14 de mayo de 2010

Consagración de los sacerdotes al Inmaculado Corazón de María.



ORACIÓN DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI.

Fátima, miércoles 12 de mayo de 2010.


"Madre Inmaculada, en este lugar de gracia,
convocados por el amor de tu Hijo Jesús,
Sumo y Eterno Sacerdote,
nosotros, hijos en el Hijo y sacerdotes suyos,
nos consagramos a tu Corazón materno,
para cumplir fielmente la voluntad del Padre.

Somos conscientes de que, sin Jesús,
no podemos hacer nada (cfr. Jn 15,5)
y de que, sólo por Él, con Él y en Él,
seremos instrumentos de salvación para el mundo.

Esposa del Espíritu Santo,
alcánzanos el don inestimable
de la transformación en Cristo.

Por la misma potencia del Espíritu
que, extendiendo su sombra sobre Ti,
te hizo Madre del Salvador,
ayúdanos para que Cristo, tu Hijo,
nazca también en nosotros.

Y, de este modo,
la Iglesia pueda ser renovada
por santos sacerdotes,
transfigurados por la gracia de Aquel
que hace nuevas todas las cosas.

Madre de Misericordia,
ha sido tu Hijo Jesús
quien nos ha llamadoa ser como Él:
luz del mundo y sal de la tierra(cfr. Mt 5,13-14).
Ayúdanos,con tu poderosa intercesión,
a no desmerecer esta vocación sublime,
a no ceder a nuestros egoísmos,
ni a las lisonjas del mundo,
ni a las tentaciones del Maligno.

Presérvanos con tu pureza,
custódianos con tu humildad
y rodéanos con tu amor maternal,
que se refleja en tantas almas consagradas a ti
y que son para nosotros
auténticas madres espirituales.
Madre de la Iglesia,
nosotros, sacerdotes,
queremos ser pastores
que no se apacientan a sí mismos,
sino que se entregan a Dios por los hermanos,
encontrando la felicidad en esto.
Queremos cada día repetir humildemente
no sólo de palabra sino con la vida,
nuestro “aquí estoy”.

Guiados por ti,
queremos ser Apóstoles de la Divina Misericordia,
llenos de gozo por poder celebrar diariamente
el Santo Sacrificio del Altar
y ofrecer a todos los que nos lo pidan
el sacramento de la Reconciliación.

Abogada y Mediadora de la gracia,
tu que estas unida
a la única mediación universal de Cristo,
pide a Dios, para nosotros,
un corazón completamente renovado,
que ame a Dios con todas sus fuerzas
y sirva a la humanidad como tú lo hiciste.

Repite al Señor esa eficaz palabra tuya:“no les queda vino” (Jn 2,3),
para que el Padre y el Hijo derramen sobre nosotros,
como una nueva efusión,
el Espíritu Santo.

Lleno de admiración y de gratitud
por tu presencia continua entre nosotros,
en nombre de todos los sacerdotes,
también yo quiero exclamar:“¿quién soy yo para que me visite
la Madre de mi Señor? (Lc 1,43).
Madre nuestra desde siempre,
no te canses de “visitarnos”,
consolarnos, sostenernos.

Ven en nuestra ayuda
y líbranos de todos los peligros
que nos acechan.

Con este acto de ofrecimiento y consagración,
queremos acogerte de un modo más profundo y radical,
para siempre y totalmente,
en nuestra existencia humana y sacerdotal.

Que tu presencia haga reverdecer el desierto
de nuestras soledades
y brillar el sol en nuestras tinieblas,
haga que torne la calma después de la tempestad,
para que todo hombre vea la salvación del Señor,
que tiene el nombre y el rostro de Jesús,
reflejado en nuestros corazones,
unidos para siempre al tuyo.
Así sea".

13 de mayo de 2010

Bajó de los cielos a Cova da Iria...


El 13 de mayo de 1917, en Fátima (Portugal), tres pastorcitos, Lucia Dos Santos, de 10 años; y sus primos Francisco y Jacinta Marto, de 9 y 7 años respectivamente, después de haber sido preparados por el ángel de Portugal, reciben la visita de la Madre del Cielo, María Santísima, quien se da a conocer como La Virgen del Rosario y les muestra su Inmaculado Corazón.
Juan Pablo II expresó numerosas veces, que la visita de la Virgen y sus mensajes en Fátima son de gran trascendencia para toda la humanidad. El se reconocía como el Papa de los mensajes, el que debía guiar a la Iglesia en tiempo de crisis. El puso, tanto la bala que traspasó su cuerpo en el atentado del 1981, como su anillo papal, a los pies de la Virgen de Fátima. El beatificó a dos de los videntes, el peregrinó a Fátima tres veces, consagró el mundo al Inmaculado Corazón de María según ella pidió, elevó la fiesta del Corazón Inmaculado de María a Memoria Obligatoria. Es hora, por tanto, de abrir el corazón a nuestra Santísima Madre.


Cronología de Fátima:

13 de mayo de 1917 -Primera aparición de la Virgen a los tres pastorcitos en la Cova da Iria (Fátima).

13 de octubre de 1917 -Ultima aparición de la Virgen a los tres pastorcitos y milagro del sol.

28 de abril de 1919 -Se inicia la construcción de la Capillita de las Apariciones.

13 de octubre de 1921 -Se permite por primera vez celebrar la Santa Misa.

13 de octubre de 1930 -El obispo de Leira declara dignas de fe las apariciones y autoriza el culto de Nuestra Señora de Fátima.

13 de mayo de 1931 -Primera consagración de Portugal al Inmaculado Corazón de María, hecha por el Episcopado Portugués, siguiendo el mensaje de Fátima.

31 de octubre de 1942 -Pío XII, hablando en portugués por la radio, consagra el mundo al Inmaculado Corazón de María, haciendo mención velada de Rusia, según pedido por Nuestra Señora.

13 de mayo de 1946 -La estatua de Nuestra Señora de Fátima ubicada en la capillita es coronada por el Cardenal Marsella, Legado Pontificio. La corona fue ofrecida por las mujeres portuguesas en agradecimiento por haber librado a Portugal de la Segunda Guerra Mundial.

13 de mayo de 1967 -El Santo Padre Pablo VI viaja a Fátima en el cincuentenario de la primera aparición para pedir la paz del mundo y la unidad de la Iglesia.

12-13 de mayo, de 1982 -El Santo Padre Juan Pablo II viaja a Fátima como peregrino para agradecer el haber salido bien del brutal atentado sufrido exactamente un año antes en la plaza de San Pedro (13 de mayo de 1981) y de rodillas consagra la Iglesia, los hombres y los pueblos, al Inmaculado Corazón de María, haciendo veladamente mención de Rusia.

25 de marzo de 1984 -En la Plaza de San Pedro, delante de la Imagen de la Virgen, Juan Pablo II consagra una vez más, el mundo al Inmaculado Corazón de María, en unión con todos los obispos del mundo que previamente habían sido notificados para que se uniesen con Su Santidad en esta consagración. Mas tarde Lucía confirma que esta consagración satisface la petición hecha por la Virgen.

12 al 13 de mayo de 1991 -El Santo Padre Juan Pablo II vuelve a Fátima por segunda vez como peregrino, en el 10mo aniversario de su atentado.

13 de mayo, del 2000 - El Santo Padre Juan Pablo II, en su tercera visita a Fátima y ante más de 1 millón de peregrinos, beatifica a Francisco y Jacinta, y revela la tercera parte del "secreto de Fátima". Un momento histórico de gran trascendencia. El Papa confirma una vez más la importancia de los mensajes y de la santidad heroica de los niños videntes. Los presenta como importantísimo ejemplo oración, amor y penitencia.
13 de mayo de 2010- El Santo Padre Benedicto XVI, en su primera visita a Portugal, y con motivo del 10º aniversario de la beatificación de dos de los tres pastorcitos de Fátima, preside en la explanada del santuario la Eucaristía ante más de medio millón de personas.


Oración: ¡Oh María que nos regalaste en Cova da Iría tu Corazón Inmaculado!. Enséñanos los secretos que El esconde, para que conociéndolos podamos imitarlo, y cabizbajos pidamos perdón por lo poco que nos parecemos a ti. Haznos pequeños para que veamos el Cielo. Amén.


Oración de los pastorcitos: Oh Dios mío, yo creo, espero, adoro y os amo. Y os pido perdón por todos los que no creen, no esperan, no adoran y no os aman.Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, os adoro profundamente, y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Alma, Sangre y Divinidad de Tu Amadísimo Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Tabernáculos de la tierra, en expiación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con las que El mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos del Sagrado Corazón de Jesús y por la intercesión del Inmaculado Corazón de María, te pido por la conversión de todos los pecadores. Amén.

11 de mayo de 2010

Aunque se tenga todo, si falta el amor...


Hace como cosa de un mes, una chica me hablaba de su ruptura matrimonial, y me decía con lágrimas en los ojos estas palabras que no he podido olvidar; “en mi casa, cuando el hambre entró por la puerta, el amor salió por la ventana”.

Ya sé que no es tu caso, J.A., y que la situación es totalmente distinta, pero he estado pensando en lo que me contabas esta tarde.

