo largo del camino, pero durante los peores momentos de mi vida, había en la arena sólo un par de pisadas. No comprendo porque Tu me dejaste en las horas en que yo más te necesitaba".

Entonces, El, clavando en mi su mirada infinita me contestó: "Mi querido hijo. Yo te he amado y jamás te abandonaría en los momentos más difíciles. Cuando viste en la arena sólo un par de pisadas fue justamente allí donde te cargué en mis brazos".

13 de junio de 2010

Mi perfume para Tí, Señor.


Pasando de la oscuridad al amanecer,
cuando, en mis noches,
destellas como ninguna otra luz;

MI PERFUME PARA TI, SEÑOR.

El de mi arrepentimiento,
consciente de mis errores,
pero sabiendo que me esperas Tú.

El de mi alegría,
dejando el yugo de la tristeza
y participando de la fiesta de tu banquete;

MI PERFUME PARA TI, SEÑOR.

Olvidándome de los pequeños amores
y amando al AMOR que tú me traes.

Soltándome de lo que me hace esclavo
para ser libre al sostenerme de tu mano;

MI PERFUME PARA TI, SEÑOR.

Siendo valiente y mirándote de frente
aunque, los que me rodean,
me juzguen fría y duramente.

Siendo de los tuyos, Señor,
y vertiendo sobre tus pies
las lágrimas de mi vida pasada y tan vacía;

MI PERFUME PARA TI, SEÑOR.

Porque, a cambio de mi vida renovada
me ofreces lo que nadie jamás me ha brindado.

Porque, sin más riqueza que mis pecados,
me pones antes que los que llegaron primero.

Porque, sin haber soñado con un primer lugar
quieres que participe del amor que Dios nos trae.

Mi perfume, por eso y por mucho más,
para Ti, Señor.
Amén.

11 de junio de 2010

Sagrado Corazón de Jesús, en Tí confiamos.


"Nuestro apostolado avanza porque donde Cristo impera

la oración todo lo alcanza, todo lo alcanza.

Qué grande es nuestra alianza, qué hermosa es nuestra bandera,

qué grande es nuestra alianza qué hermosa es nuestra bandera.

Entre sus pliegues tremola promesa de gran valor

hecha un hijo de Loyola, hecha un hijo de Loyola.

Cristo ha de ser, Cristo ha de a ser,el Señor,

de la nación española, de la nación española

Cristo ha de ser el Señor.

Escúchalo, escúchalo Satanás,

que en tu rencor furibundo.

Jamás, jamás lo olvides jamás

jamás, lo olvides jamás, jamás.

Reinarás en España y más que en todo el resto del mundo,

reinarás en España y más que en todo el resto del mundo."

9 de junio de 2010

Enamoradas...



En el mes de julio de 2002 y siendo aún estudiante de Teología, pase unos días con unos amigos en el Monasterio Benedictino de Santo Domingo de Silos, en Burgos, y una de aquellas tardes, el Señor nos brindó la oportunidad de visitar Lerma, y como no, su hoy famoso convento de Ntra. Sra. de la Asunción, de monjas clarisas.

La Madre Verónica Berzosa (actual Madre Abadesa y hermana de Mons. Raúl Berzosa, Obispo auxiliar de Oviedo) a quien pude tratar personalmente cuando era maestra de novicias, nos comentaba por entonces el aumento de vocaciones y lo corto que se les habían quedado los espacios dentro de aquellos muros, hasta el extremo que en las mismas celdas, en lugar de ser individuales como manda la santa regla, habían tenido que colocar literas…

Ya han pasado ocho largos años, y las vocaciones, lejos de disminuir, han ido en aumento, de forma que se ha procedido al desdoblamiento del convento en dos sedes distintas con una misma Madre Abadesa, el convento de Lerma propiamente dicho, con 40 monjas y el recién reconstruido monasterio de San Pedro Regalado, en La Aguilera, cerca de Aranda de Duero, con más de 100 monjas.

Proceden de toda España y de diferentes clases sociales. La edad media es de 35 años, y la gran mayoría poseen títulos universitarios o con años de experiencia en el mundo laboral. Quienes llegaron farmacéuticas, físicas, actrices, publicistas, abogadas, estudiantes, empresarias, empleadas…se levantan ahora a las seis y media de la mañana y dedican seis horas al día a la oración en la clausura del convento.