Ciertamente, en tu casa el hambre no entró por la puerta, pues lo tenían todo..., pero si es verdad, que si el amor no salió por la ventana, se tuvo entonces que esfumar por la chimenea del salón…

A veces uno cree tenerlo todo, y se cree eso, pues materialmente hablando es verdad, que lo tiene todo, o casi todo…pero en realidad, le falta lo más importante; el amor, el diálogo, la sinceridad, el saber pedir perdón, lo siento, me equivoqué…

Ya sé que no es tarea fácil, y que esta vida es como una rosa, una de las flores más hermosas, pero que no es solo flor y buen olor, tiene espinas y tantas… y como duele si te pinchan…y sin embargo, el encanto de las mismas es que siendo tan hermosas, no conocen que lo son…

Igual pasa con el amor, es cosa de dos, y siendo tan bello, no se da uno cuenta de lo que es, hasta que se muere..., entonces pasa a dormir el sueño eterno de los justos…

Como me decía un señor hace poco, y no le faltaba razón; “ la vida es como un vals que hay que saber bailar antes que acabe la música”. La vida es hermosa, y hay que saber vivirla antes que acabe; el amor es bello, pero hay que saber usarlo…sin intereses, sin medias tintas, sin te doy casi todo pero me reservo algo… antes de que se pase, como el arroz…

El verdadero amor cristiano, y en palabras de San Pablo a los Corintios; “todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor, no pasa nunca”, pero las cosas han sido así, algún día lo entenderás, sólo Dios lo sabe, y tanto... Mucho ánimo J.A., y que Dios te bendiga.

10 de mayo de 2010

Gracias por tu Amor...


Hoy, como cada 10 de mayo, los sacerdotes españoles, hemos celebrado a San Juan de Ávila, patrón del clero español (Almodóvar del Campo, 1499 - Montilla (Córdoba), 1569).

En mi diócesis, ha sido una jornada llena de agradecimiento al Señor por la vida de varios sacerdotes que este año celebran sus bodas de plata y oro sacerdotales. ¡Felicidades a todos hermanos! … y gracias de todo corazón.

También hemos recordado a los sacerdotes ausentes; a los enfermos, impedidos y que tanto sirvieron a nuestra Iglesia diocesana, y como no, un recuerdo especial para los que ya no están con nosotros, y han celebrado este día desde la Casa del Padre.

Hoy ha sido un día de agradecimiento, un día de Acción de Gracias por tantos y tantos beneficios. Un día, y como nos decía el Sr Obispo a todos los sacerdotes en la homilía, para volver al Amor primero, a ese AMOR que nos llamó, se fío plenamente de nosotros y nos confió tan sublime ministerio.

Gracias Señor, gracias por tu Amor…

9 de mayo de 2010

En la Misa recuérdanos Tú...


En la Misa Jesús, te queremos recordar, en la Misa recuérdanos Tú...

Así dice el estribillo de la canción, que han estado ensayando los niños de 1ª Comunión en la parroquia, como canto de entrada para las diversas celebraciones en las que recibirán o han recibido ya por vez primera, a Jesús Sacramentado.

Y digo diversas celebraciones, porque ya he tenido tres, y aún me queda por celebrar otras cuatro eucaristías, sólo de Primera Comunión. No creo que hacer una celebración con 120 niños a la vez, sea lo más idóneo, más bien, sería una auténtica locura..., en primer lugar para los niños, para todos los que de verdad quieren participan y como no, para el propio sacerdote.

Y es que en la Misa Jesús, te queremos recordar... pero no sólo en la Misa, sino en toda nuestra vida; en la calle, en el colegio, en el trabajo, paseando, con los amigos...

En la Misa Jesús, te queremos recordar..., pero creo que sería mejor decir, en la Misa recuérdanos Tú que somos un poco despistados, que con frecuencia nos olvidamos y apartamos de Tí,...que nos falta mucho amor...

Recuérdanos Jesús, que tenemos que ser cada día más santos, más alegres, reflejando con nuestra sonrisa, con toda nuestra vida, el gozo de la Pascua, la alegría de tu resurrección...

Recuérdanos Jesús, que en el amor a Dios, va siempre unido el amor al hermano, al prójimo, al próximo, al que está a nuestro lado necesitado, aunque muchas veces no nos damos cuenta, o no queremos...
Recuérdanos Tú, Jesús, que tenemos que ser más comprometidos con nuestra Madre la Iglesia...,que tenemos que quererla, respetarla, amarla,..aunque esté manchada por el pecado de sus miembros...,

Recuérdanos, y recuerda a los niños que han recibido la Primera Comunión, aunque para algunos, por no decir muchos, tal vez sea la última...,y aunque así sea, que sepan que Tú estas siempre con ellos, con nosotros, todos los días..., pero que respetas la libertad del ser humano... aunque bien sabemos, que Tú nunca te cansas de esperar...

Sí, Señor Jesús, recuerda a todos estos pequeños, a los que hoy te han recibido por primera vez, el fin de semana pasado, hace quince días, y a los que vendrán en las próximas semanas, que Tú los quieres con locura, que los recuerdas de verdad...que Tú nunca te cansas de esperar...

Que el mejor regalo que hemos recibido en la vida, lo has sido Tú...porque Tú, como el mejor de los amigos, nunca te cansas de esperar...



"Ven, oh Jesús bondadoso,
a mi tierno corazón,
dame un beso amoroso
de Primera Comunión".

8 de mayo de 2010

En el camino de la vida...


Hace unos días, mientras hacía la oración de la tarde, agradecía al Señor, cómo en el camino de la vida, me he ido encontrando a tanta gente que de una forma u otra, han marcado mi vida y ministerio sacerdotal.

Siempre hay gente nueva, nuevos rostros, que se unen a los viejos amigos, a los de siempre, a los de hace cuatro años, dos o uno. ¿Será casualidad?, je, je, porque los nombres de estos nuevos rostros comienzan todos por A. Sí por A. Y por A comienzan también las palabras; Amor, Amistad, Alegría y Acogida.

Y ahora, en esta mañana de sábado, agradezco al Señor y a nuestra Madre la Virgen, el que anoche haya estado cenando en casa de A. y A., unos amigos encantadores, no de serpientes, sino de dos “fierillas” que tienen...gracias amigos.

Hace algunas semanas, A se acercó a mí, me sorprendió ciertamente. Descubrí a una persona estupenda, a un padre ejemplar..., siempre estaré ahí… gracias.

Y esta semana, vino a verme A., con quien he estado hablando largo rato. Gente buena, sencilla, extraordinaria…, no podía ser menos, ¿verdad?, gracias.

No creo en la casualidad. Creo que Dios, como Padre bueno, nos concede en cada momento lo que mejor nos conviene, y entre otras, nos pone a los demás en el camino de la vida, incluso a los que menos pensamos...no se a quien se le ha ocurrido decir que los sacerdotes estamos solos...

Es el Señor, el que nos anima a vivir en el Amor, a ser portadores de Alegría, a sembrar la semilla de la Amistad, teniendo siempre una actitud de Acogida.

Porque cada persona que pasa en nuestra vida es única. Dejan un poco de sí y se llevan un poco de nosotros. Habrá de los que se llevarán mucho, pero no habrá de los que no nos dejarán nada.

Estamos en las manos de Dios, y nos sabemos amados por Él. El nos exige como buen Padre, pero nos da siempre a manos llenas, el ciento por uno y luego…sí, la vida eterna.

El quiere lo mejor para nosotros. Sí, lo mejor, aunque no lo parezca, y todo, porque nos ama. Dios escribe así, derecho pero en renglones torcidos, y no utiliza pluma, que utiliza la pata de la mesa, para que veamos bien que es Él el que escribe y no otro.

Esta es la prueba evidente amigos, de que en esta vida, en este mundo nuestro, las personas no nos encontramos por pura casualidad...

7 de mayo de 2010

Sacerdotes llenos de esperanza...


Monseñor Demetrio Fernández, Obispo de Córdoba, dijo a los sacerdotes en la celebración anual de San Juan de Ávila, que deben ser «santos» y no «meros funcionarios» a la hora de ejercer su labor pastoral.

En su homilía pronunciada en la Catedral de Córdoba, Monseñor Fernández dijo a los sacerdotes que, para cumplir con la "sagrada misión" que Jesucristo les ha confiado, "es preciso que planteemos nuestra vida en clave de santidad. No somos meros funcionarios, que cumplen su oficio a unas horas y con unas tareas concretas".

Esto implica hacer de su existencia "una donación sin reservas, a tiempo completo, siguiendo a Jesucristo pobre, casto y obediente, y dejando que nuestra vida se consuma por la caridad pastoral en el servicio a los hermanos".

Ello se hace aún más necesario ahora, cuando se viven "tiempos recios", en los que los sacerdotes están llamados a actuar "como atalayas, como centinelas, como capitanes de la civilización del amor", ya que "nuestra época necesita santos, necesita santos sacerdotes".

De hecho, según subrayó el Obispo de Córdoba, "serán los sacerdotes santos los que transformarán el mundo desde dentro, pues de la santidad del sacerdote depende sobre todo el fruto de su ministerio. Este año sacerdotal ha sido convocado para que los sacerdotes recuperemos cada vez más este norte, y a la pregunta que tantos se plantean sobre el tipo de sacerdote que necesita hoy nuestra Iglesia y nuestro mundo, respondamos con toda claridad: La Iglesia hoy necesita sacerdotes santos, el mundo de hoy necesita sacerdotes santos".

Éstos, según detalló, deben ser "sacerdotes con una fuerte experiencia de Dios, alimentada continuamente en la oración abundante. Con una entrega total de sus vidas, desprendidos de todo, incluso de sí mismos. Con una disponibilidad misionera para evangelizar donde sea necesario. Sacerdotes que viven con gozo la comunión eclesial, que aman al Papa y siguen su magisterio y su disciplina. Sacerdotes llenos de esperanza y, por tanto, capaces de levantar la esperanza de los hombres de nuestro tiempo".

Al mismo tiempo, el prelado consideró igualmente preciso "reafirmar, también en nuestros días, el valor del celibato sagrado, que en la Iglesia latina es un carisma requerido por el Orden sagrado y que las Iglesias orientales tienen en grandísima consideración". (Información extraída de InfoCatólica).

El mundo que vamos a dejar...


Leopoldo Abadía, ingeniero industrial, escritor y profesor español (Zaragoza, 1933), autor de "La crisis Ninja", nos comenta con uno de sus peculiares artículos, el mundo que dejaremos a los que vienen detrás. Ciertamente, este problema cualquier sociólogo lo podría describir de una forma más “diplomática”, con un lenguaje menos coloquial y llano, pero creo que no de forma tan sensata como el autor lo hace aqui. Da que pensar… y mucho.

“Me escribe un amigo diciendo que está muy preocupado por el futuro de sus nietos. Que no sabe qué hacer: si dejarles herencia para que estudien o gastarse el dinero con su mujer y que "Dios les coja confesados".

Lo de que Dios les coja confesados es un buen deseo, pero me parece que no tiene que ver con su preocupación. En muchas conferencias, se levanta una señora (esto es pregunta de señoras) y dice esa frase que me a mí me hace tanta gracia: "¿qué mundo les vamos a dejar a nuestros hijos?" Ahora, como me ven mayor y ven que mis hijos ya están crecidos y que se manejan bien por el mundo, me suelen decir "¿qué mundo les vamos a dejar a nuestros nietos?"

Yo suelo tener una contestación, de la que cada vez estoy más convencido: "¡y a mí, ¿qué me importa?!" Quizá suena un poco mal, pero es que, realmente, me importa muy poco.

Yo era hijo único. Ahora, cuando me reúno con los otros 64 miembros de mi familia directa, pienso lo que dirían mis padres, si me vieran, porque de 1 a 65 hay mucha gente. Por lo menos, 64.

Mis padres fueron un modelo para mí. Se preocuparon mucho por mis cosas, me animaron a estudiar fuera de casa (cosa fundamental, de la que hablaré otro día, que te ayuda a quitarte la boina y a descubrir que hay otros mundos fuera de tu pueblo, de tu calle y de tu piso), se volcaron para que fuera feliz. Y me exigieron mucho.

Pero ¿qué mundo me dejaron? Pues mirad, me dejaron:

1. La guerra civil española
2. La segunda guerra mundial
3. Las dos bombas atómicas
4. Corea
5. Vietnam
6. Los Balcanes
7. Afganistán
8. Irak
9. Internet
10. La globalización

Y no sigo, porque ésta es la lista que me ha salido de un tirón, sin pensar. Si pienso un poco, escribo un libro. ¿Vosotros creéis que mis padres pensaban en el mundo que me iban a dejar? ¡Si no se lo podían imaginar!

Lo que sí hicieron fue algo que nunca les agradeceré bastante: intentar darme una muy buena formación. Si no la adquirí, fue culpa mía.

Eso es lo que yo quiero dejar a mis hijos, porque si me pongo a pensar en lo que va a pasar en el futuro, me entrará la depre y además, no servirá para nada, porque no les ayudaré en lo más mínimo.

A mí me gustaría que mis hijos y los hijos de ese señor que me ha escrito y los tuyos y los de los demás, fuesen gente responsable, sana, de mirada limpia, honrados, no murmuradores, sinceros, leales,.Lo que por ahí se llama "buena gente".

Porque si son buena gente harán un mundo bueno. Y harán negocios sanos. Y, si son capitalistas, demostrarán con sus hechos que el capitalismo es sano. (Si son mala gente, demostrarán con sus hechos que el capitalismo es sano, pero que ellos son unos sinvergüenzas.)

Por tanto, menos preocuparse por los hijos y más darles una buena formación: que sepan distinguir el bien del mal, que no digan que todo vale, que piensen en los demás, que sean generosos.En estos puntos suspensivos podéis poner todas las cosas buenas que se os ocurran.

Al acabar una conferencia la semana pasada, se me acercó una señora joven con dos hijos pequeños. Como también aquel día me habían preguntado lo del mundo que les vamos a dejar a nuestros hijos, ella me dijo que le preocupaba mucho más qué hijos íbamos a dejar a este mundo.

A la señora joven le sobraba sabiduría, y me hizo pensar. Y volví a darme cuenta de la importancia de los padres. Porque es fácil eso de pensar en el mundo, en el futuro, en lo mal que está todo, pero mientras los padres no se den cuenta de que los hijos son cosa suya y de que si salen bien, la responsabilidad es un 97% suya y si salen mal, también, no arreglaremos las cosas.

Y el Gobierno y las Autonomías se agotarán haciendo Planes de Educación, quitando la asignatura de Filosofía y volviéndola a poner, añadiendo la asignatura de Historia de mi pueblo (por aquello de pensar en grande) o quitándola, diciendo que hay que saber inglés y todas estas cosas.

Pero lo fundamental es lo otro: los padres. Ya sé que todos tienen mucho trabajo, que las cosas ya no son como antes, que el padre y la madre llegan cansados a casa, que mientras llegan, los hijos ven la tele basura, que lo de la libertad es lo que se lleva, que la autoridad de los padres es cosa del siglo pasado. Lo sé todo. TODO. Pero no vaya a ser que como lo sabemos todo, no hagamos NADA.

P.S.
1. No he hablado de los nietos, porque para eso tienen a sus padres.
2. Yo, con mis nietos, a merendar y a decir tonterías y a reírnos, y a contarles las notas que sacaba su padre cuando era pequeño.
3. Y así, además de divertirme, quizá también ayudo a formarles“.

4 de mayo de 2010

No estamos solos...ustedes tampoco.

Ahora es el tiempo de los santos.


Hace unos días, un amigo sacerdote me envió una bonita homilía, pronunciada por el Padre Roger Landry, sacerdote norteamericano, sobre los recientes escándalos de abusos a menores en el seno de la Iglesia Católica y la actitud de los católicos ante tales situaciones. Sin justificar tales hechos, la homilía aporta luz y esperanza. Al ser demasiado larga, he optado por abreviarla lo mejor posible, de forma que no se desvirtúe el mensaje central, para que como buenos católicos, y a pesar del pecado de algunos miembros, sigamos con fidelidad a Cristo en su Cuerpo que es la Iglesia.

“…Los tiempos actuales, son tiempos duros para ser sacerdote hoy. Son tiempos duros para ser católicos hoy. Pero también son tiempos magníficos para ser un sacerdote hoy y tiempos magníficos para ser católicos hoy. Jesús dice en las bienaventuranzas: “Bienaventurados serán cuando los injurien, y los persigan y digan con mentira toda clase de mal contra ustedes por mi causa. Alégrense y regocíjense, porque su recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a ustedes.”

Yo he experimentado de primera mano esta bienaventuranza, al igual que otros sacerdotes que conozco. A principios de esta semana, cuando termine de hacer ejercicio en un gimnasio local, salía yo del vestíbulo con mi traje negro de clérigo. Una madre, apenas me vio, apresuradamente aparto a sus hijos del camino y los protegió de mí mientras yo pasaba. Me miro cuando pase y cuando me había alejado lo suficiente, respiro aliviada y soltó a sus hijos. ¡Como si yo fuera a atacarlos a mitad de la tarde en un club deportivo!

Pero mientras que todos nosotros quizá tengamos que padecer tales insultos y falsedades por causa de Cristo, de hecho debemos regocijarnos. Es un tiempo fantástico para ser cristianos hoy, porque es un tiempo en el que Dios realmente necesita de nosotros para mostrar Su verdadero rostro. En tiempos pasados, la Iglesia era respetada. Los sacerdotes eran respetados. La Iglesia tenía reputación de santidad y bondad. Pero ya no es así.

Hay que ser un verdadero hombre y una verdadera mujer para mantenerse a flote y nadar contra la corriente que se mueve en oposición a la Iglesia. Hay que ser un verdadero hombre y una verdadera mujer para reconocer que cuando se nada contra la corriente de las críticas, estamos más seguros que cuando permanecemos adheridos a la Roca sobre la que Cristo fundo su Iglesia. Este es uno de esos tiempos. Es uno de los grandes momentos para ser cristianos.