Chicas como Alejandra, brillante ejecutiva de Arthur Andersen afirma: «Comprendí que luchar por el dinero, la fama y el prestigio social, no era suficiente para dar sentido a toda una vida».

Ante esta efusión de juventud, locura y amor por el Señor, nadie duda que Dios hoy sigue llamando y que no son cosas del pasado…y para ello, están las clarisas de La Aguilera. Que el mundo se entere…

8 de junio de 2010

¿Te aburres en misa?...


Un compañero sacerdote me envió estos seis consejos para no aburrirse en misa. Desde el próximo domingo te animo a poner en práctica el que te parezca más importante y así uno tras otro. Al poco tiempo notarás los resultados y empezarás a disfrutar en verdad del Día del Señor.

1.- Mientras vas a la Iglesia prepara tu corazón. Piensa: “voy a encontrarme con el Señor y con un grupo de hermanos en la fe. Hoy Jesús quiere decirme algo”. Pregúntate: “¿De qué le voy a dar gracias a Dios hoy? ¿Qué llevo para presentarle?”.

2.- Sé puntual y colócate en un sitio próximo al altar. El altar es el centro de nuestra asamblea. No te sientes lejos, separado del resto, una comunidad dispersa no es signo de “comunión”.

3.- Coge en tus manos la hoja de canto que te ofrecen o encuentras en el banco y participa también cantando. El canto cohesiona a la asamblea, nos ayuda a entrar en lo que celebramos y crea un clima de fiesta.

4.- Presta atención a las lecturas y a la predicación del sacerdote. Te encontrarás con sorpresas: con frecuencia Dios nos dice grandes cosas a través de los renglones torcidos de un mal predicador .

5.- Tras haber participado en la comunión eucarística, aprovecha el silencio para hablar con el Señor e interiorizar lo que estás celebrando, dale gracias, programa algo nuevo para la semana que empieza.

6.- No salgas antes de que el sacerdote se retire. Responde desde tu sitio a la invitación del sacerdote a “ir en paz”. Luego, si conoces a alguien, salúdalo y comparte tu alegría cuando llegues a casa.

6 de junio de 2010

Apóstol de Alemania; fiel servidor de su pueblo.


Celebramos hoy también la memoria de San Norberto, cuyo nombre en su origen germano significa; “resplandor del norte”.

Este gran apóstol de Alemania e ilustre fundador de una ínclita Orden religiosa “Los Premostratenses”, nació el año 1080 en la pequeña ciudad de Santes, en los márgenes alemanes del Rhin y no distante de Colonia.

Sus padres, Heribeito y Haduvije, descendían de familias nobles, emparentadas con los antiguos césares. Su cuna se meció sobre ricos tapices y en cuanto tuvo la edad competente fue enviado a las mejores escuelas de la época que en aquellos tiempos estaban en las célebres Abadías regentadas por sabios y prudentes religiosos. Todos pronosticaban un glorioso porvenir para este despierto muchacho que llamaba la atención, no solo por su belleza física, sino sobre todo, por las cualidades de inteligencia y de bondad nada común, que arrastraba a cuantos se acercaban a él.

Ya desde joven, Norberto abrazó la vida religiosa, recibiendo las órdenes menores, incluyendo el subdiaconato. Fue ordenado sacerdote en el año 1115. El Pontífice Gelasio II le concedió licencia para predicar por todos los países, fundando una comunidad en una zona desértica llamada «Premonstré».

El Papa Honorio II aprobó la nueva comunidad, la cual se extendió por varios países. Fue nombrado Arzobispo de Magdeburgo, y San Norberto se dedicó a poner orden en su arquidiócesis, ya que muchos laicos se estaban apoderando de los bienes de la Iglesia y algunos sacerdotes no tenían el debido comportamiento. Sus reformas tuvieron una fuerte oposición. Le inventaron toda clase de calumnias y trataron de levantar al pueblo en su contra. Dos o tres veces el santo obispo estuvo a punto de ser asesinado.

La rebelión llegó a tal extremo que San Norberto tuvo que salirse de Magdeburgo, pero entonces empezaron a suceder tan terribles males en la ciudad, que los ciudadanos fueron a pedirle que regresara y le prometieron ser más obedientes a sus mandatos e instrucciones. En Roma, los enemigos del Papa Inocencio II eligieron un antipapa, llamado Anacleto, expulsando a Inocencio II de la ciudad eterna.