Algunas personas predicen que en esta región la Iglesia pasará tiempos difíciles y quizá sea así, pero la Iglesia sobrevivirá, porque el Señor se asegurará que sobreviva. Una de las más grandes réplicas en la historia sucedió justamente hace unos 200 años. El emperador francés Napoleón engullía con sus ejércitos a los países de Europa con la intención final de dominar totalmente el mundo. En aquel entonces dijo una vez al Cardenal Consalvi: “Voy a destruir su Iglesia”, y el Cardenal le contesto: “No, no podrá”. Napoleón, le dijo otra vez: “Voy a destruir su Iglesia”, y el Cardenal le volvió a repetir confiado: “No, no podrá. ¡Ni siquiera nosotros hemos podido hacerlo!”. Si los malos papas, los sacerdotes infieles y miles de pecadores en la Iglesia no han tenido éxito en destruirla desde su interior, ¿cómo lo harán desde el exterior?.

El Cardenal apuntaba a una verdad crucial. Cristo nunca permitirá que Su Iglesia fracase. Él prometió que las puertas del infierno no prevalecerían sobre Su Iglesia, que la barca de Pedro, la Iglesia que navega en el tiempo hacia su puerto eterno en el cielo, nunca se volcara, no porque aquellos que van en ella no cometan todos los pecados posibles para hundirla, sino porque Cristo, que también está en la barca, nunca permitirá que esto suceda. Cristo sigue en la barca y Él nunca la abandonará.

La magnitud de este escándalo (hablando sobre los casos de pedofilia) podría ser tal, que de ahora en adelante ustedes encuentren difícil confiar en los sacerdotes de la misma manera como lo hicieron en el pasado. Esto puede suceder y podría no ser tan malo. ¡Pero nunca pierdan la confianza en el Señor! ¡Es Su Iglesia! Aún cuando algunos de Sus elegidos lo hayan traicionado, Él llamará a otros que serán fieles, que los servirán a ustedes con el amor que merecen ser servidos, tal como ocurrió después de la muerte de Judas, cuando los once apóstoles se pusieron de acuerdo y permitieron que el Señor eligiera a alguien que tomara el lugar de Judas y escogieron al hombre que terminó siendo San Matías, quien proclamó fielmente el Evangelio hasta ser martirizado por él.

¡Este es un tiempo en el que todos nosotros necesitamos concentrarnos aún más en la santidad! ¡Estamos llamados a ser santos y cuanto necesita nuestra sociedad ver ese rostro hermoso y radiante de la Iglesia!. Ustedes son parte de la solución, una parte crucial de la solución. Y cuando caminen al frente hoy para recibir de las manos ungidas de este sacerdote el Sagrado Cuerpo del Señor, pídanle a Él que los llene de un deseo real de santidad, un deseo real de mostrar Su auténtico rostro.

Una de las razones por las que yo estoy aquí como sacerdote para ustedes hoy es porque siendo joven, me impresionaron negativamente algunos de los sacerdotes que conocí. Los veía celebrar la Misa y casi sin reverencia alguna dejaban caer el Cuerpo del Señor en la patena, como si tuvieran en sus manos algo de poco valor en vez de al Creador y Salvador de todos, en vez de a MI Creador y Salvador. Recuerdo haberle dicho al Señor, reiterando mi deseo de ser sacerdote: “¡Señor, por favor, déjame ser sacerdote para que pueda tratarte como Tú mereces!” Eso me dio un ardiente deseo de servir al Señor.

Quizá este escándalo les permita a ustedes hacer lo mismo. Este escándalo puede ser algo que los conduzca por el camino del suicidio espiritual o algo que los inspire a decir, finalmente, “Quiero ser santo, para que yo y la Iglesia podamos glorificar tu nombre como Tú lo mereces, para que otros puedan encontrarte en el amor y la salvación que yo te he encontrado.” Jesús esta con nosotros, como lo prometió, hasta el final de los tiempos. Él sigue en la barca.

Tal como a partir de la traición de Judas, Él alcanzó la más grande victoria en la historia del mundo, nuestra salvación por medio de Su Pasión, muerte y Resurrección, también a través de este episodio Él puede traer y quiere traer un nuevo renacimiento de la santidad, para lanzar unos nuevos Hechos de los Apóstoles en el siglo XXI, con cada uno de nosotros -y esto te incluye a TI- jugando un papel estelar. Ahora es el tiempo para que los verdaderos hombres y mujeres de la Iglesia se pongan de pie. Ahora es el tiempo de los santos. ¿Cómo vas a responder tú?” (P. Roger Landry).

1 de mayo de 2010

Un varón "justo".


Celebramos hoy a San José, metido en su papel de obrero, artesano, carpintero, trabajador infatigable al servicio de su pueblo.

Las Sagradas Escrituras y Juan Pablo II en su Exortación Apostólica "El custodio del Redentor", llamaron a San José "el hombre justo". El término “Justo”, significa ser una persona santa, recta, honesta, íntegra y virtuosa. Y José lo fue.

San José es el más grande de todos los santos, y el ser humano más santificado, después de la Santísima Virgen. En realidad, algunos de los doctores de la Iglesia afirmaron que no se les dieron gracias a ninguno de los santos, que San José no haya recibido también.

Santo Tomás de Aquino dijo que Dios nos da las gracias según el lugar que ocupamos en la vida y el trabajo que hacemos. Por tanto, si Ud. está casado y tiene hijos, Dios le dará las gracias para ser un esposo y un padre santo. Al hombre que es sacerdote, Dios le da la gracia para ser un sacerdote santo. Medite sobre la cantidad de gracia que recibió San José, el humilde y sencillo trabajador de Nazaret para poder ser el padre terreno del Hijo de Dios y el esposo virginal de María. San José es el más grande de todos los santos, porque estuvo más unido que todos los demás, a Jesús y a su Santísima Madre.

San José, ruega por nosotros. Así sea.

¡Bendita seas, María!


Comenzamos el mes de Mayo, popularmente conocido como el mes de la Virgen María, nuestra Madre del Cielo. A Ella, que nos dio al Salvador del mundo, nos encomendamos. Le pedimos que seamos fieles como Ella, que nos fiemos plenamente de Dios como Ella, que seamos de Dios, como Ella.


Bendita sea tu pureza
y eternamente lo sea,
pues todo un Dios se recrea,
en tan graciosa belleza.
A Ti celestial princesa,
Virgen Sagrada María,
te ofrezco en este día,
alma vida y corazón.
Mírame con compasión,
no me dejes, Madre mía. Amén.

19 de abril de 2010

VIVIR LA SANTA MISA.


"Vivir la Santa Misa" de editorial RIALP, es el nuevo libro de monseñor Javier Echevarría, Obispo Prelado del Opus Dei, que junto a monseñor Álvaro del Portillo, fue la persona más cercana a San Josemaría Escrivá de Balaguer.

Monseñor Javier Echevarría, miembro de la Congregación vaticana para las Causas de los Santos y del Supremo Tribunal de la Signatura Apostólica, consultor de la Congregación vaticana para el Clero y miembro honorario de la Academia Pontificia de Santo Tomás de Aquino, busca con este nuevo libro, redescubrir el amor a la Eucaristía, “que debe ser el centro de nuestra vida”, según explica en la siguiente entrevista concedida a ZENIT.


-¿Qué recomendaría a los católicos que dicen que se “aburren” en misa?

Monseñor Echevarría: Yo les recomendaría que participaran con sinceridad en la misa, buscando y amando a Jesús. Escribió san Josemaría en Camino: “La Misa es larga, dices, y añado yo: porque tu amor es corto”. No hay que dar demasiada importancia al sentimiento: entusiasmo o apatía, ganas o desgana. La misa es sacrificio: Cristo se entrega por amor. Es una acción de Dios, y no podemos captar plenamente su grandeza, por nuestra condición limitada de criaturas. Pero hemos de hacer el esfuerzo no sólo de estar en misa, sino de vivir la misa en unión con Cristo y con la Iglesia.


-¿Cuándo descubrió usted el misterio que esconde y revela la Eucaristía?

Monseñor Echevarría: Gracias a Dios, procuro redescubrirlo todos los días: en la liturgia de la palabra —que ayuda a mantener la conversación con Dios durante la jornada— y en la liturgia eucarística. Deberíamos admirarnos siempre de nuevo ante esa realidad que nos supera, pero en la que el Señor nos permite participar, mejor dicho, nos invita a participar. En la misa no sólo se cumple una comunicación descendente del don redentor de Dios, sino también una mediación ascendente, ofrecimiento del hombre a Dios: su trabajo y sus padecimientos, sus penas y sus alegrías, todo eso unido a Cristo: por Él, con Él y en Él. No puedo callar que ver cómo San Josemaría celebraba el Santo Sacrificio me produjo un serio impacto, al contemplar cómo era su devoción eucarística diaria.Remueve hondamente la consideración de que en la presentación de las ofrendas, el sacerdote pide a Dios que acoja el pan y el vino, que son “fruto de la tierra (o de la vid) y del trabajo de los hombres”. En cualquier circunstancia puede el hombre ofrecer su trabajo a Dios, pero en la misa esa ofrenda alcanza su pleno sentido y valor, porque Cristo la une a su sacrificio, que ofrece al Padre por la salvación de los hombres.Cuando la misa es el centro y la raíz de la jornada del cristiano, cuando todo su quehacer está orientado al sacrificio eucarístico, se puede afirmar que todo su día es una misa y que su lugar de trabajo es un altar, donde se entrega plenamente a Dios como amado hijo suyo.


-Benedicto XVI, en su pontificado, está impulsando un redescubrimiento de la inmensidad de este Sacramento. ¿Qué es lo que más le ha llamado la atención de las palabras o gestos del Papa sobre la Eucaristía?

Monseñor Echevarría: Me parece especialmente importante, en estos momentos, su insistencia en que la liturgia es acción de Dios y, como tal, es recibida en la continuidad de la Iglesia.El Papa ha escrito que la mejor catequesis sobre la Eucaristía es la Eucaristía misma bien celebrada. Por tanto, el primer deber de piedad del sacerdote que celebra o del fiel que participa en la misa es la observancia atenta, devota, de las prescripciones litúrgicas: la obediencia de la pietas. Por otro lado, el Papa también insiste en que la Eucaristía es el corazón de la Iglesia: Dios presente en el altar, el Dios cercano, edifica la Iglesia, congrega a los fieles y los envía a todos los hombres.


-Algo más personal. Según sus recuerdos, ¿qué era para san Josemaría la Eucaristía? ¿Qué papel tenía en su jornada?

Monseñor Echevarría: He ayudado a misa a san Josemaría muchas veces. En esas ocasiones me solía pedir que rezara para que no se acostumbrara a celebrar aquella acción tan sublime, tan sagrada. He podido comprobar, en efecto, algo que dijo alguna vez: que experimentaba la misa como trabajo: un esfuerzo a veces extenuante, tal era la intensidad con que la vivía. A lo largo del día, solía recordar los textos que había leído, en particular el Evangelio, y muchas veces los comentaba, con naturalidad, como un alimento de su vida espiritual y humana.Era consciente de que en la misa el protagonista es Jesucristo, no el ministro, y de que el cumplimiento fiel de las prescripciones permite al sacerdote “desaparecer”, para que sólo Jesús brille. Muchas personas que asistieron a su misa —incluso en las circunstancias difíciles de la guerra civil española— comentaban luego que su modo de celebrarla poseía algo que les había removido hondamente, y se sentían invitados a crecer en su devoción al Santo Sacrificio. Estoy convencido de que lo que removía a quienes participaban —a quienes participábamos— en su misa era precisamente eso: que dejaba que apareciera Cristo y no su persona.

18 de abril de 2010

"Señor, tú sabes que te amo".


“Yo te amo Pedro. Me negaste tres veces, pero yo te amo”. Ahora Pedro puede entender que su amor sólo puede apoyarlo en el amor a Jesús, porque no puede apoyarse en sí mismo. En la última cena se atrevió a ser un héroe: “Entregaré mi vida por ti”. “No es verdad, Pedro. Tú crees que me amas, pero no me amas. Sólo amas tu propia generosidad, queriendo demostrarte a ti mismo que me quieres. Yo no necesito que me demuestres nada”. Es ahora cuando Pedro realmente empieza a entenderlo. “Tú lo sabes todo. Sólo puedo quererte porque Tú has sido fiel, porque Tú sostienes mi amor. Y no podré seguirte ni ser fiel, si cada día no encuentro en ti la fuente de mi propio amor”.(J.I. Blanco).


¡POR TU NOMBRE, SEÑOR!

Echaré las redes de mi vida,
para que otros tengan savia y en abundancia
Esperaré a que el sol se imponga sobre las tinieblas
y comprender que, no hay noche que dure una eternidad
Miraré al fondo de los acontecimientos
y confiare en que, Tú y sólo Tú,
eres quien iluminas las sombras de la existencia humana

¡POR TU NOMBRE, SEÑOR!

Me desgastaré, en cuerpo y alma,
para llevar almas y corazones a tu encuentro
para que, el mundo, tan colapsado de cosas
como vacío de sentido
recupere la alegría que nos ofrece tu ser resucitado

¡POR TU NOMBRE, SEÑOR!

Mantendré firme mi amor y fe en Ti
para luego, ser ardiente antorcha
que irradie luz y paz allá donde me encuentre
Mantendré firme mi esperanza en Ti
para que, el hombre que busca y no encuentra,
sepa que en Ti encontrará siempre una respuesta

¡POR TU NOMBRE, SEÑOR!

Te amaré hasta el final y, amándote como Tú mereces,
sembraré de fraternidad y de perdón mis caminos
de alegría y de belleza los corazones de los que te anhelan
de regocijo y de seguridad
los rostros cansados
de tantos caminos retorcidos. Amén.

17 de abril de 2010

En la Jornada mundial de oración por las vocaciones.


«Elemento fundamental y reconocible de toda vocación al sacerdocio y a la vida consagrada es la amistad con Cristo. Jesús vivía en constante unión con el Padre, y esto era lo que suscitaba en los discípulos el deseo de vivir la misma experiencia, aprendiendo de Él la comunión y el diálogo incesante con Dios. Si el sacerdote es el “hombre de Dios”, que pertenece a Dios y que ayuda a conocerlo y amarlo, no puede dejar de cultivar una profunda intimidad con Él, permanecer en su amor, dedicando tiempo a la escucha de su Palabra. La oración es el primer testimonio que suscita vocaciones. Como el apóstol Andrés, que comunica a su hermano haber conocido al Maestro, igualmente quien quiere ser discípulo y testigo de Cristo debe haberlo “visto”personalmente, debe haberlo conocido, debe haber aprendido a amarlo y a estar con Él» (Mensaje de Benedicto XVI para la JMOV 2010).

13 de abril de 2010

Por el Papa.


V. Oremos por nuestro Santo Padre Benedicto XVI.


R. El Señor lo proteja, preserve su vida, lo bendiga en la tierra y lo defienda de sus enemigos.

Señor, que en tu providencia edificaste la Iglesia sobre el fundamento de Pedro, y lo pusiste al frente de los demás Apóstoles; mira con bondad a nuestro Papa Benedicto XVI, a quien has constituido sucesor de Pedro, y concédele que sea para tu pueblo principio y fundamento visible de la unidad de fe y comunión. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

12 de abril de 2010

Benedicto XVI no está solo.


Según Zenit, algo más de 70 obispos de los cinco continentes se han movilizado para firmar conjuntamente una carta de apoyo a Benedicto XVI, quien en días pasados recibió duros ataques por el levantamiento de la excomunión a cuatro obispos seguidores de monseñor Marcel Lefebvre.

Al mismo tiempo, los prelados en la misiva agradecen la carta que el Papa escribió este jueves a los obispos del mundo para explicar que había tomado aquella decisión como un "gesto de misericordia" para promover la paz y la unidad en la Iglesia, confirmando que desconocía las declaraciones de negación del Holocausto del obispo Richard Williamson.

La carta de los obispos fue entregada en la mañana de este viernes, en nombre de los signatarios, por el arzobispo Claudio Maria Celli, presidente del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, al cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado, para que se la entregara personalmente al Papa.

Los obispos, casi todos responsables de las comisiones para los medios de comunicación de las conferencias episcopales de 82 países, han participado en esta semana en un seminario promovido por ese dicasterio vaticano.

En el documento expresan "cercanía" y aseguran que se sienten confortados por la carta que escribió el Papa "para el desarrollo de nuestro trabajo diario".

Los prelados manifiestan su solidaridad y su fidelidad incondicional al obispo de Roma.
Al recibir la carta, el cardenal Bertone explicó a los obispos que "en estos momentos el Papa ha experimentado la comunión con muchos obispos, a pesar de alguna voz desentonada, entre los mismos obispos y también entre los periodistas".

"Benedicto XVI no está solo", dijo el purpurado en respuesta a algunos artículos. "Todos sus colaboradores más cercanos son lealmente fieles al pontífice y están profundamente unidos a él, incluidos los jefes de los dicasterios de la Santa Sede".

Con su visita a los obispos, el cardenal secretario de Estado clausuró este seminario sin precedentes, pues ha sido la iniciativa que ha reunido al mayor número de obispos desde el Concilio Vaticano II para reflexionar explícitamente sobre la pastoral de los medios de comunicación.

11 de abril de 2010

Tomás, Tomás...


Celebramos el II Domingo de Pascua.

El evangelio de este fin de semana, nos presenta a Jesús resucitado, en una de sus apariciones a los discípulos.

Hoy contemplamos la confesión de fe del apóstol Tomás. Ciertamente, a Tomás, apodado el Mellizo, no le faltaban razones, para desconfiar de las palabras de sus compañeros. Todos habían estado convencidos de que el Maestro, antes de morir, iba a restaurar el reino de Israel, todos ellos habían llegado a creer que el Reino de los cielos estaba a punto de llegar. Pero, después todo fue muy distinto... tristeza, desastre, desilusión... muerte.