San Norberto convenció al emperador Lotario para que con un gran ejército, fuera a Italia a defender al Pontífice, el cual sin ayuda militar del exterior no podía entrar a Roma. El emperador Lotario, se dirigió con su ejército hacia Italia y en mayo del año 1133 entró a Roma, acompañado de San Norberto y de San Bernardo, y posesionó de nuevo al Pontífice. Terminada esta su última gran acción, el santo se sintió ya sin fuerzas; en 20 años de episcopado había hecho un trabajo como de sesenta años. Su vida fue una entrega a la caridad, a la formación del clero, al apostolado y a la oración.

El 6 de junio de 1134, en Magdeburgo y a los 53 años, el obispo San Norberto, el gran "Maestro" como le llamó San Bernardo, cerraba los ojos a este mundo para siempre y los abría a la gloria eterna.


Oración:

Dios nuestro, que hiciste resplandecer a San Norberto, obispo de tu Iglesia, como un fiel servidor de tu pueblo por su celo pastoral y por su espíritu de oración, concédenos, por sus plegarias, que el rebaño de tus fieles encuentre siempre pastos abundantes de doctrina y pastores según tu corazón. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

5 de junio de 2010

Adoremus in aeternum Sanctissimum Sacramentum.


Sobre la Solemnidad del Corpus Christi, ya el Concilio de Trento (1545-1563), declaró que muy piadosa y religiosamente fuese introducida en la Iglesia de Dios la costumbre, de todos los años, determinado día festivo, se celebre este excelso y Venerable Sacramento con singular veneración y solemnidad; y reverente y honoríficamente sea llevado en procesión por las calles y lugares públicos. En esto, los cristianos atestiguan su gratitud y recuerdo por tan inefable y verdaderamente divino beneficio. Por este Augusto Sacramento, se hace nuevamente presente la victoria y el triunfo de la muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

El Doctor Angélico, Santo Tomás de Aquino, supo muy bien expresar el misterio y el don que hoy celebramos, al componer el famoso himno “Pange Lingua” que a continuación podemos recitar en castellano.


Que la lengua humana
cante este misterio:
la Preciosa Sangre
y el Preciosa Cuerpo.
Quien nació de Virgen,
Rey del Universo,
por salvar al mundo
dio su Sangre en precio.

Se entregó a nosotros,
se nos dio naciendo
de una casta Virgen;
y, acabado el tiempo,
tras haber sembrado
la Palabra al pueblo,
coronó su obra
con prodigio excelso.

Adorad postrados
este Sacramento,
cesa el viejo rito,
se establece el nuevo;
dudan los sentidos
y el entendimiento;
que la fe los supla
con asentimiento.

Himnos de alabanza,
bendición y obsequio;
por igual la gloria
y el poder y el reino
al eterno Padre
con el Hijo eterno,
y al divino Espíritu
que procede de ellos.
Amén.

4 de junio de 2010

Cómo formar delincuentes...


La revista "Autogestión" publicó hace algunos años, un decálogo de "Cómo formar delincuentes", redactado por la policía de Washington tras realizar estudios basados en su abundante experiencia en la delincuencia juvenil, y como he tenido la suerte de tratar a un buen número de familias en estos pocos años que llevo de ministerio sacerdotal, y he visto de todo..., ya que de todo hay en la viña del Señor... me parece acertado exponerlos:



1. Comience desde la infancia dando a su hijo todo lo que le pida. Así crecerá convencido de que el mundo entero le pertenece.

2. No le dé ninguna educación espiritual. Espere que alcance la mayoría de edad para que pueda decidir libremente.

3. Cuando diga palabrotas, ríaselas. Esto le animará a hacer más cosas "graciosas".

4. No le reprenda nunca ni le diga está mal algo de lo que hace. Podría crearle complejos de culpabilidad.

5. Recoja todo lo que él deja tirado: libros, zapatos, ropa, juguetes,... Hágaselo todo, así se acostumbrará a cargar la responsabilidad sobre los demás.

6. Déjele leer todo lo que caiga en sus manos. Cuide de que sus platos, cubiertos y vasos estén esterilizados, pero deje que su mente se llene de basura.

7. Dispute y riña a menudo con su cónyuge en presencia del niño. Así no se sorprenderá ni le dolerá demasiado el día en que la familia quede destrozada para siempre.

8. Dele todo el dinero que quiera gastar, no vaya a sospechar que para disponer de dinero es necesario trabajar.

9. Satisfaga todos sus deseos, apetitos, comodidades y placeres. El sacrificio y la austeridad podría producirle frustraciones.