A Jesús lo habían condenado y asesinado como un asesino más, colgándolo de un madero, y ahora, eran sus mismos compañeros los que le decían, ¡hemos visto al Señor!.

Ya habían pasado mucho para creerse ahora esto... Y si él mismo no veía en las manos del Señor a señal de los clavos, si no metía el dedo en el agujero de los clavos y no metía la mano en su costado, no lo iba a creer.

Y a los ocho días, ¡qué emoción!, ¡qué detalle de ternura y generosidad por parte del Señor!. Trae tu dedo, le dice a Tomás, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.

Esa era la palabra clave “creyente”. Tomás hasta ahora había querido ser racionalistamente lógico, pero no había sido creyente. No se había terminado de fiar de la Palabra del Señor. Probablemente es porque la Tomás, le había faltado el amor necesario. No había sabido mirar a su maestro con los ojos del corazón, con los ojos del alma. ¡las mujeres, siempre nos llevan la delantera, entre otras cosas porque aman mejor!. Pero ahora también él lo tenía claro: ¡Señor mío y Dios mío! Comenzaba ahora para él, un tiempo nuevo, tal vez de muerte, pero seguro que también de resurrección.

La fe y el amor le habían transformado. Tomás, el apóstol, puede ser, debe ser hoy para nosotros un ejemplo de persona creyente. Con los ojos del cuerpo miramos a nuestro alrededor y sólo vemos materialismo y ansias de dinero y de poder. Los caminos de Dios no son nuestros caminos, son bien distintos. Vamos a creer, con fe y amor, que Dios, a través de sus pobres criaturas humanas que somos todos nosotros, es capaz de transformar este equivocado mundo en el que vivimos. Ahora es tiempo de gozo, de resurrección, de vida.

Seamos nosotros, cada uno de nosotros, instrumentos de Dios para ir adelantando la venida del Reino de los cielos. Qué por nosotros no quede.

9 de abril de 2010

Así es el Amor...


Hace unos días, tuve la oportunidad de hablar largo rato con una persona a la cual conocía poco, y como las palabras de la Escritura superan con creces las nuestras, le animé después de la conversación a meditar la Carta de San Pablo a los Corintios (1 Cor 13), sobre el Amor cristiano. Hoy, me alegra saber, amigo A., que te hayan servido de mucho. Por eso, nuevamente, te las dedico a ti y a todos los que le puedan servir de algo, o tal vez, de mucho...

"Auque yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, no soy más que una campana que resuena o un platillo que retiñe.
Aunque tuviera el don de profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia, y una fe capaz de mover montañas, si no tengo amor, no soy nada. Aunque repartiera todos mis bienes a los pobres y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, no me sirve de nada.


El amor es paciente y servicial;
no es envidioso, ni grosero,
ni orgulloso, ni egoísta,
no se irrita, no lleva cuentas del mal,
no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad.
El amor todo lo disculpa,
todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
El amor no pasa nunca".

4 de abril de 2010

El Señor resucitó, ¡ALELUYA!.



“Enciende tu fe. No es Cristo una figura que pasó. No es un recuerdo que se pierde en la historia. ¡Vive!: "Jesus Christus heri et hodie: ipse et in saecula!" -dice San Pablo- ¡Jesucristo ayer y hoy y siempre!” (Camino, 584).


¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN!

3 de abril de 2010

Junto al sepulcro, la Iglesia espera.


Hoy, la Iglesia no se separa del sepulcro del Señor, meditando su Pasión y su Muerte. No celebramos la Eucaristía hasta que haya terminado el día, hasta mañana, que comenzará con la Solemne Vigilia de la resurrección.

Hoy es día de silencio, de dolor, de tristeza, de reflexión y de espera. Hoy no encontramos la Reserva Eucarística en el sagrario. Hay sólo el recuerdo y el signo de su “amor hasta el extremo”, la Santa Cruz que adoramos devotamente.

Hoy es el día para acompañar a María, la madre. La tenemos que acompañar para poder entender un poco el significado de este sepulcro que velamos. Ella, que con ternura y amor guardaba en su corazón de madre los misterios que no acababa de entender de aquel Hijo que era el Salvador de los hombres, está triste y dolida: «Vino a los suyos, pero los suyos no le recibieron» (Jn 1,11). Es también la tristeza de la otra madre, la Santa Iglesia, que se duele por el rechazo de tantos hombres y mujeres que no han acogido a Aquel que para ellos era la Luz y la Vida.

Hoy, rezando con estas dos madres, el seguidor de Cristo reflexiona y va repitiendo la antífona de la plegaria de Laudes: «Cristo se hizo por nosotros obediente hasta la muerte y una muerte de cruz. Por lo cual Dios le exaltó y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre» (cf. Flp 2,8-9).

1 de abril de 2010

Con un beso...


La traición de una persona querida trae siempre un dolor muy profundo. Jesús ha vivido este dolor sin una reacción violenta, sino que ha hecho todo lo posible por evitar la violencia con Judas de tal manera que, cuando éste llega a Getsemaní con una turba de gente armada, Jesús no rechaza el beso del traidor. Se limita a hacerle ver su error con los ojos de la conciencia y del corazón: “¿Con un beso traicionas al Hijo del Hombre?”.
Si, así fue, con un beso...Parece una paradoja el hecho de que un beso, un gesto afectivo, llegue a ser un acto de traición.
Existe una bella oración que se recita en la Iglesia Oriental tomada de la antigua liturgia de san Juan Crisóstomo, que dice así:
“Hijo de Dios, hazme hoy partícipe de tu místico convite, porque no revelaré el Misterio a tus enemigos, ni te daré el beso de Judas. Más bien, como el buen ladrón, te pido que te acuerdes de mí, Señor, cuando estés en tu Reino".
Que así sea Señor, y que cumplamos siempre y en todo, tu divina voluntad.

25 de marzo de 2010

En la fiesta de la Encarnación.


La doctrina de la Encarnación de Cristo se gesta en el hecho de que la segunda persona de la Santísima Trinidad, el Hijo o el Logos (la Palabra), "se hizo carne" cuando fue concebido en el seno de la Virgen María. En la Encarnación, la naturaleza divina del Hijo fue unida de forma perfecta con la naturaleza humana en la persona de Jesucristo, que era "Dios verdadero y hombre verdadero" (Credo de Caldedonia). La Encarnación se conmemora y celebra cada año en la Fiesta de la Encarnación, también conocida como Anunciación.
Esta doctrina es fundamental en la fe cristiana, como así sucede en la Iglesia Católica, la Iglesia Ortodoxa y la mayoría de los Protestantes.
Entre los primeros cristianos hubo un desacuerdo considerable al respecto de la encarnación de Cristo. Los cristianos creían que era el Hijo de Dios. Sin embargo, se discutía la naturaleza exacta de lo que significa ser "hijo".
La doctrina de que Cristo era plenamente Dios y plenamente Hombre a la vez creció y se convirtió en la creencia dominante de la Iglesia Católica, mientras que todas las creencias alternativas fueron etiquetadas como herejías. Las más conocidas de estas alternativas son: el Gnosticismo, que afirma que Jesús era un ser divino que tomó apariencia humana pero que no era de carne; el Arrianismo, que sostiene que Cristo fue un ser creado, similar en concepto a un ángel; y el Nestorianismo, que mantiene que el Hijo de Dios, y el hombre, Jesús, compartían el mismo cuerpo pero eran dos personalidades diferentes.
Las definiciones finales de la encarnación y naturaleza de Jesús se cerraron con el Concilio de Éfeso, el Concilio de Calcedonia y el Primer Concilio de Nicea. Estos concilios declararon que Jesús era plenamente Dios, creado del Padre; y plenamente hombre, tomando su carne y naturaleza humana de la Virgen María. Estas dos naturalezas, humana y divina, fueron hipostáticamente unidas en la persona de Jesucristo.

20 de marzo de 2010

Oración por la Iglesia en Irlanda.



Dios de nuestros padres,
renuévanos en la fe que es nuestra vida y salvación,
en la esperanza que promete el perdón y la renovación interior,
en la caridad que purifica
y abre nuestros corazones en tu amor,
y a través de ti en el amor de todos nuestros hermanos y hermanas.

Señor Jesucristo,
que la Iglesia en Irlanda renueve su compromiso milenario
en la formación de nuestros jóvenes
en el camino de la verdad, la bondad, la santidad
y el servicio generoso a la sociedad.

Espíritu Santo, consolador, defensor y guía,
inspira una nueva primavera de santidad y entrega apostólica
para la Iglesia en Irlanda.

Que nuestro dolor y nuestras lágrimas,
nuestro sincero esfuerzo para enderezar los errores del pasado
y nuestro firme propósito de enmienda,
produzcan una cosecha abundante de gracia
para la profundización de la fe
en nuestras familias, parroquias, escuelas y asociaciones,
para el progreso espiritual de la sociedad irlandesa,
y el crecimiento de la caridad, la justicia, la alegría y la paz
en toda la familia humana.