10. Póngase de su parte en cualquier conflicto que tenga con sus profesores, vecinos, etc. Piense que todos ellos tienen prejuicios contra su hijo y que de verdad quieren fastidiarle.

31 de mayo de 2010

MAGNIFICAT.



Se termina el mes de Mayo, un mes desde siempre dedicado a la Virgen y tan querido por el pueblo de Dios. Hoy, en esta fiesta de la Visitación de Nuestra Señora a su prima Isabel, entonamos con toda la Iglesia, el canto que María proclamó al Señor:



Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador,
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí.
Su nombre es Santo y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo,
dispersa a los soberbios de corazón.
Derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes.
A los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos despide vacíos.

Auxilia a Israel su siervo,
acordándose de la misericordia,
como lo había prometido a nuestros padres
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo
como era en principio ahora y siempre
por los siglos de los siglos.
Amen.

25 de mayo de 2010

Su ruego fue escuchado...



Hace tres días, fallecía Don Francisco, un compañero sacerdote, al que tuve la suerte de tratar cada lunes durante tres años, y al que tuve la dicha de acompañar por la noche en el hospital, los últimos días de su corta pero devastadora enfermedad.

La siguiente oración, que a continuación comparto con todos vosotros, y que desconocía, me la entregaron esta tarde, y aunque bien es verdad, que Don Francisco no le pidió al Señor la fuerza para conquistar, ni tampoco riquezas, ni tener de todo para ser feliz, sí que tuvo todo lo que había esperado, como nos dice la oración. Y con la certeza y el conocimiento pleno de saber que ya todo se acababa, que llegaba a su fin, que era cuestión de días o tal vez de horas, vivió el tramo final de su enfermedad, pero siempre con la santa paz de saberse amado por Dios, de saber que no todo terminaba realmente, sino que ahora todo comenzaba, y que tanto esperaba; poder contemplar ya y por toda una eternidad, el rostro amoroso de Aquel que lo llamó, se fío de él y le concedió tan sublime ministerio. Por eso, puedo decir esta noche, que su ruego fue escuchado...

"Ora pro me", fueron las últimas palabras que le dije al salir de su habitación en el hospital. Ahora, con más razón, le vuelvo a pedir; Don Francisco, "ora pro me", "ora pro nobis"... desde la Casa del Padre.



Pedí a Dios la fuerza de conquistar,
y el Señor me hizo débil
para enseñarme a obedecer.

Pedí que me ayudase a hacer cosas mayores,
y el Señor hizo que enfermara
para hacer cosas mejores.

Pedí riquezas para ser feliz,
y me dio la pobreza
para que fuese bueno.

Pedí tener de todo para gozar de la vida
y tuve la vida
para poder gozar todo.

No tuve nada de lo que había pedido,
pero tuve todo lo que había esperado,
y fui entre todos los hombres
el más generosamente beneficiado.

16 de mayo de 2010

¡DÉJANOS LA PUERTA ABIERTA, SEÑOR!



Para gozar contigo, en la presencia de Dios
cantando y proclamando,
con los ángeles y mil coros celestiales,
que eres Santo y Dios,
Dios y Santo,
eternamente santo por los siglos de los siglos.

¡DÉJANOS LA PUERTA ABIERTA, SEÑOR!

Y, después de entrar Tú en el reino de los cielos,
comprender esperando
que, un día también nosotros,
tendremos un lugar en algún rincón eterno.
Y, al contemplar la grandeza de Dios,
festejar, en la gloria de ese inmenso cielo,
que ha merecido la pena ser de los tuyos.
permanecer firmes en tus caminos.
guardar tu nombre y tu memoria.
meditar tu Palabra y tu mensaje.
soñar con ese mundo tan diferente al nuestro.

¡DÉJANOS LA PUERTA ABIERTA, SEÑOR!

Que no la cierre el viento del camino fácil.
Que no la empuje nuestra falta de fe.
Que no la obstruya nuestro afán de tener aquí.

¡DÉJANOS LA PUERTA ABIERTA, SEÑOR!

Para vivir y morar contigo.
Para amar y vivir junto a Dios.
Para sentir el soplo eterno del Espíritu.
Para gozar en el regazo de María Virgen.

¡NO NOS CIERRES LA PUERTA DEL CIELO, SEÑOR!