A ti, Trinidad,
con plena confianza en la protección de María,
Reina de Irlanda, Madre nuestra,
y de San Patricio, Santa Brígida y todos los santos,
nos confiamos nosotros mismos, nuestros hijos,
y confiamos las necesidades de la Iglesia en Irlanda. Amén.

19 de marzo de 2010

San José, un hombre justo.


La devoción a San José se fundamenta en que este hombre "justo" fue escogido por Dios para ser el esposo de María Santísima y hacer las veces de padre de Jesús en la tierra. Durante los primeros siglos de la Iglesia la veneración se dirigía principalmente a los mártires. Quizás se veneraba poco a San José para enfatizar la paternidad divina de Jesús. Pero, así todo, los Padres (San Agustín, San Jerónimo y San Juan Crisóstomo, entre otros), ya nos hablan de San José. Según algunos, esta devoción comenzó en el Oriente donde existe desde el siglo IV, relata también que la gran basílica construida en Belén por Santa Elena había un hermoso oratorio dedicado a nuestro santo.

San Pedro Crisólogo: "José fue un hombre perfecto, que posee todo género de virtudes" El nombre de José en hebreo significa "el que va en aumento. "Y así se desarrollaba el carácter de José, crecía "de virtud en virtud" hasta llegar a una excelsa santidad.

En el Occidente, referencias a (Nutritor Domini) San José aparecen en el siglo IX en martirologios locales y en el 1129 aparece en Bologna la primera iglesia a él dedicada. Algunos santos del siglo XII comenzaron a popularizar la devoción a San José entre ellos se destacaron San Bernardo, Santo Tomás de Aquino, Santa Gertrudiz y Santa Brígida de Suecia. Según Benito XIV (De Serv. Dei beatif., I, iv, n. 11; xx, n. 17), "La opinión general de los conocedores es que los Padres del Carmelo fueron los primeros en importar del Oriente al Occidente la laudable práctica de ofrecerle pleno culto a San José".

En el siglo XV, merecen particular mención como devotos de San José los santos Vicente Ferrer (m. 1419), Pedro d`Ailli (m. 1420), Bernadino de Siena (m. 1444) y Jehan Gerson (m. 1429). Finalmente, durante el pontificado de Sixto IV (1471 - 84), San José se introdujo en el calendario Romano en el 19 de Marzo. Desde entonces su devoción ha seguido creciendo en popularidad. En 1621 Gregorio XV la elevó a fiesta de obligación. Benedicto XIII introdujo a San José en la letanía de los santos en 1726.

San Bernardino de Siena "... siendo María la dispensadora de las gracias que Dios concede a los hombres, ¿con cuánta profusión no es de creer que enriqueciese de ella a su esposo San José, a quién tanto amaba, y del que era respectivamente amada? " Y así, José crecía en virtud y en amor para su esposa y su Hijo, a quién cargaba en brazos en los principios, luego enseñó su oficio y con quién convivió durante treinta años.

Los franciscanos fueron los primeros en tener la fiesta de los desposorios de La Virgen con San José. Santa Teresa tenía una gran devoción a San José y la afianzó en la reforma carmelita poniéndolo en 1621 como patrono, y en 1689 se les permitió celebrar la fiesta de su Patronato en el tercer domingo de Pascua. Esta fiesta eventualmente se extendió por todo el reino español. La devoción a San José se arraigo entre los obreros durante el siglo XIX. El crecimiento de popularidad movió a Pío IX, el mismo un gran devoto, a extender a la Iglesia universal la fiesta del Patronato (1847) y en diciembre del 1870 lo declaró Santo Patriarca, patrón de la Iglesia Católica. San Leo XIII y Pío X fueron también devotos de San José. Este últimos aprobó en 1909 una letanía en honor a San José.

Santa Teresa de Jesús. "Tomé por abogado y señor al glorioso San José." Isabel de la Cruz, monja carmelita, comenta sobre Santa Teresa: "era particularmente devota de San José y he oído decir se le apareció muchas veces y andaba a su lado."

"No me acuerdo hasta ahora haberle suplicado cosa que la haya dejado de hacer. Es cosa que espanta las grandes mercedes que me ha hecho Dios por medio de este bienaventurado santo...No he conocido persona que de veras le sea devota que no la vea mas aprovechada en virtud, porque aprovecha en gran manera a las almas que a El se encomiendan...Solo pido por amor de Dios que lo pruebe quien no le creyere y vera por experiencia el gran bien que es encomendarse a este glorioso patriarca y tenerle devocion..." -Sta. Teresa.

San Alfonso María de Ligorio nos hace reflexionar: "¿Cuánto no es también de creer aumentase la santidad de José el trato familiar que tuvo con Jesucristo en el tiempo que vivieron juntos?" José durante esos treinta años fue el mejor amigo, el compañero de trabajo con quién Jesús conversaba y oraba. José escuchaba las palabras de Vida Eterna de Jesús, observaba su ejemplo de perfecta humildad, de paciencia, y de obediencia, aceptaba siempre la ayuda servicial de Jesús en los quehaceres y responsabilidades diarios. Por todo esto, no podemos dudar que mientras José vivió en la compañía de Jesús, creció tanto en méritos y santificación que aventajó a todos los santos.

San Josemaría Escrivá nos dice: “José era efectivamente un hombre corriente, en el que Dios se confió para obrar cosas grandes. Supo vivir, tal y como el Señor quería, todos y cada uno de los acontecimientos que compusieron su vida. Por eso, la Escritura Santa alaba a José, afirmando que era justo (Cfr. Mt I, 19.). Y, en el lenguaje hebreo, justo quiere decir piadoso, servidor irreprochable de Dios, cumplidor de la voluntad divina (Cfr. Gen VII, 1; XVIII, 23–32; Ez XVIII, 5 ss; Prv XII, 10.); otras veces significa bueno y caritativo con el prójimo (Cfr. Tob VII, 5; IX, 9.). En una palabra, el justo es el que ama a Dios y demuestra ese amor, cumpliendo sus mandamientos y orientando toda su vida en servicio de sus hermanos, los demás hombres”. (Es Cristo que pasa, 40).

16 de marzo de 2010

El sacerdote, testigo de la misericordia de Dios.



Celebramos este fin de semana y como cada año, la campaña del Día del Seminario. Desde este blog, me uno a este día tan importante para toda la Iglesia, pidiendo al Padre, que nos dé siempre pastores según su corazón; sacerdotes, testigos de la misericordia de Dios a ejemplo del santo cura de Ars.

Jesús, Buen Pastor,
que has querido guiar a tu pueblo
mediante el ministerio de los sacerdotes:
¡gracias por este regalo para tu Iglesia y para el mundo!

Te pedimos por quienes has llamado a ser tus ministros:
cuídalos y concédeles ser fieles.

Que sepan estar en medio y delante de tu pueblo,
siguiendo tus huellas e irradiando tus mismos sentimientos.

Te rogamos por quienes se están preparando
para servir como pastores:
que sean disponibles y generosos
para dejarse moldear según tu corazón.

Te pedimos por los jóvenes a quienes hoy también llamas:
que sepan escucharte y tengan el coraje de responderte,
que no sean indiferentes a tu mirada tierna y comprometedora,
que te descubran como el verdadero Tesoro
y estén dispuestos a dar la vida «hasta el extremo».

Te lo pedimos junto con María, nuestra Madre,
y san Juan María Vianney, el santo Cura de Ars,
en este Año Sacerdotal. Amén.

¡Sigue adelante, hijo!...


En el libro “Siempre alegres para hacer felices a los demás”, del sacerdote español Don Jesús Urteaga, conocido como el “cura de la tele” y fallecido en agosto del pasado año, se nos narra la vida real de un personaje norteamericano, que cuenta con muchos fracasos en su infancia: “No podré olvidar jamás – nos dice el protagonista- tres palabras de mi padre que cambiaron mi vida. Las dijo en un tranvía, entre dos campanadas del conductor. Tres palabras para ayudar y alentar a un chico”. Su padre era herrero, y trabajaba en una cochera de tranvías de Boston. El chico tenía entonces 17 años, y el resultado de los exámenes trimestrales fue catastrófico: “desilusionado con los resultados de mis exámenes, el padre director había concertado a toda prisa una entrevista con mi padre. La cita tenía que ser a última hora. Las luces de las calles estaban encendidas antes de que regresara a casa. Mi padre trabajaba diez horas diarias.

Recuerdo muy bien aquella noche fatídica. Cincuenta y tres años después puedo recordar perfectamente lo que ocurrió. A las ocho de la noche estábamos en el Seminario. Yo me temía lo peor y así fue. El rector le dijo a mi padre: ‘después de todo, Dios llama a sus hijos por caminos muy distintos, son pocos los llamados a la vida intelectual, y menos todavía los que alcanzan la vida sacerdotal; porque, no lo he dicho todavía, yo quería ser sacerdote.

Mi padre trató de defenderme por el fracaso de los exámenes, pero el rector le cortó en seco: ‘no debe usted afligirse. San José era carpintero. Dios encontrará trabajo para ese hijo suyo’. Nos despedimos. No había nada que hacer. Estaba claro que me expulsaban del colegio.

Como si fuera ayer, recuerdo aquella noche fría, oscura, húmeda. Fuimos a casa en silencio, cada uno dando vueltas a sus propios pensamientos. Los míos eran tristes. Al fin, demostrando indiferencia como suelen hacer los chicos, dije: ‘que se queden con su título. Conseguiré un empleo y te ayudaré en el trabajo, padre’.

Mi padre puso su mano sobre mi hombro y me dijo estas pocas palabras, que hoy las escribo por si pueden alentar a otros: ¡sigue adelante hijo!… y yo seguí.

Y a continuación iba la firma del que tenía ya setenta años cumplidos y que a los 17 expulsaron del colegio, porque no valía para estudiar para sacerdote. La firma decía; Richard, Cardenal Cushing. Arzobispo de Boston”.

¡Adelante!, Dios sabe más…y sin embargo, cuenta con nosotros.


¡Ven, oh Santo Espíritu!: ilumina mi entendimiento, para conocer tus mandatos: fortalece mi corazón contra las insidias del enemigo: inflama mi voluntad… He oído tu voz, y no quiero endurecerme y resistir, diciendo: después…, mañana... Nunc cœpi! ¡Ahora!, no vaya a ser que el mañana me falte.

¡Oh, Espíritu de verdad y sabiduría, Espíritu de entendimiento y de consejo, Espíritu de gozo y paz!: quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero como quieras, quiero cuando quieras…. Amén.

15 de marzo de 2010

Oración por los sacerdotes.


Oración por los sacerdotes, compuesta por el Cardenal Richard Cushing, Arzobispo de Boston;


"Dios Todopoderoso y Eterno,

mira con amor el rostro de tu Hijo

y por amor a El

que es el Sumo y Eterno Sacerdote

ten misericordia de tus sacerdotes.

Acuérdate oh compasivo Señor

que ellos son sino frágiles y débiles seres humanos.

Remueve en ellos el don de la vocación

que de modo admirable se consolidó

por la imposición de las manos de tus Obispos.

Mantenlos siempre cerca de Ti.

No permites que el enemigo les venza,

para que nunca se hagan participes

de la más mínima falta

contra el honor de tan sublime vocación.

Señor Jesús,

te pido por tus fieles y fervorosos sacerdotes

así como por los sacerdotes infieles y tibios;

por los sacerdotes que trabajan en su propia tierra

o los que Te sirven lejos, en lugares o misiones distantes;

por tus sacerdotes tentados,

por los que sienten la soledad, el tedio o el cansancio;

por los sacerdotes jóvenes

o por los que estén a punto de morir

así como por las almas de sacerdotes en el Purgatorio.

Pero sobretodo,

te encomiendo los sacerdotes que más aprecio:

el sacerdote que me bautizó

o me ha absuelto de mis pecados;

los sacerdotes a cuyas misas he asistido

y me han dado Tu Cuerpo y Sangre en la Comunión;

los sacerdotes que me han aconsejado,

me han consolado o animado

y aquellos a quienes de alguna forma

les estoy más en deuda.

Oh Jesús,

mantenlos a todos cerca de tu Corazón

y bendícelos abundantemente

en el tiempo y en la eternidad. Amén".

14 de marzo de 2010

Un Dios Padre que es Misericordia.


El Evangelio de este IV domingo de Cuaresma constituye una de las páginas más célebres del Evangelio de Lucas y de los cuatro Evangelios: la parábola del hijo prodigo. Todo, en esta parábola, es sorprendente; nunca había sido descrito Dios a los hombres con estos rasgos. Ha tocado más corazones esta parábola sola que todos los discursos de los predicadores juntos. Tiene un poder increíble para actuar en la mente, en el corazón, en la fantasía, en la memoria. Sabe tocar los puntos más diversos: el arrepentimiento, la vergüenza, la nostalgia.

La parábola se introduce con estas palabras: «Solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: "Ése acoge a los pecadores y come con ellos". Entonces Jesús les dijo esta parábola...» (Lc 15, 1-2). Siguiendo esta indicación, queremos reflexionar sobre la actitud de Jesús hacia los pecadores.

Es sabida la acogida que Jesús reserva a los pecadores en el Evangelio y la oposición que ello le procuró por parte de los defensores de la ley, que le acusaban de ser «un comedor y un bebedor, amigo de publicanos y pecadores» (Lc 7, 34). Uno de los dichos históricamente mejor atestiguados de Jesús enuncia: «No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores» (Mc 2, 17). Sintiéndose por Él acogidos y no juzgados, los pecadores le escuchaban gustosamente.

¿Pero quiénes eran los pecadores, qué categoría de personas era designada con este término? Alguno, en el intento de exonerar del todo a los adversarios de Jesús, a los fariseos, sostuvo que con este término se entiende a los criminales, a los fuera de la ley. Si así fuera, los adversarios de Jesús tenían toda la razón de escandalizarse y de considerarle una persona irresponsable y socialmente peligrosa. Sería como si hoy un sacerdote frecuentara habitualmente a mafiosos y criminales y aceptara sus invitaciones a comer, bajo el pretexto de hablarles de Dios.

En realidad las cosas no son así. Los fariseos tenían una visión propia de la ley y de lo que es conforme o contrario a ella, y consideraban réprobos a todos los que no se conformaban con su rígida interpretación de la ley. Pecadores, en resumen, eran para ellos todos los que no seguían sus tradiciones y dictámenes. Siguiendo la misma lógica, ¡los Esenios de Qumran consideraban injustos y transgresores de la ley a los propios fariseos! También ocurre hoy. Ciertos grupos ultraortodoxos consideran automáticamente herejes a cuantos no piensan exactamente como ellos.

Un eminente estudioso escribe al respecto: «No es verdad que Jesús abriera las puertas del reino a criminales empedernidos e impenitentes, o negara la existencia de "pecadores". Jesús se opuso a las normas elaboradas por Israel, por las cuales algunos israelitas eran tratados como si estuvieran fuera de la alianza y excluidos de la gracia de Dios».

Jesús no niega que exista el pecado y que existan los pecadores. El hecho de llamarles «enfermos» lo demuestra. Sobre este punto es más riguroso que sus adversarios. Si estos condenan el adulterio de hecho, Él condena también el adulterio de deseo; si la ley decía no matar, Él dice que no se debe siquiera odiar o insultar al hermano. A los pecadores que se acercan a Él, les dice: «Vete y no peques más»; no dice: «Vete y sigue como antes».

Lo que Jesús condena es establecer por cuenta propia cuál es la verdadera justicia y despreciar a los demás, negándoles hasta la posibilidad de cambiar. Es significativo el modo en que Lucas introduce la parábola del fariseo y del publicano. «Dijo también a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, esta parábola» (Lc 18, 9). Jesús era más severo hacia quienes, despectivos, condenaban a los pecadores que hacia los pecadores mismos.

Pero el hecho más novedoso e inaudito en la relación entre Jesús y los pecadores no es su bondad y misericordia hacia ellos. Esto se puede explicar humanamente. Existe, en su actitud, algo que no se puede explicar humanamente, esto es, sosteniendo que Jesús fuera un hombre como los demás, y es el hecho de perdonar los pecados.

Jesús dijo al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados». «¿Quién puede perdonar los pecados, más que Dios?», gritan espantados sus adversarios. Y Jesús: «Para que sepáis que el Hijo del hombre tiene poder para perdonar los pecados, "Levántate" –dijo al paralítico–, toma tu camilla y vete a casa». Nadie podía verificar si los pecados de aquel hombre habían sido o no perdonados, pero todos podían constatar que se levantaba y caminaba. El milagro visible atestiguaba lo invisible.

También el examen de las relaciones de Jesús con los pecadores contribuye a dar una respuesta a la pregunta: ¿Quién era Jesús? ¿Un hombre como los demás, un profeta, o algo más y diferente? Durante su vida terrena Jesús no afirmó jamás explícitamente que fuera Dios (y hemos explicado con anterioridad también por qué), pero actuó atribuyéndose poderes que son exclusivos de Dios.

Volvamos ahora al Evangelio del domingo y a la parábola del hijo pródigo. Hay un elemento común que une entre sí las tres parábolas de la oveja perdida, de la dracma perdida y del hijo pródigo narradas una tras otra en el capítulo 15 de Lucas. ¿Qué dice el pastor que ha encontrado la oveja perdida y la mujer que ha encontrado su dracma? «¡Alegraos conmigo!». ¿Y qué dice Jesús como conclusión de cada una de las tres parábolas? «Habrá más alegría en el cielo por un pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tengan necesidad de conversión».

El centro de las tres parábolas es por lo tanto la alegría de Dios. (Hay alegría «ante los ángeles de Dios» es una forma hebraica de decir que hay alegría «en Dios»). En nuestra parábola, la alegría se desborda y se convierte en fiesta. Aquel padre no cabe en sí y no sabe qué inventar: ordena sacar el vestido de lujo, el anillo con el sello de familia, matar el ternero cebado, y dice a todos: «Comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido hallado”.

Recordemos hermanos, que hay más alegría en el cielo, por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan conversión. Pidámosle al Padre de la misericordia, que cada día en nuestra vida de cristianos, sea un verdadero camino de conversión.